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miércoles, 26 de agosto de 2009

URGE CAMBIAR EL NOMBRE AL TEATRO AL AIRE LIBRE

Alejo Cespedes
alejo.cespedes@hotmail.com

El pasado Domingo, de visita en La Paz, me regalaron en un supermercado la HOJA DEL SUR, una especie de vocero de la zona más afluente del pais, la misma que dio origen a la película del mismo nombre de Juan Carlos Valdivia. En ese número, leí com mucha atención primero y luego con entusiasmo la sugerencia de encontrar un nuevo nombre para el legendario TEATRO AL AIRE LIBRE. Nada más correcto con la justicia y la auto-estima de la dignidad nacional. Ocurre que el beneficiario, en vida, de tal homenaje fue mi llajtamasi-violinista JAIME LAREDO quien, una vez envuelto en una fugáz fama de niño prodigio, fue ingrato con sus padres, con su familia (un primo-hermano suyo, vegeta en la indigencia en Cochabamba), con su ciudad nativa , con su pais natal y sobretodo con su nacionalidad boliviana. Renegó en publico y en privado de sus orígenes y no devolvió siquiera con un concierto tanto homenaje de los lambiscones de turno. Se hizo americano, nunca volvió y ahora, en el ocaso de su vida, cuando sus contratos disminuyen, por el temblor de sus manos, debería morder el pago a su manifiesta ingratitud.

Hoy, que tanto se pregona el retorno a la identidad nacional, me parece oportuno buscar un nuevo nombre para el TEATRO AL AIRE LIBRE.

Ojalá que los ávidos lectores de AULA LIBRE, circulen estas lineas y si posible presionen al MINISTRO DE CULTURA, para que adopte una rápida decisión.

Opino que se debería seleccionar el nombre de dramaturgos o actores bolivianos de renombre como Yolanda Bedregal, Raúl Salmón ó el título de la obra OLLANTAY, para estar a tono con la mentada descolonización que se la repite tanto y se la entiende tan poco.

miércoles, 22 de abril de 2009

VINO, POLÍTICA Y OTRAS VAINAS

Romano Bismarck Paz Alvarez
marck_paz@hotmail.com

El vino es la bebida espirituosa más antigua que conoce la humanidad, data prácticamente desde nuestros primero orígenes, a pesar de ser un bebida muy sencilla, gracias a varias inventivas de nuestro tiempo, los enólogos han elevado la vitivinicultura a los más altos estándares de la técnica, la ciencia y el arte por supuesto. En este caso en particular me refiero al vino de uva, este consiste en extraer el jugo --también denominado mosto-- para luego dejar que las levaduras naturales --diversos hongos microscópicos unicelulares que son importantes por su capacidad para realizar la fermentación-- procedan a convertir el azúcar natural en alcohol, pasando de ser un simple jugo a una bebida alicorada, que oscila un promedio de 12% de volumen alcohólico, esto varía según el clima, la región, el tipo de uva y por supuesto el grado de madurez de la fruta al momento de cosechar la vid.

Un buen vino es la culminación de una obra de arte por parte enólogo, este ha incorporado todo un bagaje de conocimientos para elaborar lo que en el lenguaje vitivinícola se suele llamar redondo, quiere decir que todos sus elementos tienden a estar en equilibrio, por así decirlo apunta a la construcción arquitectónica de una melodía, donde todas las notas se encuentren en armonía. Un vino demasiado amaderado, esta desbalancedo, ya que la protagonista es la uva, que por cierto se manifiesta mediante matices múltiples, sutiles y elegantes. Por otra parte un vino demasiado frutoso, que carece de las importantes notas que le incorpora la madera durante la guarda, se le considera un vino inconcluso o joven, es decir de consumo inmediato, ni que decir de los aromas, el cuerpo, el color, el tapón y la presentación que forman parta inalienable de la melodía a la que hago referencia, o díganme; ¿Cuánto vale un gran reserva en una botella de plástico con una tapa de rosca?

La pertinencia o no del tema que propongo -–por supuesto es mucho más amplio de lo que se puede decir en una columna-- radica en que nosotros como ciudadanos hemos perdido el equilibrio natural de nuestras vidas. Por así decirlo exigimos mucho de la democracia como sistema político, sin embargo hemos olvidado que sobre todo más que un entramado de códigos, leyes y el acto de votar, la democracia es una filosofía de vida que se predica con el ejemplo. Por otra parte hemos convertido al dinero en un fetiche, en objeto del deseo, en un dios con patas de barro, al que adoramos y buscamos alcanzar muchas veces de forma pragmática, obviando cualquier principio moral o ético que rija la vida de los ciudadanos dentro de un Estado de derecho, son bastos los ejemplos de xenofobia, corrupción, delincuencia, prostitución, impudor o hipocresía. Hemos acumulado riqueza, a cambio de perder la propia salud, ganar un divorcio o aún peor el respeto y aprecio de los seres queridos. Por supuesto que como sociedad somos un pésimo vino, desbalanceado, caótico y desequilibrado. La pregunta es; ¿qué tipo de vino somos como persona?