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sábado, 26 de septiembre de 2009

APOYEMOS A EVO Y... a Manfred

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

¡Qué le conviene a la izquierda!

Los izquierdistas están en un conflicto de conciencia (claro, los verdaderos izquierdistas). Porque no pueden no apoyar a Evo Morales y, porque no pueden apoyarlo. No, en su faceta estalinista totalitaria.

¿Qué hacer entonces? La cosa no es simple, pero tiene salida.

Los izquierdistas quieren a Evo como al líder que materialice un verdadero gobierno de izquierda popular antiimperialista, como cumple a sus ideales revolucionarios. Pero no quieren la faz estalinista del proyecto de cambio, no el descabellado proyecto fascista del coronel venezolano Hugo Chávez.

La verdadera izquierda, de estos tiempos, conciencialmente, no puede no ser democrática. Y teme la degradación de la democracia y las libertades ciudadanas y los derechos humanos que en la práctica acompaña la instauración del régimen totalitario, según la práctica revolucionaria marxista. Teme que Evo Morales, de alcanzar los dos tercios de la votación o una gran mayoría en las elecciones de diciembre próximo, encamine el proceso de cambio hacia la dictadura, aceleradamente. Los izquierdistas temen ser arrastrados e involucrada su conciencia en políticas fascistoides, y acabar enjaulados en una suerte de nueva Cuba, instalada en Bolivia, atropello y abuso por delante, como métodos revolucionarios.

E ahí el problema... pero también la solución.

Izquierdistas de Bolivia (trotkistas, comunistas, socialistas, indianistas, marxistas de diversa confesión...) salven la posibilidad de una verdadera democracia socialista, con Evo a la cabeza. Hagan que las condiciones objetivas y la correlación de fuerzas atemperen sus afanes totalitarios y el desbocado afán de Chávez. Que Evo se vea conducido, sin trauma y trunfante, por las circunstancias, hacia el socialismo humanista que soñaron siempre. Mantengan viva la opción histórica por el socialismo, procuren ponerle límites al poder del líder y sus partidarios en función de gobierno. No pierdan de vista que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.

Están dadas las condiciones. Sólo hace falta procurar que la correlación de fuerzas (oficialismo - oposición) sea más o menos equilibrada. Claro está, con la hegemonía del MAS. Pero no al punto de un dominio total, como el que le daría el obtener dos tercios de la votación en diciembre, o una votación que le permita someter las dos cámaras legislativas. Hablamos de un escenario donde los opositores no puedan frenar el desarrollo del socialismo democrático, pero sí, detener la degeneración del proceso hacia una suerte de autoritarismo estalinista.

Como ven, no es incoherente el llamar a la izquierda a apoyar a Evo Morales como a la candidatura que está aglutinando a los opositores. Por el contrario, es la vía única del momento para mantener vivas las opciones de la revolución. Esto es, luchar para mantener a Evo en el gobierno, a la vez que se frena la acumulación excesiva del poder en sus manos --esto suena casi "dialéctico"--.

Para diciembre, nadie duda del triunfo del MAS, y hacen bien. Como nadie espera que ganen las elecciones los Reyes Villa, Doria Medina, Joaquino (u otro). Lo que sí está en duda es la votación con la que Evo ganará la justa electoral. Si alcanzará o no sus explícitas metas. Las que le permitirían desquiciar el proceso de cambio llevándolo hacia el comunismo y al pueblo al desastre derivado del consiguiente fracaso del proyecto y la caída de Evo Morales. Circunstancias que abrirían amplio cauce para el retorno de la oligarquía derechista. A medrar y seguir enriqueciéndose, en su tradicional estilo, esta vez aprovechando un sector económico estatizado varias veces ampliado gracias a la política "nacionalizadora" del MAS. ¡Diablo, para quién trabajas!

Sin duda la izquierda tiene un papel importante en este momento de quiebre histórico. Y esperamos que se comporte a la altura requerida. Que reconozca y distinga la contraposición entre sus ideales y el proyecto totalitario. La incompatibilidad entre el humanismo marxista y la imposición del pensamiento unilateral, la prohibición del pensar distinto, la negación del derecho a la libertad y la palabra, la domesticación del ser humano y la consecuente anulación de su dignidad y opciones de desarrollo según naturaleza. Que se niegue a ser cómplice de los planes del señorío feudal reimpuesto bajo rótulo de socialismo. Como al fortalecimiento reaccionario del colonialismo interno --sostenido sobre la base del poder político como mecanismo de saqueo del producto social--.

La irracionalidad no puede llegar al extremo de la castración por mano propia.

Y que cada cual tome su lugar.

domingo, 12 de julio de 2009

Y la izquierda nacional?

Renzo Abruzzese
renzo.abruzzese@gmail.com

¿Y la izquierda nacional? Esta es una interrogante que requiere respuestas secuenciales, la primera de ellas es que la izquierda se ha depurado al perder a sus elementos más radicales por la vía de la Indigenizacion, proceso por el cual la intelectualidad marxista radical es absorbida por las teorías indigenistas arcaicas. Sin darse cuenta, esa fracción "revolucionaria" recorría el mismo camino que antes recorrió la izquierda italiana bajo la egida del Duce. La combinación resultó en todos los casos explosiva y creo las condiciones de los regímenes totalitarios tanto de corte fascista como estalinista, versión que Lipset había definido como el "Fascismo Rojo". En la Italia del 30s. se fundieron las vertientes socialistas de la mano de Benito Mussolini, flamante ex director del periódico Avanti del Partido Socialista de Italia y la fracción de nacionalistas radicales. En el caso que nos ocupa la vertiente socialista y las vertientes indigenistas se fusionan en el MAS cumpliendo así el patrón observado en la formación de regímenes totalitarios, por contrapartida, este desplazamiento permitió diferenciar con claridad las características y naturaleza que media entre una izquierda democrática y aquella que, desgajada de sus orígenes, terminó en el actual régimen a titulo de izquierda nacional.

La segunda respuesta hace a la "fuga" de intelectuales. La formación de una "inteligentzzia" orgánica es una característica insoslayable de todo proceso político, empero, lo que vemos acá no señala el surgimiento de una clase intelectual ligada orgánicamente a la visión oficial del régimen. La versión indigenista (que en su momento fue el sustento ideológico del régimen) se encuadra en las vertientes arcaicas y fundamentalistas bajo cuya sombra agazapada la fracción marxista rebusca un arsenal conceptual para ajustarlo forzadamente a la coyuntura, el producto es una intelectualidad colonizada, una izquierda-indigenista de corte antidemocrático.

La tercera respuesta tiene que ver con la confiscación de la categoría que nos ocupa. Así como la mayoría de las dictaduras del siglo pasado se forjaron en nombre de la democracia, las actuales se forjan en nombre de la izquierda por oposición a la derecha. Lo cierto es que esta argucia político constituye una confiscación del calificativo, en tanto y en cuanto en los hechos reales los regímenes de corte populista actuales están mas cerca de los modelos dictatoriales que de los democráticos, y la izquierda verdadera es, por definición; democrática. La izquierda democrática de este continente, no tiene nada que ver con los regímenes que en su nombre pisotean los derechos ciudadanos y reeditan las prácticas despóticas, son en este sentido la reserva moral de los ciudadanos libres. Que los proyectos totalitarios se hubieran apropiado del concepto, tampoco significa que la izquierda democrática hubiera dejado de existir, de hecho, a pesar de las difíciles condiciones en que se desenvuelve, (cercada por el poder mediático de los regímenes actuales, amedrentada, judicializada y perseguida, con la voluntaria anuencia de organismos internacionales) su presencia y rearticulación empieza a despertar temores en las altas esferas del poder instituido, no tanto porque el rememorar el pasado reciente como el periodo mas oscuro de la humanidad ha dejado de ser un discurso eficiente, sino, porque la propia sociedad se percata cada vez, y con mayor certeza, que la verdadera democracia solo es inherente a la izquierda democrática.

jueves, 7 de mayo de 2009

Las enseñanzas de Panamá en las urnas

Guillermo Capobianco Ribera
memocapobianco@gmail.com

Ricardo Martinelli, un empresario multimillonario de éxito en cadenas de supermercado, inversiones en la banca y en la agricultura fue electo, el tres de mayo pasado, por mayoría abrumadora del 62% de votos como nuevo presidente de Panamá.

Sorprende que la oposición centro-conservadora de Panamá haya derrotado de manera tan contundente a la Sra. Balbina Herrera candidata oficialista, expresión de la corriente socialista continental que impulsa desde Caracas el Presidente Hugo Chávez.

Cuando en Bolivia se estigmatiza al empresariado nacional, se lo persigue, se lo aparta del proceso de cambio acusándolo de supuestos delitos, la decisión soberana del pueblo panameño demostró que ser "millonario" no es delito cuando la acumulación económica se produce en el marco del respeto a la Ley y sobre la base del esfuerzo, la creatividad y el talento.

La experiencia panameña demuestra una vez más, contraviniendo las posiciones ideológicas radicales y dogmáticas, que el pueblo soberano no es de derecha ni de izquierda "per se", sino que cada proceso nacional tiene una especificidad histórica que vá más allá del intento de instalar hegemonías de clara tendencia autoritaria.

Es el caso de Panamá.

Un pueblo que padeció hasta diciembre de 1977 la presencia de un enclave colonial, fruto de la política imperialista de Teodore Roosevelt que instigó desde Estados Unidos el año 1903 la secesión de Colombia para construir el Canal, obra indispensable a su proceso de expansión en tanto que potencia mundial emergente.

Los líderes del nuevo país firmaron bajo presión un acuerdo leonino para construir y luego explotar comercialmente la impresionante obra de ingeniería de 81 km; la vía fluvial interoceánica más importante del continente.

Tuvieron que transcurrir 74 años de ignominia hasta que Omar Torrijos Herrera, militar nacionalista y patriota, logró la suscripción de los Tratados Torrijos - Carter luego de una larga lucha del pueblo panameño y de su juventud estudiantil.

El Gobierno de Martín Torrijos, actual presidente e hijo del Gral. nacionalista, hizo aprobar mediante referéndum la ampliación del canal a un costo estimado de 5.250 millones de dólares que aumentará el trasiego de la vía interoceánica de 2.400 contenedores a 10.000.

El canal es la vida económica de Panamá.

Martinelli, formado en USA e interlocutor válido ante la gran potencia, era la opción adecuada frente la Sra. Herrera que obtuvo el 37% de votos y en cuyo Proyecto de esencia socialista, rondaba la sombra del caudillo de Venezuela, enemigo acérrimo de Estados Unidos y propugnador del final y la muerte del sistema capitalista. Esta mujer panameña de clase media-popular asumió con dignidad toda la responsabilidad de la derrota electoral y reconoció el triunfo del magnate.

Toda una lección para los dogmáticos de América Latina y de manera especial para la cúpula del poder del Palacio Quemado.


jueves, 30 de abril de 2009

LA VIOLENCIA: CAUSA O EFECTO

Eduardo Campos Velasco
eduardocamposdc@yahoo.es

(El terrorismo, además de sujetos "desquiciados" como Eduardo Rózsa, requiere de condiciones objetivas que faciliten su accionar)

Dice un refrán: "siembra vientos y cosecharas tempestades". Está sentencia popular bien pudiera servirnos para entender lo que esta sucediendo. Por una parte, el gobierno, utiliza toda su capacidad represiva y mediática para demostrar que hay una conspiración que pretende asesinar al presidente Morales y olvida, que los escenarios de violencia en el país, son producto de la sistemática desinstitucionalización y desagregación social que ellos mimos han desatado. Por otra, se escuchan voces en la sociedad boliviana, quejándose por las desmedidas acciones gubernamentales que no respetan ni los derechos humanos y olvidan - también - que fue el 54% de la población que eligió a Morales en diciembre de 2006 y el 67% le ratificó en agosto de 2008. Otra expresión popular dice: "cría cuervos y te sacaran los ojos".

En el caso de gobierno, habría que preguntarse: ¿Qué esperaban, después de tanta división y violencia que sistemáticamente han desatado en el seno de la sociedad boliviana? Traten de recordar, ¿cuándo han escuchado un discurso del presidente o el vicepresidente que llamen a la paz y la confraternidad?, creo que nunca; mientras los spots dice: "Evo quiere una patria grande, unida y para todos", que paradoja.

En el caso de la sociedad boliviana, claramente está pagando la factura de haber elegido ingenuamente a sus gobernantes. Hoy, a más de tres años de la gestión del MAS, del "gobierno del cambio", del que tenía que conducirnos a derrotar la pobreza, superar las desigualdades y acercarnos al desarrollo, vemos que hemos avanzado más en desintegrarnos que en superar nuestros principales problemas. Estamos divididos como nunca, regional, social y étnicamente. ¿Si eso no es desagregación social y un escenario propicio para acciones violentas, que es?

Pudiéramos decir que ambos, el gobierno y la sociedad boliviana, nos estamos tomando de nuestra propia medicina. Ellos (los del gobierno) cosechando sus tempestades y Bolivia (todos) perdiendo los ojos, que nos sacan los cuervos que hemos criado. Pero las sociedades, como el cuerpo humano, tienen sus propios mecanismos de defensa. No es común que provoquen su propia destrucción. En ese sentido, es bueno que identifiquemos con la mayor claridad de donde provienen esos factores que amenazan con llevarnos a una catástrofe. La violencia, como una respuesta a los problemas, siempre está relacionada al interés de pequeños grupos que no saben como alcanzar sus objetivos materiales, ideológicos y políticos.

Si tomamos en cuenta el espectro político del país, fácilmente podemos identificar en un extremo (a la derecha) a sectores conservadores y reaccionarios que se resisten a reconocer un conjunto de cambios (principalmente económicos y sociales) que hacen falta para que la sociedad boliviana se aproxime con posibilidades de éxito al desarrollo. Ellos, los de la derecha extrema, es posible que en su orfandad, recurran a medidas violentas, para preservar los privilegios que gozan; sin embargo, su capacidad de modificar el rumbo de los acontecimientos, evidentemente es baja (casi nula). Con seguridad se tratan de resabios de las épocas dictatoriales, pequeños grupos, aislados y con una evidente falta de discurso político

En el otro extremo (a la izquierda) tenemos a una izquierda radical, ortodoxa y dogmática, que cree que es posible, realizar cambios en la sociedad, recurriendo a la fuerza (lo que ellos denominan la violencia revolucionaria); estos grupos, altamente ideologizados por doctrinas históricamente superadas, "sueñan" con "la acción purificadora de las masas insurrectas" (la revolución), que le dará un nuevo rumbo a la sociedad. Ellos, los que pregonan la venganza histórica, los que patrocinan la toma de tierras y minas; los que se esfuerzan en destruir el estado de derecho y las leyes, son los que apuestan por la desagregación social existente, para reponerla por una nueva agregación revolucionaria que ellos dirigirán. Este propósito, no sería una amenaza para la sociedad boliviana, si no fuera que sus principales referentes, están precisamente en función de gobierno. A diferencia de la extrema derecha que está prácticamente arrinconada, estos personajes de la extrema izquierda, están manejando la nave del estado boliviano.

El actual gobierno, como ningún otro en el pasado, es una suerte de "arca de Noe de la izquierda radical", en él se cobijan ex guerrilleros, ex terroristas, ex secuestradores y toda una la gama de marxistas (leninistas, maoistas, guevaristas, etc.), acompañados por las corrientes más radicales del indianismo e indigenismo que pretenden reconstituir el tahuantinsuyu y, por supuesto - cuando no - por una corte de oportunistas de turno que provienen de todas las vertientes ideológicas y políticas. Ese es el peligro. Se está generando violencia desde el propio gobierno. Los hombres de dirigen esté país, están apostando por el enfrentamiento. Por esa vía pretenden instaurar el "socialismo del siglo XXI", que no es otra cosa que una variante de la dictadura castrista aplicada en Venezuela.

En medio, en el centro de esa disputa sorda y violenta entre extrema derecha y extrema izquierda, se encuentra la gran mayoría de los bolivianos, que siendo de derecha o izquierda, son demócratas. Estamos hablando de los bolivianos que trabajan duro para conseguirse el pan de cada día, de los que estudian para superarse, de los que quieren un mejor futuro para sus hijos, de los que les interesa que hayan mejores condiciones para los negocios, de los que invierten, de los que comercian, de los que exportan; son los bolivianos que creen en la meritocracia y las instituciones, los que creen en sus propios esfuerzos, los que respetan las leyes, aquellos que reconocen al gobierno constituido, los que no apoyan a terroristas y la violencia entre bolivianos, los que se preocupan por que sus hijos hagan su tareas, los que vuelven a sus hogar al fin de la jornada y tiene alguien a quien contarle de sus triunfos o fracasos. Ellos son la mayoría de este país e indistintamente, son cambas, collas o chapacos; aytmaras, quechuas o guaranis, del campo y las ciudades, ricos o pobres. Ellos no quieren violencia, no quieren terrorismo; son pacifistas por interés, por convicción. Son los que en diciembre de este año - haciendo valer su voto - pueden abrir las puertas para construir una sociedad democrática, con equidad y desarrollo.

lunes, 13 de abril de 2009

LA IZQUIERDA ELECTORERA

DANTE N. PINO ARCHONDO
napucopino@yahoo.es

¿Desde cuándo la izquierda reclama como suyas las elecciones, para consolidar el poder en nombre del pueblo?, ¿No era que las elecciones representaban los medios y maneras con las cuales la burguesía reproducía los factores de sujeción del poder?, ¿Y no les enseñaron a los izquierdistas a renegar de ese principio electoral para utilizarlo sólo como un medio que luego desencadene la revolución?

La teoría enseña que la izquierda debe empujar a la derecha, bajo sus mismas normas de juego electoral, hasta vencerla. Es decir hasta hacerlos abdicar de su apego a las leyes que les permiten reproducir el control del poder. Pero una vez conseguido este objetivo, las elecciones dejan de tener valor, porque el pueblo mismo ha vencido a la derecha con sus propias reglas de juego y ahora debe ejercer la dictadura del proletariado.

En Bolivia la primera fase ya se ha producido. Vencer a la derecha con elecciones. La toma del Poder es la segunda fase que representa des institucionalizar todo el aparato del Estado hasta pulverizar su "razón de ser" para reconvertirla en la nueva "razón de ser del Estado Plurinacional". Esto conlleva la absorción, sujeción o eliminación de los otros órganos de poder del Estado bajo un solo mando. Esta fase se encuentra en plena ejecución y resta acabar con el Poder Judicial ya que el Congreso está en su esfera de poder.

En este sentido debemos entender que el Gobierno invoque aún las elecciones como medio de garantía ante la comunidad internacional, que le libre de sospechas totalitarias y le otorgue el certificado de democracia, que requieren en la consolidación del nuevo comunitarismo. Si este camino no se logra doblegando la voluntad de la oposición parlamentaria y autonómica, entonces se irá por el otro, aquel que anunciaron y que está pendiendo en las próximas horas del retorno a sus curules de la oposición: el cierre del congreso por "inutilidad fáctica", la convocatoria por Decreto a nuevas elecciones, para mantener lejos las sospechas antidemocráticas y luego el control absoluto de los tres órganos de poder: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que hará posible, esa arenga que Evo Morales hizo en las últimas horas: "imagínense si tenemos el 70 por ciento de la Asamblea Legislativa con nosotros, todo lo que podemos hacer"

¡No nos engañemos entonces! Evo Morales no está en huelga de hambre por demócrata, sino por autócrata. Y su lloriqueo electoral no es más que una farsa montada para hacerle pisar el palito a la oposición y consolidar con su firma el certificado de defunción que luego le extenderán. Los ex comunistas que le rodean como el señor Romero vienen haciendo su papel de "intermediarios" muy bien, al punto de que muchos creen que es un hombre serio.

El retorno al Congreso de la oposición parlamentaria tendrá un solo fin: votar la ley que le permitirá el M.A.S. avanzar en todo el terreno que necesitan para consolidar su proyecto étnico – comunitarista.

Un grueso error desde luego. Que va del brazo de la invocación ingenua de muchos analistas y comunicadores sociales que creen que "concertar esa ley" es mejor que el cierre del Congreso.

¿No es mejor que el proyecto masista se descubra ahora? ¿No es mejor obligarlos a quitarse la careta democrática y que el mundo sepa a qué se enfrenta la democracia boliviana?, ¿No es mejor que toda la oposición se una alrededor de una bandera concreta como es la defensa de las libertades democráticas?

Deberían analizar con mucho cuidado los próximos pasos, para no dar lugar al responso de una muerte anunciada.

jueves, 19 de marzo de 2009

¿QUÉ ES LA IZQUIERDA EN BOLIVIA?

Dante N. Pino Archondo
napucopino@yahoo.es

No pretendo universalizar estas afirmaciones, pero en Bolivia la izquierda es, ahora, un grupito de vivillos, sin ideología, sin principios, ávidos de hacer fortunas al amparo del Estado, sin preparación intelectual alguna, gritones de consignas vacías, matones a tiempo completo y cobardes a la hora de enfrentar las ideas usando palos, piedras y dinamita. Esta es la izquierda.

Se creen honestos y son unos vulgares rateros, que no llegan al título de ladrones. Se consideran por encima del resto social como paladines de la lucha por la liberación y son en realidad unas ratas domesticadas que le dan al imperialismo más de lo que les dio la burguesía nacionalista. Mastican coca para hacer pensar que son originarios y toda su estructura de pensamiento, palabra y obra se manifiesta en el desprecio más grande por todo lo que tiene, color, sabor y olor a indio.

Se visten sin corbata creyendo que con ello se diferencian de los neoliberales, pero les gusta comer como ellos, tener casas como ellos, manejar automóviles como ellos y mantener una cuenta corriente voluminosa como ellos.

Usan un tono de suficiencia cuando se refieren a los neoliberales y un acento rastrero para ensalzar la barbarie de los ponchos rojos. Tienen la convicción de que todo lo que hacen no se hizo nunca, y piensan que andan iluminando al mundo con sus ideas, sin darse cuenta de que repiten viejas frases desgastadas por el tiempo y herrumbradas en los hechos. Para ellos ser antiimperialista es mirar, calificar y criticar todo lo que provenga de los Estados Unidos, pero si sus hijos o hijas contraen matrimonio con norteamericanos se sienten felices y honrados.

Sostienen como suyas frases y verdades que pertenecen a otros. Y ensalzan la figura del Che o de Marcelo, para esconder sus miserias y mezquindades. Hablan de la lucha armada y no tienen la menor idea de lo que es usar un arma. Hacen filosofía sobre la "realidad nacional" y no tienen la menor propuesta programática para cambiar esa realidad.

Esta es la izquierda boliviana. Y es en buena medida el producto de una educación que tiene como maestros a activistas que apedrean en las calles, insultan en las calles, que golpean en las calles y se consideran la verdad misma, que es la verdad de Guillermo Lora.

No es una casualidad que ya no haya una dirigencia minera preparada y lúcida para vanguardizar la lucha revolucionaria. Es que el mercado los ha convertido en mercachifles al servicio del gobierno. Y se han colocado detrás de los cocaleros, de la droga y el narcotráfico.

Ante esta izquierda no me inclino, ni me apeno. La combato, como lo hice con las dictaduras militares. No le temo, le escupo al rostro que tiene. Y por todo esto me siento libre y fuerte para volver a retomar la democracia en su verdadera cultura y raíz que nace del pueblo y se alimenta de él.