miércoles, 16 de agosto de 2017

[Aula Libre] El (Gran) hermano Evo (Puka Reyesvilla)



Si hay algo que me llega a indisponer cada vez que, con mayor frecuencia de la que uno puede esperar, se refleja en los medios, son esas declaraciones de personas que, habiendo sufrido maltrato por parte de funcionarios del régimen –más de una vez con el rostro ensangrentado o con signos de haber sido golpeadas- se dirigen al individuo que ostenta el cargo presidencial como "hermano".


"Hermano Evo, escuchanos"; "sólo le pedimos una reunión al hermano presidente"; "queremos hablar con el hermano"… expresiones ya familiares a nuestros oídos pero incomprensibles a nuestros sentimientos pues, ¿cómo puede un "hermano" mandar a apalear a otro y encima éste invocar a una fraternidad mientras se desangra? ¿hermano Assad? ¿hermano Nicolás? ¿hermano Putin?


No digo que en tales circunstancias se debería maldecir o denostar al sujeto en cuestión. Bastaría con quitar, por un mínimo de dignidad, el "hermano" de la frase y referirse a la autoridad ya sea por su nombre solamente –"Evo, escuchanos" o "queremos hablar con el señor Morales"- o por su cargo -"Sólo le pedimos una reunión al presidente"-.


No voy a pecar de ingenuo; sé que tan fraternal tratamiento deviene de una suerte de identificación étnica, de clase o, directamente, de militancia política pues buena parte de los conflictos de los últimos años se originan en rencillas internas de sectores, en última instancia, afines al régimen.


Allá, entonces, quienes, a pesar de las humillaciones sufridas y de los golpes soportados, persisten en amarrar los guatos de dicho personaje público.


Lo verdaderamente terrible es que del "hermano", en el sentido fraternal de la palabra, el señor Morales Ayma se ha convertido en "El Gran Hermano", en el sentido orwelliano del concepto.


Para refrescar la memoria, diremos que con "El Gran Hermano", el autor de "1984" retrata a un régimen dictatorial cuyos mecanismos de poder –partido, propaganda, líder –identificable o no- y seguridad (en su dimensión policial)- están omnipresentes en la cotidianidad social, ejerciendo un control sobre cada ciudadano.


Con matices –El MAS no es, aún, el partido único como el Ingsoc de la novela- el régimen supera con creces el mundo de la ficción en profusión de propaganda –rubro privilegiado del presupuesto- y en ejercicio corporativo del poder.


La distopía "plurinominal" no es la dictadura clásica; más bien tiende a la dictadura perfecta, aquella que instrumentaliza los mecanismos de la democracia para, con tal apariencia, ejercer el poder omnímodo. Una sociedad amodorrada en un ilusorio bienestar ayuda, con su indiferencia, a dejar que el "Gran Hermano" ocupe cada vez más espacio en la vida de las personas hasta extremos inauditos, arrebatando la libertad y la conciencia de las mismas.


Sumemos a lo ya dicho la enfermiza exaltación del caudillo (museo personal, palacios faraónicos, himnos, comparaciones con la divinidad, complacencia a sus caprichos, etc.) y tendremos, como lo tenemos, el escenario más propicio para la comisión de los más groseros abusos contra el que abomina del orden político establecido.


Una de las víctimas del Gran Hermano Evo fue Roger Pinto, quien como senador denunció a las mafias insertas en el régimen, lo que le valió la persecución sañuda del régimen, su posterior exilio y la muerte. No es que el régimen ordenase el asesinato del político de oposición, pero sucede que el deceso se dio a partir de las amenazas dirigidas desde el poder hacia su persona.

La democracia, una vez más, está de luto; ¿quién sigue en la lista? ¿usted? ¿aquel? ¿yo?... ¡Dios nos libre!




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Enviado por: aguadoble@yahoo.es


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martes, 15 de agosto de 2017

[Aula Libre] BOLIVIA, UNA REPÚBLICA SIN CIUDADANOS



BOLIVIA, UNA REPÚBLICA SIN CIUDADANOS

Ramiro Calasich G.

ramiro.calasich@gmail.com


Hace pocos días, la República de Bolivia cumplió 192 años. En medio de los actos protocolares y las procesiones patrias, ninguno de los mandatarios hizo referencia cabal al hecho histórico que se celebraba: la creación de Bolivia. El censurable olvido fue compartido por dirigentes opositores, medios de comunicación y ciudadanía. No es casual.


Pese a que la República se mantiene viva gracias a pequeñas grietas en el texto constitucional, el hecho de relegarla a segundo plano es parte de una larga tradición de la política boliviana, empeñada en acomodar, mutilar y finalmente envilecer todo vestigio republicano.


El nacimiento de la República de Bolivia es el legado de aquellos que en 1809 derramaron "la primera sangre de los libres". Así se desprende del Acta de Independencia de las Provincias del Alto Perú. Las primeras luchas libertarias dieron paso a intrincadas y audaces conspiraciones políticas que abrieron el camino hacia la independencia. Sin la intervención de los conspiradores charqueños, como Casimiro Olañeta y José Mariano Serrano, sobre el suelo que pisamos flamearía otra bandera.


Leer el Acta de Independencia y los emotivos debates que la antecedieron, provoca un profundo respeto por aquellos 48 representantes ante la Asamblea Deliberante. Ellos, nuestros Padres Fundadores, con todas las limitaciones de la época -y las suyas propias-, soñaban un país para todos, inspirado por "el fuego sagrado de la libertad".


Eran tiempos inhóspitos, sembrados de conjuras, injusticias y agravios. Pese a ello, la Asamblea Deliberante se esforzó por dar forma a un país para todos, incluida aquella masa indígena, usada y abusada desde siempre y hasta ahora.


Pese a los mitos antirrepublicanos, aquel 6 de agosto de 1825 las heridas de los nativos estuvieron presentes en los discursos que sobrecogieron al hemiciclo libertario. Se hizo firme mención a "los indígenas… los más desgraciados, esclavos tan humillados, seres sacrificados a tantas clases de tormentos, ultrajes y penurias". Se había luchado tanto, tanto se había sufrido que era el momento del sueño compartido.


Además de asentar el trazado de la nueva República en el pilar de la inclusión, aquel puñado de visionarios decidió conducir la vida de poco más de un millón de personas a través de un "Estado soberano e independiente", regido "por la constitución, leyes y autoridades que ellos propios se diesen" y afirmado en los principios de "honor, vida, libertad, igualdad, propiedad y seguridad". Así, luego de siglos de miserias, en un ambiente de grandeza y bañado por aspiraciones de libertad y progreso, nacimos bajo el signo liberal.


Sin embargo, mientras la impetuosa Asamblea Deliberante daba forma al sueño de todos, pocos imaginaban que, a la sombra, conspiraba el atraso. La colonial "educación bárbara calculada para romper todos los resortes del alma", había dado sus frutos. Pronto quedaría claro que el nuevo soberano, el pueblo, no era aquel conjunto de individuos libres que dan vida a la modernidad (la República), sino más bien un amasijo de seres humanos atados al pasado por el cordón umbilical de la incultura.


De promesa esculpida a fuerza de sangre y de sueños, la República devino en una decepción próxima a suceder. Era inevitable. No existía terreno fértil para que echase raíces. Fue un parto inconcluso.


El sedimento cultural del autoritarismo premoderno -prehispánico y colonial- definió a una ciudadanía ajena a los principios republicanos. Su carácter profundamente conservador se constituyó en su característica más notable; su desdén por el pluralismo y los derechos ajenos, su práctica diaria. De ahí su desafecto por la norma, su tendencia regresiva al colectivismo y al tumulto que diluye y aniña al individuo, su afán por medrar al amparo del Estado (rentismo, clientelismo y prebendalismo) y su inclinación a mercadear su condición soberana ante líderes atrabiliarios que le garanticen dádivas y esperanzas. Vivimos una larga adolescencia.


Quizá el primer intelectual en señalar esta limitación fue Adolfo Ballivián, presidente entre 1873 y 1874. En su discurso de clausura de la Asamblea Nacional de 1861, señaló con acierto: "El origen de nuestros males no está en el fondo de nuestras instituciones, sino más bien en el fondo de nuestras costumbres".


Del vientre de esta ciudadanía malformada, nacieron las diversas tendencias políticas que se disputaron hasta hoy el cuerpo inerme de una República que no termina de ser. Por un lado, un liberalismo cojo, más mercantilista que libertario, más libertino que liberal; paladín de una libertad económica adulterada por su afección al poder; perjuro con la libertad política. Por otro, un nacionalismo tardío y reaccionario, de traza populista y patriotera, a cuya sombra crecieron las hiedras del estalinismo y del fascismo, ahora amancebadas en el actual régimen (rasgo que define al llamado Socialismo del Siglo XXI).


En ambos casos, es posible identificar los residuos del pasado colonial en los rostros de la clase política actual: autoritarismo, apego artificioso por la Democracia y los DDHH, liderazgo autocrático y servidumbre cortesana, reducción del liderazgo político a candidatura electoral, y degradación de la Democracia al exclusivo acto de votar y del soberano a masa votante (electoralismo) o a grupo de presión y choque (movimientismo social).


El siglo XX y su promesa de industria y progreso, se fue sin despedirse; hubo avances, pero el balance es exiguo. Del siglo XXI hemos malbaratado más de una década. ¿Cómo lograr entonces que la República termine de nacer e impedir que sea ultimada sin siquiera haber vivido?


La respuesta está en la causa que impidió que germinara: la ciudadanía. Hoy, su tendencia inevitable a globalizarse, en todo y todo el tiempo, es la oportunidad inmejorable para empujarla a romper con el caudillismo fósil y sus cruzados tribales. La condición esencial es formarla para que enfrente su rol soberano, para que asuma su individualidad y descubra que en el mundo actual -innovador y postindustrial-, el protagonista es el ser humano, individual y libre. A la formación, tendrá que sumarse la orientación política. Para ello resulta esencial que quienes aseguran su filiación democrática, se despojen de la lagaña electoral y orienten las aspiraciones ciudadanas, único antídoto contra los desmanes del poder.


De lo que haga la clase política democrática, dependerá si la ciudadanía podrá dar el colosal salto que la traerá del siglo XIX al siglo XXI o seguirá, hasta madurar, atrapada en "la torpe y desecante mano" del pasado colonial, atada a la incivil realidad "de la ignorancia, del fanatismo, de la esclavitud y de la ignominia".

 

*Ramiro Calasich G. es Escritor Educativo



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Enviado por: "Ramiro Calasich G." <ramiro.calasich@gmail.com>


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[Aula Libre] LA POSVERDAD EN LA POLÍTICA: ES LA MENTIRA



LA POSVERDAD EN LA POLÍTICA: ES LA MENTIRA
Oscar A. Heredia Vargas
Docente en Emérito de la UMSA
 
"¿Acaso no dejó escrito Maquiavelo que el príncipe que engaña encontrará siempre quien se deje engañar?"
Estamos en la época política del protagonismo de la posverdad. "La posverdad se resume en que la apariencia de los hechos es más relevante que los hechos en sí. En sí, hay cuatro perspectivas de la posverdad: vivimos "gracias" a la tecnología dos mundos paralelos que son reales y ficticios a la vez -las mentiras puede resultar semiverdades en mundos imaginarios o paralelos-; prevalece la rapidez más que la exactitud -leemos rumores y le concedemos toda la credibilidad-; perdimos la confianza en las instituciones -prestamos más atención a las cosas que nos llaman la atención, independiente de cual fuera su fuente-; y tenemos las ansias por confirmar las propias creencias y sentimientos".  (Fernando Trias de Bes).
Eduardo Caballero en su libro El Nuevo Príncipe analiza al ser humano y a la política (el poder) y nos dice lo siguiente: "Cuando oigo hablar de que vendrá para el mundo una fecunda paz, en la que todos los hombres serán hermanos dentro del mismo pueblo, y que todos los pueblos serán iguales como si pertenecieran a la misma raza, y que todas las razas serán equivalentes en el mismo plano material y espiritual…". En ese momento, leemos y releemos las líneas anteriores y nos alegramos porque encontramos similitud con discursos diarios que venimos escuchando, cuando estamos en el micro, en el mercado, en las plazas, en las reuniones y en los debates.
Pero, Caballero continúa y nos dice "…cuando oigo hablar de esa utopía -paz, hermandad, igualdad, etcétera-, siento tristeza y compasión por el hombre…".  Entonces leemos y releemos esta última expresión de Caballero y salimos de nuestra alegría y volvemos a la realidad. En ese momento escuchamos críticas durísimas sobre el accionar del ser humano en la política (el poder) y de la muchedumbre en acción o en inacción. Escuchamos que se perdió la esperanza y nos quedamos consternados.
Que certeza tiene Caballero al reflexionar sobre la forma de hablar en política, "alude al viejo arte político de la simulación, vestido ahora con nuevos ropajes": La posverdad. En el presente, el engaño tiene su propio tinte. "Hoy, con las estrategias de posverdad en la política, se acabó el guante blanco; el lenguaje y las descalificaciones ponen en segundo plano las propuestas, resurgen las historias personales y critica despiadadas. También hoy, se hacen promesas imposibles de cumplir" (F. Vergara).
Ante tal afrenta, "cuando alguien nos hable, nos prometa, nos diga algo que no nos gusta, deberíamos estar en guardia: Si no dice nada concreto deberíamos tomar las precauciones del caso, puede ser un charlatán. Y, sí por casualidad dice algo que nos gusta, deberíamos desconfiar, puede tratarse de un demagogo (Y. Gramajo y G. Aguirrezabala).
"En resumen, deberíamos cuidarnos de todos los que nos hablan" y exigir a los gobernantes, a los candidatos y a los partidarios la honestidad: Integridad, libertad, verdad, sinceridad.
Demandemos que los que hacen política activa sean ya confiables, justos, leales, limpios, íntegros, transparentes, respetuosos de sí mismos y del otro y que rechacen con vehemencia el robo, la corrupción, la falsedad, la mentira, el fraude, la deslealtad y el ocultamiento de la verdad o de la información.
Digámosles a los príncipes y sus acólitos, en todos los niveles de poder: "No mintáis. Sois incapaces ya de distinguir la verdad de la mentira. Callaos, pues, única manera de que no mintáis". (R. Barrett). Y dejadnos hablar a los ciudadanos que sufrimos los avatares del poder.
 



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Enviado por: Oscar Heredia <docenteumsa@yahoo.es>


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lunes, 14 de agosto de 2017

[Aula Libre] ¿Cuál ecologismo socialista?



¿Cuál ecologismo socialista?

Gonzalo Rodríguez Amurrio

En circunstancias en que tenía lugar el tratamiento parlamentario de la ley que levanta el carácter intangible del TIPNIS, en la sesión de honor por el día de la Patria, el Vicepresidente del Estado enfiló su arremetida contra los ambientalistas que cuestionan la construcción de una carretera por el corazón del parque Isiboro Sécure. Tras una larga retórica que da para debatir múltiples aspectos, los estigmatizó como portavoces del colonialismo pro capitalista y remató propugnando la urgencia de un "ecologismo socialista".

Con la temática final así planteada no pude dejar de recordar lo que la ex URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) hizo con el mar de Aral, entre los años 50 y 60 del siglo pasado. Para ampliar sus áreas agrícolas y potenciar su industria algodonera desvió las aguas de los dos principales afluentes de dicho mar, con un impacto que décadas después derivó en que el cuarto lago más grande del mundo se convierta en un nuevo desierto.

El nivel de sus aguas bajó más de 20 metros y de los 68.000 Km2 de superficie de su espejo de agua solo quedaba el 10% en su momento más crítico. Las tormentas de arena en la zona resultaron frecuentes, las temperaturas frías y cálidas se hicieron extremas, con preocupantes impactos sobre la salud de la población y una mayor mortalidad infantil.

La fórmula de García Linera de satisfacer "demandas sociales" mediante la transformación de la naturaleza, sin una preocupación sincera por los equilibrios ambientales, hace más de medio siglo estaba ilustrada con el desastre ambiental del mar de Aral.

No era obra de una potencia capitalista, era la práctica de uno de los regímenes del socialismo real y cuyos portavoces más radicales a favor de esa política hablaban, en aquel entonces, de que el mar de Aral debe morir como un soldado cae en la batalla. Y hacían oídos sordos a voces disidentes, que desde el ámbito académico y recurriendo a citas del propio Engels, compañero de Marx, fundamentaban que no se debe jugar con la naturaleza.

Así, las "demandas sociales" con frecuencia resultan el slogan con el que se manipula a segmentos de la población para llevar a cabo políticas en pro de intereses soterrados y que más tarde se delatan, ya como afectaciones irresponsables del derecho colectivo a un medio ambiente benigno, ya para soslayar sus fracasos en otros aspectos de sus políticas públicas.

Se despotrica a voz en cuello contra el capitalismo, las transnacionales y sus políticas colonialistas; pero el actual régimen Morales - García Linera, desde sus inicios, pretendió constituir sociedades con las transnacionales y ante su escaso éxito, ahora, busca introducir nuevos atractivos en su oferta para que ellas vengas y se hagan socias del régimen.

Con el Decreto N° 29130, de mayo de 2007, el gobierno declaró las áreas de interés hidrocarburífero en zonas no tradicionales, y según su documento anexo se tienen 723.502,20 Hectáreas ubicadas precisamente en el Sécure (bloques 19 y 20), pero que al igual que otras reservas en el país, en toda una década, no cautivó lo suficiente a los inversionistas extranjeros, en razón a que tales empresas debían cubrir la totalidad de los costos de las tareas de exploración.

Frente a ello, desde hace media década el gobierno pensó en incorporar un atractivo especial para la inversión extranjera en el parque Isiboro Sécure, e indudablemente la carretera por el TIPNIS pagado por el país es su mejor oferta, toda vez que con ella las transnacionales petroleras bajarán sustancialmente los costos de la logística de su labor exploratoria.

Pero esa realidad el gobierno no la querrá reconocer, porque ella, una vez más, hace añicos su anticapitalismo de palabra, que no es más que pura fachada para encubrir su búsqueda de sociedades económicas reales con las transnacionales y potencias del extranjero.

El autor es abogado y ex dirigente obrero.


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Enviado por: Juan Gonzalo Rodriguez Amurrio <rodriguez.amurrio.go@gmail.com>


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domingo, 13 de agosto de 2017

[Aula Libre] que siga durmiendo



Carlos Meleán Hamburgo
El presidente que nunca se entera...
Seguro, seguro que es preferible divertirse a tomar decisiones, a trabajar, a dedicarse por lo que el pueblo le paga, pero si a eso se suma que de nada se entera, de que nadie, nada lo informan, de nada sirve su aparato de gobierno, y es así que Bolivia arde y él no lo sabe, es como ese cuento de que perdimos el Pacífico porque era mejor farrear el carnaval, y asi vivimos el carnaval de la vida que una vez es promocionado por la derecha y la próxina por la izquierda...
Y la ignorancia del pueblo dividida en tres, en los no me importa (la mayoría), la derecha una minoría casi invisible al igual que la izquierda, pero eso siempre fue así porque las minorías son las que gobiernan, porque la riqueza siempre estuvo y estará en manos de pocos y esos pocos hacen lo que les venga en gana y la mayoría, tiene por suerte iglesias para rezar y esperar que baje, algún día baje....
Nadie sabe quién tiene que bajar o subir, pero ahí vamos creyendo, cada cual en su Dios, cada cual en sus normas, en sus leyes, en su moral y ética y después al abrir la puerta y salir a la calle pues que la suerte nos acompañe.
Claro si nadie se entera de nada, si nadie es informado, si nadie asume la responsabilidad, pues vamos a la mierda de costado, casi cayendo pero no caídos y eso es lo que vale seguir así hasta que caiga el telón y poder decir... viví lo mas que puede y Dios quizo... pero esa jamás fue  la idea de vegetar, de ser simplemente seres biológicos, que están ahi por suerte, tenemos un cerebro y con él podemos... podemos ser algo más que una piedra, pero al parecer es mejor quedarse como piedra.
Bolivia arde y a nadie le vale un pedo, Venezuela arde y a nadie le vale un pedo, Mexico arde y a nadie le vale un pedo, y así vamos por latinoamérica contando cuanto ardes hay y los miles de muertos que a nadie importa.
La política es así, nuestra democracia es así, la corrupción es asi, ella es la que tiene las riendas de todos esos gobiernos y esos pocos nos meten los dedos por todos los orificios humanos y nosotros creemos que así debe ser, porque ellos son los que gobiernan, pero la ignorancia jamás puede gobernar, otra cosa es que hayamos decidido vivir como esclavos, hayamos decidido regalar nuestra libertad, nuestra dignidad, eso ya es de cada uno.
Por eso tenemos a un presidente que nunca se entera de nada, y así seguiremos viviendo, violando las leyes, destrozando la Pachamama, destrozando a un País que podría ser diferente, pero esa indiferencia lo ha aniquilado hace mucho...
Y mientras él no se entera y nosotros lo sabemos... será culpable la derecha?



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Enviado por: carlos <cmelean@msn.com>


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