domingo, 9 de mayo de 2010

OBREROS: SUELDOS Y SALARIOS

Roberto Márquez
rbtmrquez@yahoo.com.br

En el mes del trabajo, cabe recordar que una de las reivindicaciones básicas de los obreros empieza por la conquista de las 8 horas de trabajo de 1886, tras una larga lucha que data desde los albores de 1830, pero apenas fue promulgada la Ley los gobiernos y empresarios se dieron modos y justificativos para burlarla, esgrimiendo argumentos como: «indignante e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestando que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».

Han pasado 124 años, en Bolivia, el Presidente Evo Morales y sus ministros seguidamente a los actos del 1° de Mayo «Día del Trabajo» justificaron su mísero 5% de aumento salarial, con los mismos argumentos de un patrón capitalista. Primero, haciendo creer a los trabajadores y al pueblo que vivimos como nunca con una economía en crecimiento, bajísima inflación, fuentes de trabajo por doquier, un país en franco proceso de industrialización de los hidrocarburos, hierro, litio, etc., de un despegue económico jamás vivido en la historia antes de Evo Morales capaz de igualar a la Suiza europea; en fin todo para justificar como inversión los gastos superfluos de compra de dos aviones y satélites a falta de uno, etc...

Cuando los trabajadores insisten en aumentos salariales, el gobierno responde «chantajes», se produciría una hiperinflación de acudir a los préstamos internacionales del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, hasta para pagar aguinaldos, que los obreros se acuerden de los bonos, en fin.

Entonces, para el gobierno de palabra socialista, al más puro estilo capitalista neoliberal, insiste que se necesita una vez más el sacrificio de los asalariados de este país porque, con esos recursos se cubrirá « el brillante futuro industrial de Bolivia », esas palabras las escuchamos de la boca de los gobiernos dictatoriales.

Es muy curioso que para esquivar el salario justo a los obreros bolivianos por la venta de su fuerza de trabajo, el gobierno resulta siendo el más patriotero que nunca, -¡le interesa Bolivia y su futuro!- como nunca lo hizo hasta la fecha: nacionalizó las empresas, con pagos multimillonarios no para los obreros, si para las transnacionales petroleras quienes –como premio-dejaron de invertir en el país, por ejemplo los centros mineros que dieron tanto al país, no tienen gas domiciliario y deben clamar por una garrafa de gas; sin embargo, se suma el pago millonario por arbitrajes y demandas, para abogados organizados en equipos muy costosos, en detrimento de los obreros, sabiendo de antemano que es mas probable perder que ganar.

En fin, todos sabemos que no hay inversión efectiva en el país y que es la más crítica del continente. Se han perdido 4 años para consolidar el camino hacia el desarrollo. La agenda incongruente y extremadamente sectarizada del gobierno ha impedido la construcción de alianzas políticas y económicas fructíferas con regiones y empresarios emprendedores, para garantizar una verdadera industrialización que implícitamente significa el fortalecimiento del proletariado boliviano. Pero, curiosamente quienes pierden una vez más son los obreros que constituyen el verdadero motor de la historia, no para simples y reformas o para clichés de « procesos de cambio»; para transformaciones revolucionarias de las estructuras del Estado, que hoy pese al nombre que le pongan este seguirá siendo explotador, injusto y opresor.

Es saludable que la clase obrera se movilice, a través de sus organizados sindicales y empiece a salir de ese letargo calificado como "conciliador" frente a un Estadio ladino como el nuestro. Si bien la lucha sigue siendo salarialita, pero, es justa porque es un derecho de los trabajadores reclamar por lo que creen que no se merecen. Aun debemos reconocer, que existe una especie de síndrome de orfandad o de "castración política" en el sindicalismo bolivianos que perjudica el desarrollo de la conciencia revolucionaria de clase de los trabajadores que permita discernir con claridad meridiana de quiénes sus verdaderos aliados contra quienes sus enemigos.