jueves, 8 de julio de 2010

Lecciones del PRI y sus lideresas

Erika Brockmann Quiroga
erikabrockmann@yahoo.com.mx

El triunfo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las elecciones del domingo en México sorprende. El histórico partido reposicionó su liderazgo, quedando atrás el recuerdo de la derrota que, en 2000, dio paso a un saludable pluralismo político. Según su presidenta, Beatriz Paredes, "no está volviendo el PRI del pasado, está ganando el PRI del siglo XXI. El PRI que aprendió de sus errores y que sí sabe gobernar".

¿Qué debe llamarnos la atención de esta recuperación? Destaco tres aspectos. Primero, la capacidad de readecuación institucional y programática de un partido acostumbrado a la inercia del poder. Segundo, el insatisfactorio desempeño gubernamental del partido oficial, el PAN, y de un Presidente con disminuida popularidad, en un inusual y creciente contexto de violencia asociada al crimen organizado. Y un tercer aspecto, el protagonismo de sus líderes (mujeres) en medio de tantas dificultades.

Hace 10 años, Dulce María Sauri, segunda mujer al mando del partido, enfrentó la adversidad con inteligencia y sobriedad. Como muchas mujeres en coyunturas de desgaste, ella tuvo que administrar los tiempos residuales de un poder que se les iba de las manos. Se liquidaba un régimen al que un día el escritor peruano Mario Vargas Llosa calificó como la "dictadura perfecta".

La actual presidenta del PRI, Beatriz Paredes, ex gobernadora de Tlaxcala, se planteó el reto de conducir la renovación y "renacimiento del PRI". Se dice que el día que asumía este cargo, en 1997, sufrió el desaire de la mayoría de los gobernadores priístas, que no asistieron a su juramentación que coincidía con el 78 aniversario de tan emblemático partido.

Los resultados del domingo confirman que logró, más temprano que tarde, lo que para muchos era imposible. Beatriz cohesionó al partido que ahora enfrentará con más confianza la elección presidencial de 2012, no descartándose su postulación a la primera magistratura. Esta posibilidad parece no quitarle el sueño a una mujer que, pese a su fortaleza política, opta siempre por hacer de las victorias, victorias de todos, resistiéndose a caer en la tentación del narcisismo egocéntrico tan arraigado en nuestra tradición política.

El PRI fue el rostro político de la construcción del México del siglo XX. Siempre llamó la atención porque su vigor institucional no se subordinó al eventual poder personal de sus conductores. ¡Novedoso en un continente donde es crónica la longevidad política de figuras cuyo liderazgo nace, se desarrolla y muere con las siglas que representan!

El relanzamiento del PRI permite encontrar algunas respuestas a nuestras preguntas relativas al ciclo de vida de los partidos. Un elemento clave tiene que ver con la no reelección presidencial que obligaba a una permanente renovación y movilidad de liderazgos. Independientemente de las deformaciones de una "partidocracia" hegemónica de esa envergadura, la circulación de élites permitió que una mujer conduzca la reforma partidaria.

Según la prensa, el triunfo priísta en 9 de 12 gobernaciones es "agridulce" debido a su derrota en tres bastiones donde gobernaba desde hace 80 años. Esta caída se debería a la extraña alianza entre el PAN conservador y su contendor de izquierda, el PRD. Se dice que "el perro y el gato se unieron para vencer al dinosaurio", adjetivo que no cuadra con el PRI del siglo XXI liderado por la generación política de Beatriz Paredes.