jueves, 25 de noviembre de 2010

Líbranos señor, de José Miguel Insulza

María Carola Mercado
mariacarolamercado@yahoo.com

Veo a Insulza firmando acuerdos con el presidente Morales y me entran deseos de ir corriendo a encenderle una vela a la imagen del pobrecito Avaroa que tengo en el living-comedor, al lado de la virgen de Copacabana y de una foto autografiada de Ana María Romero, santa y mártir de la democracia masista.

Insulza correteando detrás de Evo me recuerda a una perrita que yo tenía cuando era niña. Siempre corría detrás de mí apretándose contra mi pierna en busca de una caricia y de una mimoseada, resoplando y sacando su lengüita, dando volteretas en el aire para caer simpática. Insulza está necesitando cariño y quiere encontrarlo en Evo Morales. Insulza necesita sentirse querido y cree que lo vamos a amar viniendo a Bolivia a decirnos que somos un ejemplo ¿ejemplo de qué cosita seremos? o que las américas están orgullosas de nuestra revolución y que el vivir bien es lo mejor de lo mejor.

Evo Morales le da cariño, pero tampoco tanto, porque Evo sabe que en el fondo Insulza es un pelotudo y un día lo recibe con mixtura y al día siguiente dice que la OEA es una porquería y que por qué botaron a Cuba que es el país más digno del mundo y que la OEA es un instrumento del imperialismo y que Insulza es un peón bueno para nada. Insulza traga saliva y sonríe y baja vil su enorme cabezota interminable y regresa reincidente con sus tres acuerdos técnicos para vivir bien bajo el brazo. Acuerdos que sólo sirven para que la OEA nos mande unos cuantos burócratas más o para pagarle al estado unas cuantas consultorías. Yo, mujer ignorante como soy, me pregunto ¿de qué puede servir un acuerdo técnico de apoyo electoral para vivir bien cuando el presidente del órgano plurinacional electoral jura su cargo con el puño izquierdo extendido al estilo masista?

Insulza es como los tres monos reunidos en uno solo. No ve, no oye, no habla, si no es para alabar al poderoso. Insulza no ha escuchado o no le importan los opositores enjuiciados ni de los presos políticos ni de la ley mordaza ni de los exiliados ni de los obispos amenazados. Lo que sí sabe, oh, eso sí que lo sabe bien, es que a Evo le gusta que lo llunkeen y ahí viene baboso e inflado como un enorme zepellin lleno de gases . "Evo -le dice Insulza a nuestro presidente- tú y yo nos parecemos mucho, la única diferencia es que a mí el destino me hizo nacer chileno, obeso, calvo, blanco y con plata y a ti indígena, moreno, boliviano, con pelo, buen mozo y pobre. Bueno, también porque yo estudié una maestría en Yale mientras tú fuiste trompetista. Pero por lo demás, tú y yo somos arroz del mismo saco, soya de la misma torta, coca del mismo catu. Los dos somos de izquierda, claro que tú algo más que yo, a los dos nos gusta viajar en avión e ir de país en país viéndonos con los presidentes y hablando en reuniones. Además, a los dos nos agradan mucho los chilenos ¿no es eso una señal?"

Insulza es pura inmundicia. Uno más y ya nos vamos acostumbrando. Ojalá cuando las cosas cambien tengamos memoria y prohibamos a los Insulza, a las Yakusawa y a todos los tipitos de los organismos internacionales que tanto daño nos hacen, volver a poner el pie en nuestro país. No creo que eso suceda. Los Insulzas y la Yorikos se harán las opas y cuando llegue la próxima revolución vendrán a explicarnos que esa sí es la definitiva y que es un ejemplo para todas las Américas y que por fin vamos a estar bien. Y el próximo pícaro que nos toque en suerte también los escuchará convencido de que se merece todas las alabanzas y de que se va a quedar en el palacio quemado por dos mil años y les impondrá a los futuros yorikos e insulzas la orden del cóndor de los andes de litio en tercer grado y firmará otros tres, o cuatro o veinte acuerdos de cooperación técnica que tampoco servirán para un carajo como no sirven para nada los firmados el otro día con el repulsivo Insulza al que, Dios me ampare, me cuesta desearle algo bueno.