jueves, 9 de diciembre de 2010

La Diplomacia boliviana y su institucionalidad en los “tiempos de cambio”

Alberto Muñoz Céspedes
albertcesp@yahoo.com

Muchos ciudadanos y muchos de ellos servidores públicos en ejercicio creyeron que las transformaciones estructurales que se impulsaron en el país a través de la Asamblea Constituyente darían paso a la emergencia de una verdadera institucionalidad del Estado. Sin embargo, a poco tiempo de andar el proceso de cambio, liderado por el gobierno de Evo Morales, de la gran ilusión colectiva se paso a la frustración generalizada al evidenciarse que los tiempos de cambio no sólo repetían las viejas prácticas pasadas tan criticadas por sus defensores sino que aún las profundizaban.

Quizás el ejemplo más claro de esa percepción ciudadana antes mencionada se de en el Ministerio de Relaciones Exteriores. En los tiempos de la República la Cancillería ha intentado institucionalizarse con pasos importantes como la promulgación de la Ley del Servicio de Relaciones Exteriores Nº 1444, de febrero de 1993 promulgada en el gobierno de Jaime Paz Zamora. En esta norma se reconocía un escalafón diplomático conformado por funcionarios de carrera en su mayoría formados en la Academia Diplomática.

Este avance significativo para el Estado boliviano sólo ha quedado en los aspectos formales puesto que la influencia de la política coyuntural ha implementado una práctica contraria al espíritu de fortalecer la institucionalidad de la Cancillería. Nadie puede negar que durante este periodo fueran más importantes las relaciones políticas y de amistad que el mérito y la formación. Muchas decisiones se tomaban en función de conveniencias e influencias de cálculos políticos que distorsionaban la naturaleza institucional de la Cancillería.

Sobre la base de un análisis imparcial, en los tiempos de la República o más propiamente de la Democracia Pactada, el Ministerio de Relaciones Exteriores se consideraba una dependencia gubernamental de la misma naturaleza que por ejemplo el Ministerio de Gobierno o de justicia. Es decir respondiendo a una mirada coyuntural y confundiendo la gestión política, de corto plazo, con la gestión pública. Desde esta perspectiva la consecuencia fue que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia tenga su actividad condicionada al Poder Ejecutivo de turno y su lealtad deje de estar con los intereses del Estado boliviano y más bien se circunscriba a los intereses de los gobernantes/politicos de turno.

Sin duda, existían acuerdos tácitos que finalmente hacían de la norma, en este caso la Ley 1444, u artefacto decorativo que expresaba "buenas intenciones" pero que en la realidad permitía una convivencia inapropiada entre influencia política y actividad diplomática prostituyendo a los diplomáticos de carrera que eran formados en la Academia Diplomática y obligándolos a transar con el entorno político de turno. Nada nuevo para un país en el cual, al menos desde el año 52 por no irnos más atrás en la historia, los "partidos políticos" intentaron cooptar las instituciones estatales para beneficio particular o de los suyos.

Los mentados diplomáticos de carrera eran más bien diplomáticos a la carrera y claramente su compromiso con el país no era el de servir a su sociedad sino el de servirse de ella. Finalmente la defensa de la "carrera diplomática" no se la hacía como parte de un compromiso con el país sino como la manera de garantizar la estabilidad laboral de muchas personas cuando cayera el gobierno de turno al que se habían visto inducidos a coquetear no sólo en tiempo electoral.

En este contexto la mayor habilidad de los funcionarios diplomáticos no fue precisamente el arte de la DIPLOMACIA, sino más bien la práctica del tránsfuga que bajo el falso argumento del peón que trabaja por su país se acomodaba a los caprichos y vaivenes políticos que dominaban el Ministerio. Una época todos los "diplomáticos" se vestían de rosado y otra de azul – naranja.

Por eso, cuando se hablo de un proceso de refundación del Estado boliviano se guardaba la esperanza de que por fin se diera inicio a un proceso de institucionalidad en el país que en el caso de la Cancillería se pudiera restituir su naturaleza como institución del Estado y no sólo del Gobierno. Que se pueda entender que cuando la Constitución Política del Estado y las normas señalan que: "La conducción de las relaciones exteriores de Bolivia son atribución constitucional del Presidente" no lo son en cuanto a su condición de Jefe de Gobierno sino de Jefe de Estado.

Expresado de manera más prosaica, que un Ministerio de Relaciones Exteriores no pertenece a un Presidente o a un gobierno sino a un Estado y que no se puede conducir una institución estatal en base a lo caprichos o percepción del momento de una persona o grupo de personas por muy legal y legitima que haya sido su constitución como gobierno.

Además, esto implica que el diplomático no es un funcionario gubernamental sino que es un funcionario estatal que responde a cada uno de los nueve millones de ciudadanos bolivianos. De ahí que su responsabilidad es tan grande y sus acciones deben estar siempre ajustadas a los intereses no de un gobierno sino del Estado boliviano. Esto que parece tan abstracto en la práctica se traduce en hacer notar al Poder Ejecutivo en ejercicio el impacto de sus decisiones y no necesariamente aceptar irreflexivamente o pasivamente las instrucciones que vienen de Palacio Quemado o de las autoridades superiores de la institución.

Llego el tiempo de transformaciones estructurales expresadas a partir del nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia, se dejaba atrás el fundamento republicano, y se abría un espacio de inflexión para dar origen institucional a un Ministerio de Relaciones Exteriores basado en la ecuación:

Sin embargo, tras cinco años de gobierno ¿cual es la situación del Ministerio de Relaciones Exteriores? La realidad evidencia que la poca capacidad técnica que había en el Ministerio ha sido desmantelada bajo el argumento que los "diplomáticos de carrera" tenían una visión neoliberal. Se han sumado profesionales y no profesionales a realizar las actividades que implica el llevar adelante la Política Exterior de un país rompiendo la idea de Tayllerand, seguida por el mundo diplomático como expresión de institucionalidad, de que "en diplomacia se puede hacer todo menos improvisar".

La realidad muestra que mientras los "diplomáticos del proceso revolucionario" aprenden el arte de la diplomacia, y los "diplomáticos republicanos" son perseguidos por ser todos neoliberales y oligarcas es el "grupo de iluminados", profesionales que vienen del mundo de las ONGs alter mundistas y de raíz en el comunismo marxista, quienes toman las decisiones estratégicas de la política exterior del país pensando no tanto en los intereses del Estado Plurinacional sino más bien en la estabilidad del Gobierno actual.

El absurdo es tal, que en la Academia Diplomática ya se ha capacitado una promoción de "diplomáticos del proceso revolucionario" pero de esta promoción sólo aquellos egresados que han "jurado" lealtad al proceso de cambio y al gobierno liderado por Evo Morales fueron habilitados para trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Se puede evidenciar, como ejemplo, que en el Servicio Central el personal diplomático de la Cancillería en un 60% ha tenido que hacer valer su adhesión al Movimiento al Socialismo (MAS) para poder ingresar otro 20% ha tenido que utilizar sus nexos personales para poder ingresar a pesar que muchos no están de acuerdo con el proceso de cambio. Solamente entre un 10% a un 7% (y no necesariamente son los "diplomáticos de carrera") son los funcionarios que están por vocación de servicio y compromiso con el Estado y los ciudadanos del país. Estos últimos desde luego en puestos subalternos.

No se trata de satanizar a las personas que han sido incorporadas al Ministerio de Relaciones Exteriores haciendo primar su afiliación al MAS, o del conjunto de profesionales que vienen de ONGs sin haber centrado su formación en la Diplomacia peor aún de creer que existe una "casta de diplomáticos" que por haber egresado de la Academia Diplomática y haber obtenido un título son los únicos capaces para dirigir la Política Exterior del país.

De lo que se trata es de ser coherentes con el proceso de transformaciones, de no caer en las malas prácticas republicanas, y fortalecer una institución tan necesaria para el Estado Plurinacional como es el Ministerio de Relaciones Exteriores. De formar una institución con masa crítica, capacidad técnica y compromiso sociopolítico por alcanzar el desarrollo integral del país en su conjunto.

Una institución en la que la mayoría del personal entienda que no basta con tener experiencia en la dirigencia sindical, no basta con tener un o varios PhDs o Doctorados, no basta con haber egresado de la Academia Diplomática sino que ante todo se requiere vocación de servicio público y probidad en toda la actividad que se realiza para salir del escenario de la improvisación y no caer en la idea que el Ministerio de Relaciones Exteriores depende de un líder, de un grupo o de un partido.

Los varios ciudadanos que se han sumado a la planta de personal de la Cancillería, como todo el país en su conjunto, deben entender que esta institución por sus características no es como cualquier otro Ministerio, donde se juegan intereses importantes pero no los de la patria no los del Estado, y que se requiere con mayor profundidad de la "Ética Pública" porque finalmente que es un diplomático sino un hombre comprometido con el servicio desinteresado a su comunidad.

Esperemos que la nueva Ley del Servicio Exterior que va promulgar el gobierno venga imbuida del espíritu que permita fortalecer el Ministerio de Relaciones Exteriores como institución del Estado Plurinacional por ende de todos los bolivianos y no como lo que tanto se critico, con razón o sin razón, del pasado republicano: "el convertir a la cancillería en un botín político".

Finalmente, en justicia será importante decir que las personas que están prestando sus servicios en el Ministerio de Relaciones Exteriores (tanto en La Paz, las Misiones Diplomáticas y Consulares en el Exterior) lo hacen de manera sacrificada y comprometida con el país, así lo queremos pensar, y para desarrollar todo su potencial necesitan de una verdadera institución/institucionalidad.