viernes, 28 de enero de 2011

EL MEJOR NEGOCIO DEL MUNDO

Fabian Restivo
unfotografo@hotmail.com

Me quedé pensando que lo más difícil debe ser encontrar a quien no lo hizo.

¿Quien no pensó en eso? ¿A quien no se le ocurrió? ¿Por que no lo hizo? Difícil, porque quizá todas las preguntas apunten a la propia garganta y la respuesta honesta, debería ser "yo".

Hace doce años, una amiga, Gabriela (que en ese entonces era mi amiga), me dijo: vení, tienes que ver esto, es algo muy lindo que no vas a encontrar en tus vueltitas por el mundo.

Mientras íbamos andando en el frio de la noche, ella se sintió inteligente contándome el chiste eterno. Dijo : sabias que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que el cree que vale?. Escuché ese chiste en todos los países donde estuve. Igual me reí. Nobleza obliga.

Entramos en un bar que me recordaba los Pubs argentinos, que eran una mala copia vernácula de los ingleses, y nos sentamos en una mesa frente al escenario. Era el Equinoccio. No voy a traducir, solo contare en vivo mi impresión de recién llegado: sobre el escenario en penumbras, una fila como de veinte músicos con unos ponchos rarísimos, con instrumentos, algunos conocidos y otros no, y adelante un mujer de rulos, con pinta de Flower Power atravesada por un aire campesino que le venia muy bien a la autoridad que imponía sobre el escenario, sentada con una guitarra, que en un momento dijo: vamos maestro. Y aquello comenzó a sonar. Era el 111, ejecutado por Jenny Cardenas y Música de Maestros. Le siguieron todas las canciones de la Guerra del Chaco y a pesar de la pobreza de la puesta en escena, aquello fue de verdad increíble, dramático, emocionante, bello, honesto, solvente.

Cuando terminó la presentación solo dije "mierda…in-cre-i-ble". Gabriela que ya se había sentido inteligente, se sintió triunfante y dijo: si pues gauchito, así somos los bolivianos: increíbles.

Pasaron todos los doce años desde aquella noche que precedió a otras noches, otros artistas, otros escenarios, otros personajes de la cultura. Y casi siempre se me afirmó la palabra: increíbles.

Ayer volví a escuchar el disco que compré aquella vez y la primera pregunta sorpresiva y sin respuesta fue: porque esa obra no fue conocida en el mundo y no forma parte de las colecciones que andan por ahí? Quien no pensó en eso? Porque no se hizo? . Porque no se conoce en el mundo, prácticamente nada del arte boliviano? (para lo que se produce en Bolivia, los 4 que se conocen es NADA).

Hoy estaba viendo la agenda probable de artistas que vinieron y que vendrán durante el año. Eso ya es una buena noticia. Los hay buenos y de los otros. Todos tienen atrás un empresario que "los vende" y una empresa que los promociona. Todo privados, que entienden la relación arte – dinero. Y me viene la segunda pregunta: porque nosotros no? Tenemos artistas como para hacer dulce. Corrijo mi pregunta: porque mierda nosotros no?

Doce años después, anoche, hablando de esto con Gabriela, pude responderle el chiste de aquella vez. Le dije: tengo el mejor negocio del mundo: comprar a un boliviano por lo que cree que vale, y venderlo por lo que realmente vale.

Gabriela no se rió.