martes, 4 de enero de 2011

Radiografía del conflicto por el gasolinazo

Javier Perez Mendieta
javiercspol@gmail.com

El proceso conflictivo del gasolinazo, o nivelación de precios como señala el gobierno, tiene diversas facetas o ámbitos de análisis. En este artículo, breve para no dormir al lector, mi único interés es desmenuzar las condiciones, y consideraciones, internas del manejo de la medida.

Nicolás Maquiavelo señalaba que las medidas impopulares deberían tomarse de una vez y en el momento de mayor popularidad del príncipe. El gradualismo, recomendado por diversos analistas económicos, no formaba parte de la receta, además de resultar anacrónico. El gobierno, en los conflictos que tuvo, siempre había salido victorioso por medio del desgaste y descalificación de las medidas de presión contra las impopulares medidas tomadas (prohibición de la importación de vehículos, restricción a la exportación de oleaginosas, ley de pensiones, para mencionar algunas).

En esta ocasión, el cálculo político gubernamental resultó equivocado. Se pensó que la cooptación de dirigentes de movimientos sociales, o la división de la dirigencia (Central Obrera Boliviana, FEJUVE de El Alto, etc.) sería suficiente para neutralizar el impacto impopular de las medidas. El dato relevante en este proceso fue la confirmación de la ruptura del principio de autoridad y legitimidad a todo nivel. Las juntas de vecinos interpelando a sus dirigencias, y algunos sectores de la COB, instando la renuncia de su dirigente máximo.

El gabinete ministerial, fiel a su libreto, descalificaría y minimizaría las medidas de presión del jueves 30 de diciembre. El mismo presidente señalaría la ausencia de conflicto en cinco departamentos (hasta donde recuerdo Bolivia tiene 9 departamentos y no 14). La situación desbordó los cálculos gubernamentales y los diques de contención que se suponía serían los dirigentes sindicales. Es más, la situación parecía resultar incontrolable luego del año nuevo.

Los manuales de comunicación y marketing de gobierno señalan que aún de una situación de derrota, debe construirse una realidad que aparente victoria. En otras palabras "mostrarse victorioso a pesar de la derrota", al retroceder en su medida. Eso lo entendió el gobierno y construyó un discurso de justificación (es importante destacar la labor de comunicación interna del gobierno: "todos dicen lo mismo", otro caballo de batalla de la comunicación política). Resulta incomprensible pensar que "el gobierno manda obedeciendo". De esa forma, el gasolinazo ni siquiera hubiera sido dictado. ¿En la primera ocasión no se consultó y desbordado el conflicto, sí?.

El gobierno, en otra circunstancia más, conocedor de la intensa relación carismática que tiene el presidente con sectores sociales favorecidos, apela al síndrome de Estocolmo extendido como reguero de pólvora entre la población. Vítores se escuchaban en la noche vieja conocida la noticia de que el "hermano presidente había escuchado al pueblo", los mismos que antes reclamaban airadamente su renuncia. Relación típica de situaciones emocional y no racionalmente cargadas.

El proceso de conflicto evidencia la ruptura entre dirigencias y bases de los movimientos sociales respecto a las medidas gubernamentales y la necesidad del gobierno de entender, con los pies en la tierra, de considerar el impacto real de sus medidas, sin subestimar a sus movimientos sociales y la sociedad civil no organizada.