martes, 29 de marzo de 2011

SIN ÉTICA, NO HAY PARAISO

Lavive Yáñez Símon
lavivey@hotmail.com

Remontarnos al pasado como autodefensa a la crisis humana que estamos viviendo, y no atacar sus causas nos dejará como siempre, con soluciones parches de sus efectos.

Justificar los errores y sacar culpables de la historia no nos liberara de las responsabilidades directas o indirectas que tenemos todos al haber equivocado el camino. Esta práctica, a convertido la crisis en una megatendencia: la paz social violentada por las inconformidades económicas, políticas e incluso étnicas y religiosas, las empresas no logran sus objetivos porque no hay paz social y seguridad jurídica, la juventud extraviada en un marasmo de estímulos falsos; para colmo, la ecología se deteriora y nos ataca ante la mirada pasiva de quienes tienen la obligación de actuar con políticas claras de prevención para no dejarle, como hasta ahora, la responsabilidad de nuestras obligaciones a la solidaridad de los pueblos.

No perdamos el tiempo buscando la crisis en la economía, en las fuerzas políticas, en la ecología; la experiencia nos señala que el origen de los conflictos del pasado y del presente está en la carencia o ausencia de valores, no aceptarlo es negar la posibilidad de un verdadero cambio.

Siguen siendo bandera política el alivio de los efectos de la crisis: la pobreza, la enfermedad, el abandono, la protección del medio ambiente entre otros temas que aquejan, lo que nunca se ataca son las causas de la crisis; por ello, aún en el siglo XXI, seguimos subdesarrollados en lo tangible y lo intangible, porque la miopía que provoca la ambición, carente de valores, no permite atacar las causas de la crisis: la educación en valores.

Necesitamos madurez para enfrentar los desafíos éticos, retomar los valores en la toma de decisiones o cuando se diseñan políticas vinculadas a la economía o al desarrollo. Ello implica debatir algo que siempre está en la consideración, pero no en acciones, el tema de la corrupción. La política de la oportunidad no condice con los discursos arrebatadores de esperanzas de solidaridad, superación de la discriminación, respeto por la dignidad humana de los desfavorecidos, respeto por el derecho a disentir, entre otros que siembran sueños, sin que hasta ahora, podamos cosechar realidades.

Estamos atrapados en la mediocridad, y nuestro futuro depende de los valores que sepamos cultivar en los niños y jóvenes; porque si analizamos nuestra lucha está centrada en cómo vivir y no porqué vivir, y es así que vemos tantos niños en las calles tratando de llenar sus vacíos con drogas y los políticos fabricando paraísos falsos que llenan los huecos existenciales de los ingenuos.

Hay críticos que dicen que en algún punto nos extraviamos, pero analizando la historia puedo concluir en que nunca conocimos otros caminos y si alguien los visualizó no tuvo el coraje para enseñarlos, o quizás como muchos, entendió que es más fácil obedecer que mandar y se programó al sistema de la mediocridad. Fenómeno que acarrea indiferencia, cinismo y es el caldo propicio para la delincuencia.

"Aprender para progresar es el axioma y la ética es el marco de referencia para asegurar que estamos en el camino correcto". La acción sincera, marcará la diferencia.