viernes, 23 de septiembre de 2011

La feria de Santa Cruz, esa bochorno

Amalia Gonzalez Riveros
g.riveros47@hotmail.com

La presentadora del noticiero de Unitel nos anuncia que se van de inmediato con su corresponsal, que se encuentra en el stand de cerveza paceña en la Feria de Santa Cruz. Cronometro el reporte: un minuto y medio, casi dos. Durante ese tiempo no se habla ni una sola vez de la bebida fermentada, ni de las novedades en el sector cervecero y todo se reduce a mostrarnos a las azafatas que pululan, ese es el término exacto, por el stand. En honor a la verdad, algunas azafatas llevan una cerveza en la mano. Bueno, algo es algo.

Trato de ver "No mentirás" en PAT. El programas es una especie de monografía sobre las azafatas de la feria: largos paneos de sus traseros, zooms sobre sus pechos, un breve repaso por el rostro y de vuelta a los traseros. "No mentiras" le dedica larguísimos minutos a la las azafatas "haciendo pasarela", mostrando sus cuerpos y sus modelitos exiguos. El presentador, que es evidentemente un baboso, se regodea eufórico al hablar de unas hermanas bailarinas que llegaran desde Buenos Aires y de una azafata que viene de Paraguay. Si ud. trata de saber cuales son las novedades comerciales de la feria, es porque Ud. se ha equivocado de programa, de canal, de país y de mundo ¿a quién le importa cuantas toneladas de soja se han vendido?, lo importante es saber qué piensa la señora Riquelme.

¿Cuándo la Feria de Santa Cruz se ha convertido casi exclusivamente en una pasarela para las magníficas? ¿Esa es la imagen comercial que los cruceños quieren exportar sobre su condición de locomotora económica de Bolivia?

A los y las que no vivimos en Santa Cruz, nos da crecientemente la impresión de que la Feria es un evento organizado por Promociones Gloria. Quiero pensar que deben existir dos ferias paralelas, una que hace ruedas de negocios y que no se ve o sólo se puede ver si uno se encuentra allí, en los galpones de la feria y otra que nos traen los medios de comunicación, un espectáculo machista, indigno y superficial, donde los hombres de negocio y los empresarios no son más que figuras anecdóticas y donde la azafata, su poto y sus pechos, son lo único importante.

"He ahí otra colla vieja, fea y envidiosa" deben pensar muchos hombres y seguramente, sobre todo, muchos hombres cruceños mientras leen estas letras. Está bien. Puedo aceptar lo de colla, fea, y vieja, pero no lo de envidiosa. Soy una mujer de izquierda y creo que todo trabajo es digno, también el de azafata de la Feria de Santa Cruz, pero, créanme, no puedo sentir envidia por unas mujeres que se exponen como si sólo fueran un vulgar pedazo de carne. No puedo sentir envidia por mujeres que no sienten ningún reparo en reducirse a autómatas que hacen pasarelas frente a un rebaño patético de hombres babeantes.

Por ello, respeto a las azafatas, salvo a las que creen que lo que están haciendo es importante, esas me dan un poco de lástima. Son los hombres que han convertido la principal feria comercial de Bolivia en una gigantesco table dance, los que me provocan desprecio. Convierten a las mujeres en ganado, en objetos de decoración y externalizan una imagen de la mujer cruceña repleta de superficialidad, banalidad y falta de nteligencia. ¿Esa es lo que los cruceños quieren para sus hijas, que su máxima aspiración sea ser magnifica, miss warnes o candidata a miss bolivian trophic? Pues bien triste.

Pero es que además esa imagen, que los medios de comunicación cruceños como PAT están empeñados en mostrarnos, es, creo yo, falsa.

No todas las mujeres cruceñas aspiran a ser Miss Caña de Azucar, aunque, al paso que vamos, eso pasará algún día. Estoy pensando en tantas mujeres cruceñas dignas, inteligentes y valientes. Voy a mencionar a algunas de ellas y lo haré juntándolas a todas, independientemente de sus posiciones ideológicas e independientemente de que yo esté de acuerdo o no con ellas: Susana Seleme, Gabriela Montaño, Betty Tejada Jessica Echeverria, Paula Peña, Centa Reck, Maggy Talavera y tantas otras, decenas y decenas de ellas. Estas mujeres quizás no puedan (o no quieran) levantar su voz frente a ese espectáculo bochornoso en el que se ha convertido la Feria de Santa Cruz. Lo haré yo. Puedo darme ese lujo, porque soy kolla, vieja y, seguramente, también fea.