martes, 25 de octubre de 2011

LAS CAUSAS JUSTAS NO REQUIEREN DE VIOLENCIA PARA IMPONERSE

Eduardo Campos Velazco
eduardocamposdc@yahoo.es

Ese parece ser el corolario de la Marcha del TIPNIS. Finalmente, luego de largas y dramáticas jornadas, los pueblos indígenas del Isiboro Sécure han logrado imponer sus demandas. No fueron suficientes ninguna de las maniobras del gobierno; ni las acusaciones temerarias en contra de sus dirigentes, ni la abominable intervención, doblegaron su voluntad de defender su causa.

La lección, es para todos; en particular debiera ser para el gobierno, el que aún luego de la promulgación de la ley corta (con la inclusión de la definitiva suspensión de la carretera por el corazón del parque), persiste en sostener que existen "algunos indígenas" que quieren la carretera por el mismo TIPNIS y que todo se trató de una conspiración en contra de Evo Morales.

Que paradójico, el gobierno que se reclama representante de los pueblos indígenas, los pobres y excluidos de este país, finalmente presionado por la entereza de los marchistas y el apoyo generalizado de la sociedad boliviana, no tubo más remedio que aprobar un ley que echa por tierra su pretensión de construir la carretera por el territorio indígena.

En estos días, en estas semanas, como nunca en el pasado, los bolivianos han reflexionado con algún detenimiento sobre la situación de los pueblos indígenas y no cabe duda que producto de ella, se ha posesionado un sentimiento de respeto, reconocimiento e inclusión, que no pudo conseguir ni el propio MAS cuando enarbolaba las demandas étnicas.

El gobierno sumido en sus contradicciones, no pudo impedir y menos tergiversar el apoyo incondicional que todos los sectores del la sociedad boliviana brindo a la marcha. Aparentemente lo que más les molesta – particularmente al presidente Morales- es que ahora se ha logrado una conciencia nacional a favor de los pueblos indígenas, superando de lejos aquella que quisieron dirigir y controlar. Han perdido el monopolio de la representación indígena y con ellos, la posibilidad de manipular y concentrar fuerzas electorales.

No le gusta al partido de gobierno que las banderas indígenas sean ahora de todos; no les gusta que el oriente, el occidente y el sur del país, hayan finalmente asumido como suyas las demandas de los indígenas; no les gusta que otras expresiones políticas de izquierda y derecha (incluso sectores conservadores), hayan manifestado su apoyo a las justas demandas del TIPNIS; no le gusta que la población urbana del país en general, hayan hecho suyas las demandas de la marcha.

De repente, producto de las propias acciones del gobierno, la gran mayoría de los bolivianos ahora reconoce que existen otros grupos étnico culturales que tiene los mimos derechos que todos. Finalmente se ha logrado una conciencia de unidad a favor de los indígenas del país, cosa que ni el discurso furibundo del MAS logró obtener.

Ese salto cualitativo que se ha producido en la sociedad boliviana, debiera alegrar al gobierno, porque finalmente se ha logrado un pacto colectivo de unidad nacional que tanta falta hace; sin embargo, de manera contradictoria, no es así y es indisimulable el sentimiento de derrota que embarga al gobierno.

Por supuesto que ha sido una derrota para el Movimiento Al Socialismo; pero no como ellos creen, producto de una conspiración generalizada en contra de Evo Morales. La derrota, es por su falta de correspondencia entre su discurso y sus acciones; la derrota, es por su falta de compromisos con los postulados que enarbolan; la derrota es por las inadmisibles acciones que han ejecutado en contra de los indígenas del TIPNIS.

Mientras el presidente indígena, defensor de la madre tierra, líder espiritual y político de los pueblos indígenas del continente, se niega a reconocer la justeza de las demandas del TIPNIS y recurre a las más burdas maniobras que le franquean el poder que dispone, los ciudadanos de este país, indistintamente de la región en la que viven, de su condición económica, su preferencia política, su grado de instrucción, etc., etc. de manera militante han expresado su apoyo a las demandas de la marcha.

Esa es la derrota que ha sufrido el gobierno, esa es la magnitud de su fracaso y ese el motivo para que en el mismo acto de promulgación de la ley, Evo Morales y sus acompañantes (ministros y parlamentarios oficialistas) no hayan podido disimular su molestia y desazón.

Tres conclusiones pudiéramos sacar de la experiencia que hemos vivido todos. Por una parte, no es posible imponer la voluntad del poder, por más que el mismo tenga respaldo electoral, cuando lo que pretende hacer, está en contra de los intereses colectivos; las demandas étnicas que el pasado, particularmente desde que el MAS monopolizo esa representación, ocasionaron enfrentamientos en la sociedad boliviana, ahora son motivo de unidad nacional y; la última - probablemente la más importante - las causas justas no requieren de violencia para imponerse.