jueves, 3 de noviembre de 2011

Replica a la respuesta de Diego Ayo

Eduardo Campos Velasco
eduardocamposdc@yahoo.es

Los acontecimientos que vivió el país en las últimas semanas, mantuvo tan ocupados - creo a todos - que francamente me resulto imposible dedicarle tiempo a la repuesta de Sr. Ayo. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, no voy a perder la oportunidad de debatir el tema.

En respuesta a varias observaciones que hice a su trabajo, Ayo concluye que no comparte ninguna, argumentando que las mismas (las críticas) son cortoplacistas y que no abordan los temas centrales que deben merecer análisis profundos y respuestas concretas.

Para descalificar las criticas, reitera un conjunto de cinco tensiones que a su entender son las fundamentales para fijar el rumbo del coche en curso; él dice: "lo importante es ver donde va el coche y no si la puerta tiene raspaduras". En réplica a esas afirmaciones, yo le diría que "no vasta mirar las cosas para verlas bien".

Pero no nos quedemos en el leguaje figurado y vayamos al fondo del tema.

Ayo dice que la primera tención "verdadera" se da entre "capitalismo ilegal, especulativo y para pocos y un capitalismo distributivo de contenido social". En mi criterio, la disyuntiva que plantea resulta una variante de la vieja contradicción entre capitalismo y socialismo que no se amina a llamar las cosas por su nombre.

El "llamado" capitalismo distributivo de carácter social, que nos propone Ayo, se parece mucho al estatismo estalinista que bien conocemos y que tantas frustraciones ha ocasionado a tantas sociedades. El "contenido social" que se asocia a ese "capitalismo distributivo", indisimulablemente está haciendo referencia a una economía planifica, estatista y no sabemos si endógena, como comúnmente se la conoce.

Amen de los términos empleados, no difiere fundamentalmente de "capitalismo andino o el socialismo comunitario planteados por Alvaro García Linera y, más bien, refuerza la visión "socialista" de controlar la economía desde el estado, tan común de los regímenes populistas. Por otra parte, se advierten imprecisiones que no permiten una valoración cabal de los atributos y defectos del sistema capitalista.

"Capitalismo ilegal" se puede inferir que son aquellas actividades productivas y/o comerciales que evaden un conjunto de normas y esta al margen de la ley. El narcotráfico por ejemplo, el contrabando, el tráfico de armas, etc., etc. En cambio, el carácter especulativo del capital, esta presente, tanto en el legal, como en el ilegal. ¿Acaso no se puede tipificar de especulación, el alto valor del metro cuadrado en el centro de la ciudad de La Paz? Ese es un precio de oportunidad determinado por la alta demanda de terrenos y siendo especulativo, no es ilegal.

Que el capital es concentrador de riqueza, tampoco es una novedad y más bien, lo que se pretende desde las acciones estatales y la gestión de los emprendimientos económicos sostenibles, es regular y limitar que se produzca una concentración desmedida. Gravar con más impuestos a los dividendos generados es una medida que actualmente se debate en todas las economías, no como una vía para modificar el carácter concentrador de riqueza que general el capital, sino para corregir sus efectos.

La contradicción de nuestros tiempos, no está entre un capitalismo malo y uno bueno; pero aún, si el bueno es tan similar al famoso socialismo real de la extinta URSS. Resolver las asimetrías que produce el libre mercado, no pasan por remozar las experiencias estatistas del pasado.

En definitiva, uno se pregunta: ¿que nos está proponiendo Ayo?, ¿que retomemos la experiencia del estado del 52 y su economía?, ¿qué el estado se dedique a la creación de empresas estatales, como CartonBol, PapelBol etc., etc.?

Por supuesto que por esa vía, no se resuelven la producción y productividad, la competitividad, el acceso a mercados y menos la generación de riqueza y peor aún la redistribución.

La segunda "tensión creativa", entre un "hiperconsumismo y la necesidad de alentar una consecución de derechos sociales y económicos relativamente generalizados", nos plantea – igualmente - una imprecisa construcción de la disyuntiva. Se enfrenta al consumismo, como efecto del éxito económico, con las precarias condiciones de grandes contingentes de población, cuando en realidad la contradicción en este caso, debiera estar referida a los niveles de inequidad que provoca la concentración del capital. No es pues el consumismo el principal efecto de la concentración del capital, sino el control del poder y las decisiones. Por lo demás el consumismo, no deja de ser un factor que alienta la producción y per se, tampoco es malo; sin demanda, no hay oferta. Sin consumo no se consolida una economía.

Una manera de enfrentar la generación de asimetrías y las inequidades que produce la economía de libre mercado en la sociedad, se funda más bien en un conjunto de acciones estatales que regulan su accionar y protege a los grupos vulnerables que no acceden a los beneficios de la dinámica económica, destinando recursos públicos para generar condiciones de un acceso equitativo a las mismas y reponiendo y superando constantemente las inequidades que se generan.

La tercera tensión que nos presenta Ayo, entre un modelo "extractivista o neoestractivista y un modelo respetuoso de la vida", retoma una vieja disyuntiva entre crecimiento y desarrollo que en la teorías y la práctica ya han sido superados. El dilema, reaparece para los regímenes populistas y estatistas que han emergido en los últimos años en América latina, los que en su afán de consolidarse como una alternativa social y económica para sus sociedades, se ven en la necesidad de disponer de recursos económicos que hagan sostenible su poder, motivo por el cual, sin el mayor reparo, recurren a la explotación de recursos naturales, fuente de riqueza fácil que da estabilidad política.

Habrá que superar ese criterio muy general de atribuirle defectos per se al estractivismo y reflexionar no sobre el uso de los excedentes que se generan. Por supuesto el estractivismo esta fuertemente relacionado con la consolidación de economías rentistas, pero tampoco es algo automático, sino cuando esta asociado a regímenes populistas como el nuestro.

Hablar de un "modelo" que "respete la vida" como inequívocamente contrario al estractivismo, es reducir las cosas. Uno se pregunta: ¿por qué no aprovechar los recursos mineralógicos que disponemos, sin necesariamente infringirle daños ambientales al entorno y las sociedades?

El desarrollo a escala humana, el desarrollo sostenible, planteamientos teóricos y prácticos no muy nuevos, plantean claramente hacer posible el ensamble entre naturaleza, hombre y tecnología. Entonces, ¿por qué hacer una contradicción del aprovechamiento de los recursos naturales y el respeto a la vida?

Si nos quedamos con la contradicción que nos plantea Ayo, acabaremos igualmente perjudicados. Por una vía, depredando, contaminando, embargando la sostenibilidad de nuestro desarrollo y; por la otra vía, sin "tocar" la naturaleza, no podemos superar el subdesarrollo en el que nos encontramos.

La cuarta tensión, que está referida a las desiguales condiciones de intercambio entre el mundo globalizado y las economías locales, particularmente las del tercer mundo, mas que supeditadas a acciones de orden político y social, debiera visualizar las acciones económicas como factor de presión. El mundo cada vez requiere una mayor cantidad de alimentos y – felizmente – varias de las economías de Latinoamérica están constituyéndose en proveedoras de las mimas, situación que permite inferir que a futuro, los equilibrios comerciales pueden tornarse más favorables para estas.

En la medida en que las economías desarrolladas dependan de la importación de alimentos provenientes del sur, las balanzas comerciales tenderán ha ser menos asimétricas. Bolivia, paradójicamente disponiendo de condiciones extraordinarias para pasar del estractivismo de recursos mineros a la producción de alimentos, hace todo lo contrario, perjudicando a los aún débiles emprendimientos agropecuarios que dispone. Por esa vía, no sólo que desaprovecha las condiciones favorables del contexto, sino que atenta contra la propia disponibilidad alimentaria interna. La Tasa Tobías, las penalizaciones a los que contaminan el medio ambiente y otras, siendo acciones interesantes, no modificaran sustancialmente las condiciones de intercambio asimétricas en la economía, por lo menos no a corto plazo.

La última tensión que hace referencia Ayo, entre "capitalismo militarista o capitalismo inteligente" plantea un dilema esencialmente de orden político y no estrictamente económico.

Que las economías, en particular del primer mundo, destinen más recursos a la fabricación y adquisición de armas y no a los alientos y otros, es una estrategia que les garantiza el control del poder militar, pero les aleja del control económico. Hoy la demanda alimentaria en el mundo es mayor que en el pasado y aquellas economías que en el marco del libre mercado están dedicando sus esfuerzos a satisfacer esa demanda, son las que mejores niveles de crecimiento han obtenido.

En el contexto interno, no le servirá de mucho al gobierno de turno contar con más equipos, armas y pertrechos militares, si no es capaz de resolver los temas de reactivación económica, generación de empleo y acceso a elementales servicios básicos.

De manera general, Ayo, plantea 5 tensiones que no alcanzan – en mi criterio - a sintetizar los problemas de la coyuntura histórica que vivimos, aún menos las de nuestro realidad particular como país.

El mundo vive tiempos en los que ya no está en disputa si se trata de optar entre capitalismo y socialismo; asimismo, no es la principal preocupación que hayan "pocos que acumulan mucho", sino que haya lo suficiente para todos y; finalmente las salidas violentitas (armadas) de resolver las contradicción en el plano internacional, son cada vez menos posibles, salvo excepciones, lo que nos plantea una distinta manera de las relaciones entre los estados y las sociedades, en la que el ámbito económico, es cada vez mas relevante en relación a lo político e ideológico.

Vivimos tiempos en los que consolidar la democracia como sistema de convivencia pacifica, debe permitir resolver los altos grados de inequidad y los bajos índices de producción y productividad que aquejan a sociedades como la nuestra. Concebir el desarrollo como algo integral y no como mero crecimiento económico, es algo que felizmente ya no es una novedad y tiene expedientes teóricos y prácticos.

Democracia, equidad y desarrollo, son preocupaciones del nuestro tiempos que no pueden ser resueltas con viejas recetas.