miércoles, 29 de febrero de 2012

LO QUE INTERESA DE LAS TASA DE INTERES

Jose Gabriel Espinoza Yañez
gabrielespinozayaez@yahoo.com

Durante estos últimos días se ha dado a conocer uno de los principales objetivos con la nueva ley de bancos: el control de las tasas de interés. El argumento es "democratizar el acceso al crédito", lo que en primera instancia parece loable y bien intencionado. Pero permítame recordarle que el camino al infierno esta empedrado de buenas intenciones.

Bolivia ha sido uno de los países lideres en la región en regulación bancaria, gran parte del éxito de nuestro sistema bancario se ve en la ausencia de créditos a parientes o amigos de gerentes de bancos por sumas exorbitantes (a los que estuvimos muy acostumbrados por mucho tiempo). Se ve en el crecimiento del propio sistema, que ha pasado de atender en algunas pocas ciudades, a cubrir una gran parte (aunque aun falta bastante) del territorio nacional.

Pero donde realmente se observa el éxito del sistema financiero es en el extraordinario desempeño de las microfinanzas que si bien, mas allá del mito, no siempre llegan a los mas pobres, permiten que muchos agentes que antes estaban fuera del sistema, hoy por hoy puedan acceder a créditos para emprendimientos (o consumo), que a juzgar por las bajas tasas de mora, son bastante redituables (o preferibles) para estas familias. Y aquí esta todo el punto al que quiero llegar: la libertad que el sistema bancario tiene para determinar la tasa de interés es el elemento clave para el éxito de este sistema. Me explico: la tasa de interés, como cualquier precio en la economía, transmite información vital para que el sistema funcione. En este caso, las tasas de interés reflejan el costo de oportunidad, los costos administrativos y el riesgo que tiene cada entidad financiera al momento de hacer un préstamo.

El costo de oportunidad no es otra cosa que el hecho que por cada prestamista existen varios interesados en recibir préstamos, cada uno de ellos en diferentes condiciones y necesidades, y por lo tanto, disposiciones a pagar cierto interés. A su vez, el dinero no solo puede prestarse, también puede invertirse en otra actividad o en ultima instancia, quedarse abajo del colchón de sus dueños. En este sentido, quien quiera recibir dinero prestado "compite" contra los retornos que ese dinero podría obtener si se lo da a otros prestatarios o se lo coloca en otras actividades.

Los costos administrativos no solo están relacionados a la eficiencia de la entidad financiera, también están relacionados al segmento de mercado al que se dirigen. Por ejemplo, hacer 10 prestamos de 1000 bolivianos cada uno es mucho mas caro que hacer 1 préstamo de 10000, lo que significa que las entidades financieras que se abocan a los segmentos mas pobres (esos que reciben los prestamos de 1000 bolivianos) son también las que tienen costos operativos mas altos. Finalmente, el riesgo que cada uno de los prestamistas corre también debe tomarse en cuenta: deudas más riesgosas deben pagar un poco mas (he ahí el porqué de que los créditos hipotecarios sean más baratos que los de consumo por ejemplo).

Ahora bien, dicho todo esto, queda claro que determinar la tasa de interés no es una tarea simple, si es demasiado baja puede implicar que mucha de la gente que requiere prestamos mas riesgosos, mas pequeños o con alto costo de oportunidad, pueden quedar fuera del sistema financiero, lo que significa que tendrán que recurrir a los que si pueden acceder pero que obviamente les cobraran un cargo extra (usura) por ayudarlos a conseguir dinero.

Así que cuando le digan que van a democratizar el acceso al crédito, controlando las tasas de interés, póngase a pensar si es de verdad el camino correcto para lograr que los más pobres, aquellos que requieren préstamos más pequeños, costosos y muchas veces más riesgosos, sean los que en verdad se beneficien. Personalmente creo que mas bien terminara convirtiéndose en un desajuste del sistema de precios (de información) que ofrece el mercado, dejando a los mas pobres en manos de usureros que se aprovecharan de los pésimos incentivos que una medida "bien intencionada" puede causar