jueves, 11 de octubre de 2012

HAY UN CAMINO

Oscar Ortiz Antelo
oscar.ortiz.articulos@gmail.com

Las elecciones para la Presidencia de Venezuela concitaron una enorme atención internacional, por la importancia de sus resultados para la realidad latinoamericana y por el hecho de que por primera vez parecía estar en riesgo la relección de Chávez. No obstante, la victoria del presidente bolivariano y su rápido reconocimiento por la oposición, lo logrado por Capriles muestra que su eslogan de campaña es correcto: 'Hay un camino' para construir una alternativa que dé equilibrio democrático a Venezuela y que permita a los demócratas de ese país llegar al Gobierno nacional por medio de una transición institucional y pacífica.

No es un camino fácil ni estará libre de tensiones, obstáculos y diferencias, que pondrán a prueba la unidad lograda por la oposición democrática venezolana. A pesar de las expectativas que se habían generado sobre una posible victoria de Capriles, la experiencia ha demostrado, por los resultados alcanzados, que este es el mejor camino y que la prioridad en los próximos meses y años debería ser mantener el rumbo hasta lograr la alternancia democrática que tanto bien le haría a Venezuela y a muchas naciones latinoamericanas que han quedado presas de autoritarismos democráticamente electos.

Entre las bases fundamentales del gran crecimiento de la oposición, que la sitúa a tan solo cinco puntos de la mitad más uno del electorado venezolano, hay que destacar la calidad de la unidad en sí misma. Después de varios fracasos, se llegó al convencimiento de que simplemente unirse en contra de alguien, por más abusivo que sea, no es suficiente. La Unidad Democrática se unió alrededor de una visión común de país, de un proyecto común de futuro. Primero se logró el consenso sobre los principios y valores en los que estaban de acuerdo y después se buscaron los candidatos.

Otro elemento esencial es la aceptación de la realidad, dejando a un lado la sola denuncia sobre los atropellos del régimen chavista a la democracia y su concentración autoritaria del poder, por la decisión de competir con las reglas existentes, a sabiendas de que son injustas, parcializadas y desequilibradas. La unidad democrática venezolana ha decidido enfrentar estas condiciones hasta obtener una mayoría clara que vuelva inevitable la alternancia en el poder.

La renovación en el liderazgo político también ha sido crucial. Las primarias no solo se han convertido en un mecanismo para resolver las diferencias sobre quiénes deberían ser candidatos, sino que han proyectado una nueva generación de candidatos a todos los cargos electivos: municipios, gobernaciones, Asamblea Legislativa y la misma Presidencia.

En su discurso de aceptación de la derrota, Capriles demostró por qué fue el candidato y por qué debe seguir liderando a la oposición. Su apuesta a la actitud proactiva y propositiva, su negativa a responder las provocaciones del chavismo, su compromiso con la democracia y la alternancia pacífica, su posición equilibrada sobre las ayudas sociales, y su negación a que la venganza sea el motivo para llegar al poder, lo convierten en una opción clara para el futuro del pueblo venezolano, incluso para aquellos que el 7/10 prefirieron apostar a la relección de Chávez.