viernes, 9 de noviembre de 2012

En defensa de los usuarios

Javier Enrique Lopez
javier_enrique_lopez@yahoo.com

Ningún favor nos hace el gobierno central y el municipal al mantener sin incremento los pasajes de trufis, minibuses y micros.

Gran parte de la población ha tenido de alguna u otra forma un incremento en sus ingresos en el transcurso de los últimos años. De igual forma los bienes y servicios subieron de precio en los mercados. Es decir que para muchos el poder adquisitivo se mantuvo con poca variación. Pero, no para todos. Taxistas, trufistas y minibuseros no modificaron el precio establecido de pasajes pese al incremento de costos de mantenimiento, lubricantes, y también costos de consumo de su propia familia, alimentos, vestimenta, etc. No pretendamos que el chofer trabaja para su trufi.

Esta omisión voluntaria obliga a los choferes a asumir estrategias de supervivencia que tienen efectos negativos para los usuarios, entre los que se me ocurren: el trameaje, que en los hechos por lo menos duplica el costo de movilización para los usuarios que viven en las zonas más alejadas; la falta de cuidado y mantenimiento de vehículos, con el consiguiente deterioro acelerado de los mismos; la incorporación de los "surubis" como trufis, vehículos de 7 u 8 pasajeros que antes solo funcionaban en las provincias, incómodos e inseguros, por decir lo menos; la mayor competencia entre chóferes por llevar "carga completa" en todos sus tramos, lo cual genera mayor estrés e incomodidad en choferes y usuarios; y finalmente el mal trato a pasajeros.

Todo se resume en algo que es imperceptible pero peligroso para la sociedad en su conjunto, la marginalidad y el negocio basado en la maña.

El efecto positivo es que el Gobierno mantiene el Índice de Precios al Consumidor sin variaciones reales y significativas. Pero no somos tontos, y ya nos dimos cuenta que sí nos afecta al bolsillo y a la calidad de vida.

Qué hace el vice ministerio de defensa del consumidor? Se dedica a amedrentar a los transportistas que rechazaron la ley confiscatoria de bienes (en favor de quién sabe quién) con medidas no aplicadas hace años, que ahora convenientemente se desempolvan, seguramente para ponerlas luego como variables de negociación. O cree el lector que al vice, en este caso, realmente le importan los consumidores.

No es que los transportistas sean santos de la devoción. Bien organizado su gremio, hacen de la marginalidad promovida por el gobierno, una forma de vida que atenta contra el pueblo.