jueves, 22 de noviembre de 2012

LAS TASAS DE INTERES Y EL PELIGRO DE REGULARLAS

Mauricio Ríos García
riosmauricio@yahoo.com

Huelga decir que en la burbuja en la que Bolivia vive, tal vez aún no una del tipo aquel que en los medios de comunicación y pasillos académicos se puso de moda para advertir un posterior reventón y que en su momento irá a advertirse, sino aquella que hace vista gorda de lo que en las principales economías del hemisferio viene sucediendo desde 2007 y 2008, aquello que ha venido a llamarse la Gran Recesión en inequívoca comparación con la Gran Depresión de principios del siglo XX, a lo único que se ha atinado es a confundir a la gente con lo que el resabio marxismo que constantemente visita el país quisiera que la crisis internacional realmente significase.

Pues bien, desde hace al menos un año atrás, cuando empezó a discutirse la posibilidad de que el Estado Plurinacional ya no influya a la baja en las tasas de interés mediante la laxitud monetaria del Banco Central, sino que ahora, con la nueva Ley de Bancos, ya pase a controlarlas en su cada vez más torpe intento de planificar la economía al viejo y caduco estilo de los años 50, 60, 70 y parte de los 80, se ha dicho que aquellas tasas son el precio del dinero, el costo del crédito y otra serie de grandes errores de la economía estática y reduccionista, pero dado el carácter dinámico e inherente de la economía de mercado que éstas tienen en realidad, cabe advertir las muy graves consecuencias de su control, además en el marco de la crisis económica internacional.

Contrariamente a lo que de manera tradicional se presupone, las tasas de interés son un fenómeno dinámico de mercado. Las tasas de interés, además de tener componentes de riesgo y expectativas individuales por inflación esperada, muestran la relación consumo presente-consumo futuro, es el precio de mercado que permite la coordinación intertemporal entre inversionistas, ahorristas y consumidores.

Cuando, por ejemplo, los bancos centrales mantienen las tasas de interés en un nivel inferior al que el mercado establecería, y además lo hacen por un período demasiado largo e incluso indeterminado de tiempo, por un lado estimulan el consumo (o el adelanto del consumo futuro) a cambio de disminuir su renta futura. Cuando se argumenta que las tasas de interés deben ser tan bajas como sea posible para estimular el gasto, no significa que simplemente gastarán y consumirán más hoy, sino que consumirán y ahorrarán menos en el futuro.

Por otro lado, e igualmente importante, cuando los bancos centrales fijan un máximo nivel de las tasas de interés (o directamente las eliminan), muestran a los inversionistas que la economía consta de mayor ahorro disponible del que realmente existe, enviando la señal equivocada a los empresarios de que todo nuevo negocio puede ser emprendido por muy alocado y riesgoso que pareciera, y que además muestra un retorno contable que de otra manera no sería posible.

Si esto sucediese, más tarde, cuando el mercado identificase que toda la serie de inversiones realizadas por error en determinados sectores, generalmente fomentados por el gobierno central, no pueden ser terminados, debe darse el inevitable proceso de liquidación recesiva para reubicar los bienes de capital de la manera más rápida posible hacia aquellos sectores y proyectos donde sí son necesarios, que son demandados por el mercado y que además serían rentables.

Ahora bien. Cuando solamente se entiende que las recesiones económicas son malas en términos absolutos, y el argumento es que deben ser evitadas mediante el estímulo de la demanda agregada, no sólo no permiten liberar recursos para ser utilizados en el mercado de la manera más eficiente posible, sino que se mantienen proyectos que no son demandados, que nadie necesita y que, por tanto generan pérdida y destruyen capital.

Lo que entre otras cosas hizo el DS 21060 en 1985, fue disminuir el impacto de los nuevos errores que la banca central pudiera cometer en sus juicios económicos al descentralizar las decisiones sobre el establecimiento de aquellas tasas de interés. De otra manera, ¿qué haría pensar que el ente emisor, al remplazar el juicio de los individuos sobre preferir consumir en el presente a consumir en el futuro, sabe lo que es mejor para cada uno de los individuos que componen la economía que planifica?

Fue pues el control de las tasas de interés por parte de los gobiernos y sus bancos centrales lo que fundamentalmente provocó la Gran Recesión, y la persistencia, además, en un mayor control financiero lo que la está agravando, pero Bolivia parece estar decidida a repetir no sólo los errores que EE.UU., la Unión Europea y Japón siguen cometiendo para actualmente presentar condiciones de empobrecimiento cada vez más aceleradas e inevitables, sino los propios que cometió durante 40 años hasta que se dictó el 21060 como única vía posible para solucionar la depresión que la planificación central indiscutiblemente provocó.