viernes, 14 de diciembre de 2012

TRES MOMENTOS DE LA DEMOCRACIA Y UNA PROPUESTA ANTICAUDILLA

Gonzalo Rojas Ortuste
gorojas_99@yahoo.com

En los treinta años de democracia que acabamos de cumplir hemos producido tres momentos de convergencia importantes. Los tres se tradujeron en victorias electorales, veamos. La primera rápidamente evaporada, dio lugar a la constitución del gobierno de la UDP iniciando el ciclo hasta ahora sustentado de arreglos de la titularidad política vía la disputa en las urnas. La segunda, fue alrededor del denominado “Plan de todos” que era una propuesta modernizadora del Estado en los noventas. La tercera, fue la de finales del 2005 cuyo régimen estamos viviendo. Formalmente ésta última es la más relevante, pero ahora, época post-TIPNIS, sabemos que la Constitución tiene que ver más con retórica legitimadora. La segunda sobre todo nos dejó la descentralización municipal.

En conjunto, en perspectiva democrática y no sólo de régimen político, la notable energía y tiempo de dedicamos los bolivianos a la política, auténtica república tumultuosa como escribe Maquiavelo, ha dado muy modestos resultados. Si a ello agregamos la reiterada, y hoy más que nunca, vigencia del caudillismo que en su ápice tiene a un presidencialismo exacerbado, poco amigo de la concertación y el apego a la ley â€"sobre todo aquella que obliga un Estado democrático de Derecho- la cosa es más preocupante. En suma,  produjimos victorias electorales y no mucho más. ¿Pesimismo? No, sentido común; más allá de los indicadores o conceptos elaborados, basta ver el vecindario regional, seguimos a la cola en Suramérica y en América Latina en cualquier importante rubro de bienestar o sociedad de vida democrática.

Poca gente, del oficialismo o no, puede argumentar con solvencia a favor de los inequívocos rasgos de autoritarismo del gobierno. El último ejemplo, porque el “parajudicialismo” es ya bien conocido, es la reacción del masismo ante la declaración de inconstitucionalidad de la figura del desacato por el Tribunal Constitucional, que intenta apartarse del estigma de ser un órgano tomado por el poder político. Inmediatamente han sostenido que los enjuiciamientos seguirán con otra figura que persista en esa condición de desigualdad entre autoridad â€"sinónimo aquí de ungido- y cualquier ciudadano “de a pié”. Los bien intencionados, los que se esfuerzan por no ver que lo del 2006 fue una ilusión, quienes se resisten a ver que lo de Chaparina y la VIII marcha por la defensa del TIPNIS fue, verdaderamente una epifanía, una revelación del carácter gremialista del régimen solo pueden elabora argumentos de inclusión social. Lo presentaremos sin caricatura para evaluar sus méritos.

En la historia “larga”, que en Bolivia son cuatro o cinco décadas, se dice que valoraremos a este tiempo como apreciamos hoy la democratización social producto del 52. El argumento es interesante, pero es también muy funcional para cualquier gobierno que ejerza arbitrariedades presentes, con el inventario de que  en el balance serán bienes futuros. El problema aquí  es que la presente generación, tenga que “sacrificarse” en aras de un bien por venir. Lo de inclusión social ya se logró y no me parece que se lo debamos abonar al MAS sin más, sino a la acumulación democrática de los bolivianos y bolivianas que hacemos de la política la ocupación nacional por excelencia.

Así pues no podemos seguir repitiendo lo mismo, producir una victoria electoral -en el mejor de los casos- alrededor de otro caudillo, uno con más o menos carisma que los que ya pasaron por la silla presidencial y con alguno o mucho mérito. Postulo que no hemos resuelto lo principal de nuestro déficit político, que es la validación ritual y reiterada (como todo rito) del caudillo mayor, del “jefazo”. Porque lo que suele complementar la reticencia a pensar alternativas al masismo, es el argumento de que “no hay quien”, en la ausencia de una figura descollante en la oposición. Además de tener presente que el hacer política que no sea oficialista está satanizado, con afirmaciones muy parecidas a la que escuchábamos a los militares cuando se las daban de “salvadores de la patria” en los 60s y 70s, es necesario  romper ese círculo de ungir hoy a uno para que, con seguridad, nos decepcione mañana. Entre otras cosas, porque las tareas que acometa con éxito, para no hablar de lahybris del mesías del momento, son desproporcionadas y algo â€"si no mucho- tiene de esperanza ilusoria.

Como el 2014 habrán elecciones, la principal ganancia que nos dejó el agonista Dr. Siles Zuazo, y tendrán que postularse binomios a las principales magistraturas y como pienso que las monarquías son tan odiosas como las diarquías en el mundo contemporáneo, hay que demandar equipos explícitos de gobierno. Esto significa que nuestros seguros candidatos, donde sin duda estará el Presidente Morales, (no importa que la Disposición Transitoria Primera de la CPE, en su parágrafo II diga textualmente que “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de nuevos periodos de funciones”) nos presenten equipos de gobierno, si se quiere, el núcleo de su gabinete en caso de ser electos. Sabemos que es atribución del Presidente[1], pero la petición ciudadana es a los candidatos presidenciales y vicepresidenciales. De lo que se trata es saber quiénes serán sus Robespierre y sus Fouché, o si se quiere en versión anglo sajona sus Disraeli (como escribo de un envión, no deja de ser significativo que me tenga que ir a siglos pasados para señalar ministros de importancia). Ya puestos a pensar en figuras nacionales, es curioso que el gabinete de notables que me viene a la memoria es del Gral. Ovando, no un gobierno constitucional, allá por 1969 con Pepe Ortiz Mercado, Marcelo Quiroga y Mariano Baptista.

Para ponerlo con la formalidad altoperuana, demandemos ciudadanamente la explicitación, a nivel de compromiso de candidatos, las cabezas de gabinetes por áreas: económica, política, asuntos internacionales y sociales. Puede facilitar alianzas y acaso convergencias programáticas. Por supuesto la dinámica política siempre demandará cambios y los famosos enroques, pero ya será ilustrativo saber en quiénes se está pensando para las responsabilidades de Estado que ya es hora que deje de ser fruto del llunkerío, la improvisación o el enriquecimiento personal/gremial. Sé que el país cuenta â€"como también ha tenido algunos en el pasado- con esa gente: mujeres y hombres, originarios y contemporáneos, cambas y collas. Hay tiempo para ir preparando eso, para no seguir tropezando y seguir de tumbo en tumbo.
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[1]Justamente se trata de amenguar esa aura que ejerce gran fascinación.Yo mismo en mi primer libro sobre Democracia en Bolivia (1994), abogué por la figura presidencial, a contramano del modelo consociativo (poder compartido) que buscaba difundir y adaptar al país.