lunes, 18 de febrero de 2013

LA JUDICIALIZACIÓN DE LA PSICOLOGÍA (DEL DIVÁN AL BANQUILLO.)

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

En el mundo al revés, el psicópata aupado por su defensor, acude al psicólogo/terapeuta, para que esté le dé la razón. Pide al profesional que le de soporte a su violencia, que le proporcione un cimiento retroactivo al origen de su maltrato, para que de esta manera se satisfaga a la sociedad.

"Usted seguramente de niño sufrió maltrato, violencia física, verbal y hasta sexual. Su adolescencia fue totalmente de una carencia afectiva y falta de atención por parte de la madre. Según me cuenta usted noble bruto, es fruto de una sociedad machista y patriarcal, por lo tanto puede alegar y alegrarse de que no puede ser condenado por el maltrato y asesinato de su amada pareja".

Hasta aquí, esta parece ser la realidad. No hay donde perderse, cualquier juez o jueza se conmoverá hasta las lágrimas con semejante alegato. Además hay atenuantes, un sin número de posibilidades de que sea exonerado. Aquí el defensor acude a la emoción violenta, término apropiado de la psicología y que se explica de la siguiente manera en lenguaje popular:

"Ella me ha provocado, de todo me ha molestado. Ella tiene la culpa por fijarse en qué hago, si llego tarde del trabajo, si me quedo con los compañeros a festejar el ascenso de cualquiera, el cumpleaños de la compañerita o compañero, la challa que siempre es necesaria y que está permitida sin exceder las horas de trabajo. En todo se fija, se fija si voy a fiestas, si llego borracho. No tengo libertad señor juez, me controla lo que yo me gano con mi esfuerzo, me grita todo el día que ella se hace cargo de los chicos. Siempre pide más y más y dice que no le alcanza lo que le doy. Ya es mucho provocar."

"Eso ha provocado mi ira por eso la he pegado, para que se calle o la calle para siempre, en este caso la víctima es la negligente." Esta figura se aplica en todos los casos de violencia de género y definitivamente en el feminicidio debe ser anulada, no tiene justificativo porque en todo caso quien reclama es la víctima y es la que está en permanente estado de emoción violenta. Es la conducta del agresor la que debe ser tomada en cuenta, ésta se mide con la frecuencia en la que actúa al margen de la convivencia familiar.

¿Y, con la mujer qué pasa?, pues ni modo, ella ha sido criada así, es mala mujer la que no guarda obediencia y respeto a su pareja, podemos decir que ha sido criada así, claro, mientras no sea nuestra hija. "Dar para recibir", pero, para dar amor y recibir golpes, para dar aliento y recibir silencio.

¿Y si la mujer fuese educada/informada/estimulada al revés en el mundo al revés?. ¿Si ella tuviera la potestad de saber que puede y debe defenderse?, ¿Será el caos, el fin de la humanidad?. ¿Será posible que debemos apoyarlas en todo lo posible y enseñarles que perdonar no es divino?. ¿Que perdonar al agresor nunca ha sido bendecido en ninguna cultura?. Debemos saber también que son falsas las interpretaciones de dar la otra mejilla.

La iglesia tiene la palabra y la escuché. La palabra de Dios habla de complemento, de entrega en la lucha y el amor juntos, habla de convivencia, jamás dice entrego un objeto del uno al otro, se puede criticar mucho a la iglesia, pero, no es la causante de la violencia del hombre contra la mujer. Es al final la cultura, esa cultura del desparpajo, la cultura de echar la culpa siempre a factores externos. Esa cultura de la chicanería absurda que usa a la psicología para justificar atrocidades.

La psicología debe estar al servicio de la comunidad, debe mirarse en el espejo y dejar de especular con el discurso desgastado de los factores desencadenantes de la violencia. Basta también debemos decir a los juristas y a los seudoterapeutas, además del público del recurso fácil, de la comodidad de hallar el justificativo de la violencia radicado en la infancia o adolescencia. Para algunas conductas es relevante el medio ambiente familiar en el que te has desarrollado, pero, hay que rebuscar bien para dar un diagnóstico, hay que investigar, mientras tanto no podemos decir que el 90% de la población que maltrata ha tenido problemas desde niños, no podemos echar la culpa de todo a la educación. Es el sistema el que falla, es la aquiescencia de la sociedad la que permite la violencia.