viernes, 19 de abril de 2013

RE-REELECCIÓN: NI SÍ NI NO

Fernando Molina
fermolina2003@yahoo.com.ar

Primera escena: Un grupo de ciudadanos, entre los que me encuentro, firma un manifiesto oponiéndose a la re-reelección de Evo Morales en 2014, puesto que tal cosa exigiría un cambio constitucional y rompería el acuerdo al que Evo llegó con la oposición en 2008 para que ésta viabilizara la aprobación de la Constitución. Esta es nuestra "verdad".

Segunda escena: Fernando Mayorga publica un artículo en el que critica el manifiesto. Señala que le "interesa la narrativa subyacente en ese documento, no las motivaciones de quienes lo suscriben" y el título de su texto es "Un manifiesto enhiesto" (no "equivocado" o "sesgado"). Entonces, no se refiere a la "verdad" del manifiesto, sino a su argumentación, que considera "anacrónica", "estrambótica", "exagerada" e "incoherente". Además aclara sin que aparentemente venga a cuento que Evo llegó al acuerdo de 2008 (que ahora desconoce) presionado por las circunstancias.

Tercera escena: Yo escribo una crítica al artículo de Mayorga. En ella señalo que Mayorga sí se posiciona respecto a nuestra "verdad", pese a lo que quiere dar a entender. Sólo que no lo hace de una manera muy "enhiesta".

No analiza la re-reelección para afirmar, como podría esperarse, que ésta vale o no vale en los términos planteados por el Gobierno (es decir, sin un cambio previo de la Constitución). En lugar de esto, el sociólogo cochabambino ataca la "narrativa subyacente" de la exposición de nuestra "verdad", lo que le permite debilitarla, vaya, pero sin tener que entrar en materia.

Logra lo mismo recordando las motivaciones –políticamente "moderadas", dice– que llevaron a Evo a llegar al acuerdo político del que ahora se ha desdicho. En mi crítica denomino esta estrategia retórica como "sofística", aunque podría llamarla también, para imitar el estilo criollo en que mi interlocutor es ducho, "dorar la píldora". Salida del taller de Mayorga, la argumentación tramposa sobre la re-reelección aparece un poco más argumentación y un poco menos tramposa. Y esto no "pese", sino justamente "porque" nunca se toca el meollo del asunto.

Cuarta escena: En su columna dominical, Mayorga me replica con una declaración inquietante. A diferencia de los firmantes del manifiesto, tan seguros de su "verdad", dice allí, "no tengo certezas ni credos, nunca fui militante y tampoco asumo posturas vanguardistas en defensa de la verdad, la revolución o el Estado de Derecho".

Pero en ese caso, me pregunto, ¿qué extraña razón lo llevó a polemizar con nosotros? ¿Y en nombre de qué (es decir, de qué convicción) nos pide cuentas por la "narrativa subyacente" y por "los argumentos políticos implícitos" en nuestro manifiesto? Incluso me pregunto, en el extremo, ¿para qué escribimos, leemos, damos cátedra, opinamos entonces?

Hasta ahora yo había pensado –ingenuo de mí– que lo hacíamos para que la verdad prevaleciera.

Es difícil discutir con quien, por confesión propia, no está interesado en la verdad. Con alguien que ve con desdén (y lo compara con una cuestión de etiqueta, como usar o no corbata) el deber, para mí indispensable, de dotarse de valores, juzgar el mundo de acuerdo a ellos y exponer públicamente este juicio con la mayor claridad posible. ¿Es posible un debate racional y honesto si una de las partes renuncia de antemano a "adoptar posturas"?

Pero, ¿realmente es así? ¿En verdad Mayorga no tiene una posición? ¿U ocurre más bien que no es consciente de ella? Nuestro autor indica que la última vez lo acusé de ser "hipócrita consigo mismo", algo que –se ríe– es imposible. La verdad es que yo nunca hice tal acusación, pero la fórmula me parece reveladora. Y en absoluto imposible.

Los sofistas griegos decían que eran libres porque podían defender (o atacar) convincentemente cualquier convicción. Pero eran hipócritas con ellos mismos: no se sabe de un sofista que hubiera sido ajusticiado como Sócrates, quien creía en la "defensa vanguardista de la verdad".

Defender una verdad no implica que se la crea perfecta, acabada, despojada de intereses. Pero sí exige el valor de emitir un juicio que se pueda negar o afirmar. La "verdad" del manifiesto (rechazar la re-reelección sin reforma constitucional) puede ser falsa (de ahí las comillas que le hemos puesto en este artículo). El manifiesto puede tener "argumentos políticos implícitos" erróneos. Nuestra "postura vanguardista en defensa del Estado de Derecho" puede ser un despropósito. Todo lo que planteamos se puede negar o afirmar. Se puede decir: Molina y compañía andan bien, bravo muchachos, los aplaudimos; o andan mal, qué estúpidos son, los abucheamos.

En cambio, en el mundo de la sofística la re-reelección es al mismo tiempo ilegal pero legítima, basada en una mentira pero no por eso tramposa, contraria al ordenamiento democrático pero capaz de ampliar la democracia. Frente a lo cual, muy convenientemente, nadie puede decir ni "sí" ni "no".