miércoles, 26 de junio de 2013

MADIBA


Ricardo Paz Ballivían


Espero que estas palabras se publiquen, Madiba, cuando todavía estés en este mundo; este mundo que nunca podrá ser el mismo después de tu vida y tu legado. No te conocí personalmente pero te sentí cercano, íntimo, cotidiano, desde el mismo día que supe de ti, allá por 1976, cuando leí que estabas preso hacía 14 años por luchar en contra del ominoso sistema del apartheid. Inmediatamente busqué información sobre tu vida y tu lucha, y te seguí en los periódicos, en las radios y en la televisión los siguientes 14 años, hasta que el 11 de febrero de 1990 te liberaron.

Luego vinieron cuatro años definitivos para la historia de Sudáfrica y del mundo. Junto a otro gigante, Frederik de Klerk, derrumbaron ladrillo a ladrillo los muros que segregaban a unos sudafricanos de otros y le enseñaron a la humanidad entera que es posible una revolución profunda y estructural sin violencia y sin derramar sangre hermana. ¡Que día luminoso ese 10 de mayo de 1994, cuando te convertiste en Presidente de todos los sudafricanos: negros, blancos, mestizos, hindúes, etcétera! Todos bailamos de felicidad, tanto en las aldeas más remotas de tu patria como en los lugares más remotos de la Tierra. 

No fue fácil luchar en contra de las pulsiones revanchistas. Muchos no entendieron cómo hablabas de reconstruir Sudáfrica integrando a los opresores de ayer. Algunos creían que la revolución era odio y dar vuelta la tortilla, pero tú, Madiba, con inmenso amor e incalculable paciencia los fuiste convenciendo de que ningún cambio es verdadero y duradero si no reconcilia a los adversarios, que ningún cambio sirve si no es para construir, que ningún cambio funciona si no contiene a todas las hijas y los hijos de la patria.

Y después, Madiba, diste la mayor lección de todas: tú, el verdaderamente imprescindible, dijiste: "Nadie es imprescindible, esta revolución no es tal si depende de una persona" y dejaste el poder como habías llegado, en silencio, humilde, sin aspavientos. Fuiste Presidente cinco años, un solo periodo, y regresaste al llano. Tú, el padre de Sudáfrica (también te decían Tata), que podía haberse reelegido eternamente con el beneplácito de todo tu pueblo, dijiste: NO y enseñaste al mundo que las epopeyas más grandes de la humanidad las realizan los hombres que se guían por valores y no por ambiciones circunstanciales.

Supimos que muchos te tentaron para que te mantengas en el Gobierno. Los llunkus de siempre pretendían endiosarte y te repetían que sin ti toda tu obra perecería; más de uno escribió que "sin Mandela volvería el apartheid". Pero tú sólo sonreías, Madiba, los mirabas con indulgencia y con delicadeza los reconvenías y tratabas de que entiendan la importancia de que la revolución vaya mucho más allá de las personas, incluido tú, que no eras cualquier persona.

Le devolviste el alma a Sudáfrica, Madiba, recuperaste su ajayu. Lograste que la discriminación y la exclusión, esas lacras atávicas, desaparezcan, ojalá para siempre. Por eso te convertiste en ejemplo viviente para el mundo de que con decisión, coraje e inteligencia toda revolución es posible.

Hoy, Madiba, cuando tu vida terrenal se apaga y tu figura se agiganta hasta límites insondables, cuando tus enseñanzas se presentan más vigentes que nunca, celebramos tu existencia. Creemos que dejas el mundo mucho, muchísimo mejor que como lo encontraste, que tu lucha, tu prisión, el odio que resististe y el amor que diste no fueron en vano. Sentimos que te vas, pero te quedas; permaneces en la lucha contra toda injusticia y contra la desigualdad, pero sobre todo estarás siempre en el ejemplo de humildad y decoro que nos legas.

Nelson Rolihlahla Mandela, de la etnia Xhosa, del clan Madiba, nacido en Mvezo, gracias por tu vida universal. Repetiremos siempre: "ser libre no es solamente desamarrarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás" y: "si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero". Hasta siempre, Madiba.