viernes, 16 de agosto de 2013

RE: EL ODIO QUE DESTILA EL LIBRO DEL MALLKU

Luis Eduardo Siles
guatonles@hotmail.com

El libro "la caída de Goni diario de la huelga de hambre" de Felipe Quispe * en el que describe su participación en los hechos de octubre de 2003, emboscando a los militares en Warisata y azuzando a sus huestes para provocar una guerra civil, constituye no solo una confesión especifica sobre octubre de 2003, sino revela el cariz profundamente anti nacional y anti democrático de las ideas de este señor, la mayoría de las cuales se han permeado en la identidad misma del estado plurinacional.

Con un estilo provocador e incluso violento hasta para escribir, Quispe relata con lujo de detalles, nombres y lugares los elementos de la conspiración que acabó derrocando al ex presidente Sánchez de Lozada y a su gobierno.

Mas allá de los hechos puntuales como la utilización de grupos armados que dispararon y mataron, la toma de rehenes y la sistemática utilización de la violencia física y verbal, este diario abunda en explicaciones sobre como el racismo mas descarado, aquel que se nutre del odio irracional y ciego, fue uno de los elementos ideológicos con el que se manipuló a significativos sectores de la población. Así mismo, Quispe defiende con vehemencia a la denominada "justicia comunitaria" que incluye la pena de muerte y la utilización de la tortura como medio valido y recurrente en las comunidades del área rural de Bolivia.

Si bien el autor es hoy por hoy un supuesto opositor de perfil bajo al régimen de Morales, lo mas oscuro de su legado producto de sus ideas y de las acciones de sus manipulados acólitos en octubre de 2003 siguen vigentes y han sido interiorizadas por parte del régimen masista que si ha rescatado en la practica sus brutales propuestas. Quispe no ha sido reconocido por sus acciones sediciosas pero si ha logrado algo más transcendental, sembrar el odio racial en la lógica que gobierna Bolivia.

Tanto un renovado racismo como los feroces ajusticiamientos de presuntos delincuentes siguen siendo parte de la vida cotidiana en Bolivia, 10 años después del golpe de estado de 2003, habiendo sido esta brutal forma de "justicia" constitucionalizada y la tortura sido objeto de apologías publicas por parte del jefe de bancada del MAS en el senado, Eugenio Rojas.

En lo que es un suerte de desenfadada apología del delito, no exenta de un sarcasmo primitivo, misógino y feroz, este libro se constituye en una acusación contra todos aquellos que reivindicaron la utilización de la violencia como método de lucha y a quienes en el seno del gobierno de entonces no estuvieron a la altura de la situación histórica. No deja de sorprender la peculiar actitud del ex ministro de defensa Sánchez Berzain quien no hizo pública la nomina de muertes y heridos militares y policiales que no solo son mencionados por Quispe sino que figuran en los registros de prensa de esos días.

Este testimonio hecha por tierra toda la mitología masista sobre octubre de 2003 y destruye las bases del enfermizo discurso de García Linera, ex miembro del EGTK y compañero de fechorías de Quispe y lógicamente obsesionado con destruir la verdad sobre este negro episodio de nuestra historia. Los autores de los hechos aquí detallados, los de la sedición contra la democracia y contra Bolivia, así como los de los salvajes y cobardes linchamientos, se beneficiaron con una "amnistía" decretada por Carlos Mesa.

Mas allá de lo propiamente jurídico, una dimensión de la realidad institucional que esta "en suspenso" en la Bolivia actual, este libro debería ser, contundentemente, una base para reabrir el juicio histórico y político sobre estos hechos mientras llega el día del restablecimiento de la democracia y el estado de derecho.