lunes, 24 de marzo de 2014

ECONOMIA MONETARIA Y MERCADO


Armando Méndez Morales

Acaba de salir la segunda edición de mi libro "Economía Monetaria" y que ha sido presentado en la Universidad Pública de El Alto, Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y Universidad Privada de Santa Cruz.

El libro, que es un tratado de teoría y política monetaria, expuesto en 13 capítulos, con 675 páginas, dedica el primer capítulo, en 100 páginas, a lo que es una economía de mercado. ¿Por qué? Dos razones; primero, no tiene sentido referirse al rol del dinero al margen de los mercados, lo cual obliga a comprender adecuadamente los principios y leyes básicas de la economía. El mercado implica intercambio, la relación social por excelencia. Los clásicos en economía dicen: "el dinero hace eficiente el intercambio". Segundo, la economía de mercado denominada también sistema de mercado, implica que el intercambio económico se ha generalizado, globalizado y se ha impuesto en todos los países del mundo. No existe un sistema económico alternativo. El intercambio entre los países del mundo crece a un ritmo mayor que el de la producción mundial.

¿Por qué se impuso la economía de mercado en el mundo?  Porque responde a las leyes de la economía, lo que ha permitido reducir drásticamente la pobreza, que fue la característica del pasado. No hace más de 200 años, el 85 por ciento de la población mundial vivía en extrema pobreza. Hoy, solo el 14 por ciento vive en pobreza. De ser un problema que afectaba a la mayoría hoy es un problema de minorías.

¿Por qué, con este resultado sorprendentemente favorable para la humanidad, sigue existiendo un rechazo ideológico hacia el mercado por parte de la intelectualidad? La respuesta está en la abrumadora influencia del marxismo y en la predominancia de los nacionalismos y de la política. El marxismo – y las ideologías socialistas en general- se caracterizan por destacar la desigualdad que se genera cuando comienza a desarrollarse la economía de mercado, lo cual es cierto.

En el largo pasado de la humanidad, en el seno del pueblo predominaba la igualdad y la pobreza, siempre hubieron las elites que vivían mejor como producto del privilegio. Pero en la medida que acrecentaba la actividad comercial surgió en el seno del pueblo lo que sociológicamente se denomina "la burguesía". Surgió la diferenciación social en el pueblo y la nítida desigualdad en cuanto a la generación de ingresos.

El marxismo es la última religión aparecida en el mundo. Como toda religión ofrece el paraíso. Todas las religiones anteriores y vigentes ofrecen el paraíso en el más allá, después de la muerte. En cambio, el marxismo ofrece el paraíso terrenal, lo cual es atractivo para los pueblos. Pero cuando se ha intentado generar un sistema económico a partir de la ideología marxista, lo que se genera es retornar a la igualdad económica pero en la pobreza "iguales pero pobres", con excepción de las elites que se erigen en los conductores de la revolución y que viven en la opulencia, otra vez como producto del privilegio y de la corrupción política. Este proceso viene acompañado por la eliminación de la libertad económica y la propiedad privada, concentrando la propiedad de los factores productivos en el seno del estado, lo que conlleva al totalitarismo, y que es el infierno en la tierra.

Es probable que el uno por ciento de la población mundial concentre el 50 por ciento de la riqueza también mundial, lo que no está bien, sin embargo, es mejor que la riqueza esté concentrada en 70 millones de personas en lugar de concentrar en los gobernantes de los aproximadamente 200 estados que existen en el mundo, como los seguidores del marxismo-leninismo quisieran que suceda.

Un análisis más preciso de la concentración de la riqueza en las economías de mercado, seguramente concluiría que esta se explica, en gran medida, por el dominio de poderosos intereses económicos privados sobre la actividad política de los estados, que impiden la competencia económica y el libre comercio mundial, más que por la actuación de los mercados libres.

Lo que no se toma en cuenta es que las 70 millones de personas, que se las puede calificar de ricos en el mundo, lo que tienen son activos financieros, "papeles", una riqueza artificial. Si esta riqueza se la redistribuiría en la población, lo único que ocasionaría es una dramática inflación de precios de bienes y servicios, porque dichos activos convertidos en dinero incrementarían la demanda de bienes y servicios en general, pero no la producción.