lunes, 21 de abril de 2014

EL PLAN PARA ACOSAR LA PRENSA INDEPENDIENTE


Julio Ríos Calderón
jrioscalderon@hotmail.com

Control Remoto (De cómo el gobierno de evo morales creó una red de medios para estatales y un plan para acosar a la prensa independiente), es la última y valiente obra de Raúl Peñaranda U., periodista y analista boliviano. El colega ha trabajado como redactor, editor, panelista de programas de radio y TV, corresponsal y columnista; ha sido también consultor y asesor de prensa.

Según esta investigación ATB, PAT, Full TV, La Razón y el canal Abya Yala, forman parte de una red mediática controlada por el Gobierno del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma.

Destaca la esencia de Peñaranda al contar lo que sabe; y que la base de la democracia es de la opinión múltiple y que los medios independientes favorecen a esas ideas múltiples para evitar el riesgo de la verdad única y, si queremos más democracias tenemos que tener medios independientes.

En el contenido de su obra, se corrobora de manera objetiva, con estadísticas, referencias y correspondencia con autoridades de Gobierno, que evidentemente el gobierno boliviano ha logrado constituir una red de medios proclives que en este texto llamamos "paraestatales", siguiendo la definición que hace el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: "Dicho de una institución (…) que, por delegación del Estado, coopera a los fines de éste sin formar parte de la Administración Pública ".

El libro salió y se convirtió, como dirían en las grandes editoriales, en un best-seller en menos de 120 minutos.

Raúl Peñaranda abre esperanzas que jamás hay que perderlas. Quedó atrás un tiempo estéril y estamos paralizados en medio de la nada. Los bolivianos somos una especie de tristeza atascada en el tiempo, y una niebla espectral domina los días. 

Vivimos el siglo del progreso, el siglo de la ciencia, el siglo de la guerra. La guerra declarada entre países que disputan un territorio. La guerra doméstica que se libra en el propio suelo. 

Basta leer y escuchar las noticias,  de una red de medios proclives que en tu libro llamas "paraestatales", para comprobar que estamos más cerca de la mueca que del acto de sonreír. 

Es para lamentar sin parar una plenitud que jamás tuvimos. El quehacer nacional es una antología de la impotencia colectiva: aparte de la frustración y el resentimiento, somos un infierno disfrazado de paraíso perdido, y varias expresiones acuñadas por analistas y politólogos resumen los rituales de este panorama francamente desolador donde más que revelaciones, sólo se anuncian amenazas. 

La verdad incomoda y se intenta frenar las pocas ilusiones, producto del amargo antihéroe que basa su filosofía en fanatismos y dogmas, haciéndose un harakiri frente a un horizonte gris. Uno es tan indolente que anda así, recitando la letra de aquel tango que dice: "...el mundo fue y será una porquería". 

La investigación periodística de Peñaranda está despojada de intereses personales, de lazos de amistad o parentesco. Has escrito para el público lector, no para los amigos. Escribió la verdad (a veces se muere por ella) de lo que vio o escuchó. No lo que quisieran escuchar. No lo que quisieran que se diga para quedar bien.

Quienes nos gobiernan quieren un tipo de lector al que ellos pertenecen, y que encuentra más satisfactorio leer lo que está escrito por periodistas de pluma diabética. Pero el dulce, con ser tan agradable, provoca mayores daños.

La selva tiene su ley. El león es el soberano. La ley del más fuerte la aplican los animales que no han sido dotados de raciocinio, las fieras que defienden a sus cachorros. El león es rey por su nobleza y gobierna su reinado sin el golpe artero. Los lobos de una misma camada jamás se hacen daño entre sí.

Aprendimos que el hombre es el animal racional y que su ley, es la ley de su comunidad. La ley que proclama el bien. La ley que dicta la justicia. Pero el hombre es enemigo del hombre. Su se de codicia, de ambición sin límites, le lleva a matar para repetir una y cien veces la muerte de Abel.

No es la ley del más fuerte la que gobierna al hombre. Es la ley del poder: eliminar el obstáculo que se interpone en el camino. Medrar en las sombras. Acallar las voces que exigen su derecho. No dejar vestigio de semilla en el surco sembrado. 

En una entrevista en la televisión le preguntaron, a Peñaranda, si tiene miedo, al revelar la verdad. Obvio que no. Le podrán matar la carne con un torrente de fuego, pero jamás su palabra y menos el pensamiento. Su valentía les incomoda. Su verdad es el obstáculo. Su voz los enloquece, por eso, podrán silenciar Sus palabras, pero no matarán jamás su credo.

Que cante el gallo gris y que cante, también, el gallo rojo, pero que se conozca LA VERDAD.

La evolución plantea el hecho, el proceso y los resultados. ¿Cuál es nuestra evolución? ¿El matar lo que se quiere? ¿El destruir lo poco que se construye?

Cuando el hombre se cansa en la pelea, busca el reposo. El reposo del guerrero que no es la paz duradera sino la tregua para volver más tarde al combate. Proclamamos la paz intimidando al prójimo. Proclamaos la libertad, amordazando la verdad.

No obstante, convendría que recuperemos el contacto con la naturaleza y la capacidad de hacer que de la tierra salga nuestro propio pan y donde la existencia se asuma como una celebración, no como un castigo, donde el hombre y la mujer cultiven la ternura y la visión profética, donde nazcan nuevos niños para los cuales será preciso crear escuelas que enseñen el arte de vivir, en vez del odio que hoy gotea sin parar con una baba caníbal. 

La obra expone –reiteramos–, con objetividad, la preocupante circunstancia "del control mediático", colabora a dialogar y discutir sobre la imperante necesidad de hacer viable la libertad de voz y de prensa. El lector, sin vacilación alguna entenderá que Bolivia marcha hacia un régimen autoritario.