miércoles, 14 de mayo de 2014

EL DRAMA DE VENEZUELA


Oscar Ortiz Antelo

Venezuela está sufriendo la implosión del chavismo, su fracaso como modelo político, económico y social para dar a los venezolanos un mejor futuro y un desarrollo sostenido en el tiempo. Aunque Nicolás Maduro es claramente incapaz de gobernar el país y carece de las cualidades comunicacionales de Hugo Chávez, el problema no es la persona, sino el sistema populista autoritario que ha desinstitucionalizado el Estado, destruido la economía y dividido y confrontado a la sociedad. La discusión no es solo ideológica o política. El problema de fondo es que la gente común sufre las consecuencias de la inseguridad, de la escasez de los productos elementales, de la inflación y de la represión de un régimen que, frente a la popularidad perdida, se aferra al poder mediante la violencia política.

A pesar de la intimidación que ejercen los llamados colectivos, que desde sus motocicletas atacan con armas de fuego a los manifestantes, las protestas continúan porque han cobrado vida propia y responden a los problemas reales que sufre la gente en sus necesidades más básicas, entre ellas la altísima inseguridad ciudadana que se cobra la vida de miles de personas, convirtiendo a Venezuela en uno de los lugares con mayor número de homicidios del mundo. Todo ello, en un país que durante años ha recibido millones de dólares, malgastados, entre otras cosas, en costosas armas de guerra, pero que no brinda las más mínimas condiciones de seguridad a la gente.

Las manifestaciones no responden a una sola dirección ni a un liderazgo piramidal. Han encarcelado a Leopoldo López, atropellado la condición de diputada electa de María Corina Machado, acosado a las organizaciones que defienden los derechos humanos y denuncian la represión violenta, los juicios políticos y las detenciones ilegales; y las protestas continúan. En su mayoría, son grupos de universitarios que se van organizando para expresar la frustración que sienten en un país en el cual el futuro ya parece algo perdido. También son amas de casa, padres de familia y ciudadanos comunes. Son el reflejo del drama social de una sociedad confrontada, un Estado incapaz de cumplir sus funciones básicas y de una economía destruida, todo por la ambición del poder sin límites.