domingo, 7 de diciembre de 2014

HEGEMONIA Y DOMINACION

Susana Seleme Antelo
Que la historia la escriben los vencedores, no es novedad. No hablo de vencedores de guerras con ejércitos de tierra, aire y mar donde lo hubiese, sino de        guerras políticas. Aquellas que ganan los autócratas con máscara democrática, voto instrumentado, abrumadora propaganda y prebendas varias, en un "espacio político unipolar… que no tiene contrapeso y todo gira alrededor de él. Este es el centro ahora, pero antes era la izquierda."

No son ideas de un dictador, tampoco las de un guerrillero que quiere tomar cielo y tierra por asalto, aunque en Bolivia le calcen ambas definiciones al autor de la cita: el Vice. Su visión unipolar la matiza con rimbombantes frases, que muchas personas que favorecieron  con su voto al reelecto régimen de Evo Morales, no conocen. Muy poca gente debe saber qué es un "espacio euclidiano primitivo" y tampoco que su "propuesta académica, intelectual y política",  lee "el espacio político como curvo". En esa peligrosa curva se perdieron la República y el Estado de Derecho, la institucionalidad democrática, la transparencia y rendición de cuentas sobre el gasto público durante los últimos 9 años. Y sin contrapesos, la corrupción adquirió carta de ciudadanía, como nunca antes;  se politizó el poder judicial contra adversarios políticos con prácticas autoritarias y violentas, abusos de poder y violación a los Derechos Humanos de indígenas, dirigentes políticos, cívicos y personas no afines al régimen.

Cualquiera sea la figura matemática, geométrica o física que  pretenda definir esos 'espacios', si el pensamiento político es unipolar, de hecho niega la pluralidad política y desnuda el desprecio a las diferencias y al pensamiento crítico. En la "II Cumbre para un periodismo responsable" realizada en Guayaquil, Ecuador, el Vice corroboró su  pensamiento absoluto con otro exceso: "hegemonía estatal revolucionaria", aplicada a los medios de comunicación, frente al peligro de "oligopolios comunicacionales privados".  Sin nombrar al italiano   Antonio Gramsci (1891-1937), filósofo  y responsable de la nueva concepción de hegemonía, el Vice afirmó que se debe "potenciar los medios estatales y comunitarios," para "separar la acción comunicacional privada de la acción partidaria, pues una cosa es hacer política y otra ser un partido político". Agregó que el "Estado revolucionario" debe "readecuar estructuralmente el campo periodístico", llevar los medios estatales "hasta el último rincón del país" y "favorecer la adhesión" de los medios privados a ciertos "contenidos ideológicos", sentenció quien ejerce y defiende la unipolaridad.

Sin embargo, su partido, que se pretende único y tiene más medios de comunicación estatales y paraestatales que todos los privados, ¿acaso no hace política en el ejercicio de su hegemonía étnico-cultural y social convertida en dominación, desde el poder político? Aquí,  dominación sin clase obrera, "subalterna" como la definió Gramsci para burlar la censura carcelaria en sus escritos. Introdujo el concepto de cultura como eje del análisis de la dominación de clase y la contradicción entre coerción y consenso, en los procesos políticos dominantes. Se necesita también la aceptación más o menos voluntaria y consensuada de los sujetos dominados, aceptación que, según Gramsci,  está mediada por las formas culturales de interacción entre dominados y dominadores. Para el pensador italiano,  la hegemonía es la capacidad de dirección que proporcionará una base social al Estado proletario. En esa lógica, la hegemonía se forja desde el ámbito cultural en la sociedad civil, mientras que la dictadura del proletariado y su partido son la forma estatal que asume dicha hegemonía.

En Bolivia, el "proceso de cambio" sustituyó las clases sociales por el fundamentalismo indígena-originario-campesino, sin que tengamos, hasta  hoy, ni un Estado indígena ni un Estado proletario, mientras la economía, con alguna redistribución de la riqueza,  se desliza por carriles capitalistas sin sobresaltos, como la cadena coca-cocaína.  ¿Es ese el "Estado revolucionario",  que giró de la izquierda al centro?

En la Bolivia de Morales, desde el poder total sin contrapeso, no respetaron ni respetan "las múltiples determinaciones como unidad de lo diverso", en palabras de Marx, sobre la realidad concreta de toda sociedad. La hegemonía en Bolivia es dominación político-ideológica, pero no ha resuelto los contradicciones de la diversidad, ni  las  internas del "bloque en el poder", para seguir usando conceptos gramscianos.  Lo demuestran las luchas intestinas del régimen, frente a las elecciones de gobernadores y alcaldes en marzo de 2015.