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El cotidiano es un desafío diario, un reto difícil de acompañar. Por estos días nos enteramos de una manga de desequilibrados que prefería reventarlo todo antes de ceder algo a los demás. Al mismo tiempo tenemos el ojo en el reloj para ver si llegamos a diciembre con padrón biométrico. Antes humillaron a indígenas y ahora golpean y amenazan con golpear a opositores. Y en el medio de todo este quilombo te topas con tres señoras, tres viejas que aguantaron 30 días de ayuno reclamando por información sobre sus familiares, desaparecidos durante las dictaduras militares. ¿Alguien les dio la hora siquiera? El terrorismo es un tema jodido y lo del biométrico es una irresponsabilidad de todo el campo político; pero la indiferencia con Olga Flores Bedregal, Martha Montiel y Hortencia Gutierrez basurea, duele.
Si confirmamos que Branco Marinkovic, Rubén Costas y toda esa tropa de locos patrocinaban una banda de terroristas, que les caiga todo el peso de la justicia (y un poquito más si se puede), por traidores, por malparidos. El Gobierno, parece, va camino a neutralizar al bloque más peligroso de oposición que tuvo en estos tres años y monedas.
Cambio de escenario. Evo prometió nuevo padrón pero la anterior semana sus diputados ya aprobaron que en diciembre podremos votar con el antiguo. ¿Qué pasó? La oposición no se tragó sus derrotas y convirtió al biométrico en razón de patria. El MAS metió un proyecto de ley inaceptable, con filtro a su favor en las circunscripciones indígenas (El CONAMAQ y la CIDOB debían acreditar a los candidatos); se mandó un par de jugadas torpes en el Congreso y acabó aceptando el capricho más caro del último tiempo. 44 millones de dólares nos saldrá el chistecito. Y ahora, cuando esa exigencia loca está obligando a la Corte Electoral a hacer malabares, salen con la idea de volver al viejo y maltratado padrón. Volvemos a lo mismo. ¿Sesión congresal de una semana nuevamente? Este problema se lo inventaron solitos el oficialismo y la oposición. No da ni para disgustarse, es lo que hay.
Y en medio de tanto ruido asomó la huelga de las señoras. Un mes ayunaron por una causa que supo ser bandera de la administración de Evo. No les dieron ni la hora, toditos miraron al costado. ¿No se acuerdan que el Presidente pidió un minuto de silencio para los desaparecidos cuando fue posesionado? ¿Y ahora? Dijo que no hay nada que desclasificar y pare de contar. Uno de sus ministros se inventó una resolución para acceder a los archivos y al primer intento de un par de familiares de las víctimas nadie les abrió la puerta. Puede haber terrorismo, montaje, elecciones, padrón viejo, biométrico, biológico, lo que sea. En medio de todo eso aparecieron tres mujeres con una causa infinitamente más grande, una causa que interpeló, y fuerte, uno de los pilares del discurso del Gobierno. No lo supieron atender.
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