lunes, 13 de julio de 2009

TRISTES BICENTENARIOS

Pedro Portugal Mollinedo
pedro-portugal@periodicopukara.com
www.periodicopukara.com

Este año se festeja el bicentenario de los «gritos libertadores» en Chuquisaca y La Paz.

Antes del actual período de «cambio en democracia», el 25 de mayo y el 16 de julio eran fechas en las que salían a relucir los antagonismos de las chatas oligarquías chuquisaqueñas y paceñas. La ocasión era propicia para polemizar cuál "grito libertario" fue el más emancipador y cuál tuvo mayor influencia en el proceso boliviano de independencia.

Esa polémica refleja la antigua pugna de los déspotas que, tanto en Sucre como en La Paz, heredaron el poder de sus ancestros españoles sobre los indios y los mestizos.

Esas "élites" arrastran en su delirio a las masas sobre las que reposa su poder. Paceños y chuquisaqueños de raigambre popular interiorizan el antagonismo de sus patrones, mostrándose los más apasionados en el festejo de su respectivo patrioterismo, sin darse cuenta que así sólo confirman la ausencia de una definitiva y auténtica libertad.

Ahora, en el gobierno del MAS y de Evo Morales, las cosas no han cambiado sustancialmente. El artificio solamente se ha enriquecido con nuevas y exóticas poses.

Antes, Chuquisaca se caracterizó por su racismo y el marginamiento total y absoluto de los indígenas. No en vano su bandera departamental es la misma con la que el ejército español arremetió contra los pobladores originarios: la bandera de la Cruz de Borgoña. Ahora, en Sucre se continúa pateando y humillando indígenas, bajo pretexto de que así combaten a Evo Morales y al MAS.

Otrora, La Paz tuvo como caudillo libertario a un perseguidor y carcelero de indios, que luego propugnaba la incorporación de originarios a su revolución, aun cuando en su Junta Tuitiva no incluyeron a ningún indígena. Actualmente, el occidente boliviano — La Paz como epicentro — proclama como gobierno indígena a una administración en la que ejecutan los mismos que mandaron y gobernaron siempre.

Antes como ahora, el indígena es relleno y carne de cañón.

Lo que cambia ahora es la conducta del poder ejecutivo. En épocas pasadas todo presidente ostentaba una prudente e hipócrita imparcialidad en ese criollo antagonismo. Ahora Evo Morales ha sido claro en la denuncia y falsedad del 25 de mayo, pero ha callado dócilmente respecto al 16 de julio. En Chuquisaca ha rememorado esa fecha en las comunidades indígenas; en La Paz ha encendido en la Plaza Murillo la "tea de la libertad", iniciando así los festejos del bicentenario de la mustia oligarquía paceña.

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