viernes, 15 de enero de 2010

Efecto Caracas

Alberto Bonadona Cossío
abonadona2001@yahoo.es

Una devaluación en un país sudamericano genera temores en Bolivia al pensar que lo mismo puede ocurrir aquí. No es para menos por las experiencias de los "paquetazos" a los que fue sometida la sociedad boliviana en un pasado que no se olvida. Venezuela devaluó el bolívar la anterior semana y estableció varias equivalencias para el dólar de acuerdo al uso que le quiera dar quien lo demande. Son muchas las susceptibilidades que la medida asumida por el gobierno venezolano levanta porque se especula que en más de una política Bolivia sigue a Venezuela.

Lo cierto es que Venezuela es un ejemplo negativo frente a lo que la mayoría de los países latinoamericanos aprendieron, asimilaron y ahora aplican al momento de administrar sus economías. Venezuela practica control de cambios para evitar que los dólares salgan a borbotones al exterior. Venezuela tiene una economía altamente monoproductora dependiente de su gran producto de exportación: el petróleo. Venezuela se lleva la flor por las tasas más altas de inflación del continente. En pocas palabras, Venezuela no es un dechado de virtudes al momento de manejar su economía.

Bolivia, por otro lado, aprendió a manejar su economía, al igual que otros países latinoamericanos, después de duras y costosas experiencias. Una administración financiera estatal basada en criterios conservadores, impregnados de una ortodoxia que ahora puede darle lecciones incluso a los Estado Unidos en cómo se genera estabilidad fiscal y cómo se regula el mercado financiero.

Bolivia no seguirá el camino de Venezuela porque ha logrado un destacable éxito en su política de la mayor utilización de la moneda nacional, referida como "bolivianización". Cambiar las medidas que condujeron a bolivianizar la economía en el corto o mediano plazo no tiene mayor sentido porque ahora se desarrolla una política monetaria más independiente respecto al dólar. Aparte de que una devaluación repercutiría negativamente en la popularidad del gobierno, la bolivianización está dirigida a favorecer las importaciones para facilitar el aprovisionamiento de alimentos en caso de posibles desabastecimientos del mercado nacional. Se indica que también sirve para abaratar costos de las maquinarias o bienes de capital que Bolivia importa, aunque en este sentido la medida presenta resultados dudosos porque no hay fuertes corrientes de inversión en el país.

El costo más significativo de la bolivianización es el encarecimiento de las manufacturas que Bolivia exporta. En este campo la política debe modificarse, lo que no exige eliminar la bolivianización. Un sistema de compensación a la perdida de competitividad de las exportaciones es lo más aconsejable. Este es el único posible "efecto Caracas" sobre la economía boliviana porque puede colocar a los productos bolivianos en la escala más alta de tipo de cambio introducida con esa devaluación. Se puede esperar un respeto al tratamiento preferencial de Venezuela a los productos bolivianos pero más seguro es actuar con políticas independientes del favor ajeno.

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