miércoles, 14 de abril de 2010

El Dedo en Tinta

Flavio Machicado Teran
flavio@graffiti.net

El padrón biométrico resultó ser tan solo una monada de alta tecnología. La huella digital de mi vecino fue supuestamente cotejada contra toda y cada una de las huellas digitales de toda la nación. Hubo dudas, sin embargo, que la Corte Electoral logró utilizar las imágenes escaneadas del pulgar para constatar que cada registro electoral era “único” y perteneciente a un ciudadano que aun respira. La sociedad civil se alarmó ante la posibilidad de fraude, pero los jefes del Estado Plurinacional no se inmutaron. Cuando los candidatos “plurinacionales” obtuvieron el 64% del voto, en vez de rastrillar las actas en búsqueda de anomalías, los jefes celebraron.

Luego el padrón electoral en Pando creció más de 5% en tres meses y los “pluris” tampoco dijeron nada. Cuando la OEA objetó que no se haya utilizado tinta indeleble en la pasada elección, los “pluris” seguían mudos. Pero toda indiferencia “pluri” a las formas y maneras de la Corte Electoral murió cuando Tarija y Santa Cruz, joyas petroleras de la corona, fueron conquistadas electoralmente por la oposición. Recién entonces la maquinaria fiscalizadora del Gobierno, engrasada y sacramentada, empieza su ágil y arrolladora marcha para encontrar conexiones conspiradoras entre notarios, cortes departamentales, jurados electorales y delegados de mesa que corrupta (y supuestamente) vulneraron la voluntad de los pueblos de Beni, Tarija y Santa Cruz.

Debe preocuparnos las todavía afiladas y largas garras de la “derecha” separatista extienda su control al Altiplano, comprando la lealtad de angurrientos líderes locales en pueblos como Achocalla, Corocoro y Achacachi. Es una preocupación legítima. Pero más preocupante es la gran negligencia de un partido - en el poder más de cinco años - a la hora de fiscalizar el proceso electoral mediante delegados de mesa; una incapacidad que contrasta con la eficiencia demostrada a la hora de investigar como les metieron votos en las urnas bajo sus mismísimas narices.

Todo partido político tiene el derecho y obligación de supervisar el proceso electoral mediante delegados de mesa, que son los testigos presenciales y garantía de un proceso transparente. El MAS ha tenido cinco años para organizar y capacitar a sus partidarios, de tal manera que eviten que en las urnas hagan trampa los “separatistas”. No obstante el poder y tiempo para preparación, resulta que todo un ejército de “pluris” fue embaucado a firmar actas en “blanco”, una pelotudez más que dio lugar a las matufias de un puñado de (separa) “tistas”. Ante tanta ignorante pelotudez, es impresionante que – en apenas una semana- un puñado de “pluris” sean luego capaces de desenmarañar una compleja conspiración para cometer fraude. ¡Qué contraste en capacidad de gestión!

La inocencia de los delegados de mesa del MAS que firmaron actas en blanco es únicamente superada por la inocencia de quienes creen que, nuevamente cambiando las reglas de juego, el Gobierno pretende erradicar el fraude. Inocente también es suponer que las “revoluciones” nunca lo cometen. Algunas revoluciones pretenden imponerse con un dedo registrado varias veces. A dedazos y con gran arrogancia, la revolución “pluri” quiere imponerse comiéndose a sus propios hijos, empezando por ponchos rojos e ilustres descolonizadores e indigenistas del buen beber. Deslumbrados por el astro espiritual que los guía, creen poseer una hegemonía indeleble. Con el dedo del poder fiscal firmemente en el ojo opositor - y su ojo oficialista en tinta - parece que observan fraude, polarización y regionalismo únicamente en el ojo ajeno.