viernes, 9 de abril de 2010

Estrellas y víctimas

Erika Brockmann Quiroga
erikabrockmann@yahoo.com.mx

¿Por qué la Ely", el San Martín, el Abel o la "Sole" no son parte de sus concejos municipales?, preguntaba extrañado y coloquialmente un ciudadano de a pie a pocas horas de conocer los resultados preliminares de la histórica jornada electoral del pasado domingo. Esta pregunta es importante y da un buen motivo para salir de las convencionales evaluaciones postelectorales. Es probable que en Cochabamba, en Santa Cruz o en cualquier parte del país éstas y otras interrogantes floten en el aire luego de haber experimentado una nueva modalidad de votación en la que tuvimos que marcar más de dos casillas o, como en el caso de Tarija y Beni, hasta cinco casillas. ¡Vaya compleja inauguración del Estado autonómico!

La ciudadanía no sabe que esa pregunta nos obliga a ingresar en la complicada nomenclatura de los sistemas electorales, que no es otra cosa que el conjunto de premisas y lógicas diversas por las cuales los votos se convierten en escaños de concejales, asambleístas departamentales o en titulares de una Gobernación o una Alcaldía.

Parece extraño y hasta injusto que novísimas figuras políticas emergentes que aspiraban a ser gobernadores o alcaldes y que obtuvieron importante votación sin lograr su objetivo, queden fuera de la cancha o del escenario institucional para el cual decían ser idóneos candidatos. ¡Por un voto o un uno por ciento las figuras que dieron la cara en esta rápida pero intensa campaña pierden y lo pierden todo! Como segundas y terceras fuerzas son sus concejales o asambleístas, que efectivamente acceden a la representación política por los próximos cinco años.

Ello se debe a que, desde hace mucho, los bolivianos y diversos sectores demandaron que la elección del alcalde(a) o gobernador(a) dependa del voto soberano y no de los arreglos y amarres en concejos u órganos deliberantes. La huella dejada por el uso y abuso del polémico ˜voto censura", de los ˜pasanakus municipales" y otras componendas desestabilizadoras en los municipios escarmentó a todos. Se definió entonces que los concejos se estructuren de otra manera y mediante un voto independiente. Esta definición fue consensuada en la nueva Constitución, pero confusamente reglamentada en la Ley Transitoria Electoral que, a su vez, fue ˜interpretada" por la Corte Electoral en un polémico reglamento.

La decisión de la Corte se tradujo en la reducción significativa de siglas y candidaturas habilitadas para la elección. Sin embargo, siento que de un extremo nos fuimos al otro. En tiempos en que el discurso es la renovación de liderazgos, la generación de oportunidades para que se estructure un nuevo sistema político, no parece justo que liderazgos locales y departamentales de primera línea queden sin piso institucional ni representativo alguno donde puedan seguir construyendo, templando y perfilando sus potencialidades como líderes a futuro. Súbitamente, de ˜estrellas" pasaron a ser víctimas de un sistema electoral que definió cambios extremos. Personalmente, hubiese deseado que personalidades como Laruta, Yampara, Murillo o Justiniano, Quinteros, Cava, Cabrera o Urenda, entre otros a lo largo y ancho del país, formen parte de los órganos legislativos recién constituidos. Su aporte a la deliberación (no al complot) hubiera sido significativo para la construcción y consolidación de liderazgos democráticos, además de saludable para la misma democracia.