miércoles, 14 de abril de 2010

LA MULTITUD Y LA RAZÓN

"No siempre es la multitud la poseedora de la verdad absoluta". (André Maurois)

Esteban Farfán Romero
farfan2007@gmail.com

Una de las fogosas discusiones en política es sobre la (conveniencia de la) orientación que brinda el voto en la democracia impulsada/traspasada por la autoridad mayoritaria ejercida mediante el sufragio como mecanismo de elegir/escoger a las personas más "idóneas" para ciertos cargos públicos. La historia ha demostrado que el pueblo/sociedad muchas veces se equivoca y no elige a los mejores como señala la teoría como mecanismo objetivo. Platón que se mostraba renitente/escéptico a aceptar las virtudes de pueblo decía "cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos". La experiencia historia ha demostrado sobradamente que eso de "voz del pueblo, voz de Dios" es sólo una frase superficial sin contenido, porque se supone que Dios no se equivoca, porque es infalible, pero el pueblo muchas veces se ha equivocado al elegir verdugos que se volvieron contra sí. Un filósofo cercano, como Borges es muy aprensivo/desconfiado a la democracia porque tenía sus serios reparos.

Muchos dicen que el pueblo al ser soberano, tiene todo el derecho a equivocarse (auto flagelarse) como proceso de catarsis social para la purificación, sin embargo es cuestionable que exista esa especie de degeneración/desviación de los objetivos primarios de la democracia, que obliga a esta crisis para elegir a los mejores y ocurre lo contrario.

Personalmente no puedo entender que en esta última elección, especialmente en el Chaco se hayan dado resultados que son muy contradictorios/incomprensibles. Hay una serie de explicaciones/justificaciones conformistas simples que no se aproximan al origen del problema. Muchos dicen, es que es el tiempo de los demagogos, por lo que el pueblo elige a los que más convencen con promesas que el mismo quiere escuchar. Es decir, que hay una presión invisible que obliga a los candidatos a mentir, a inflar las cosas, porque ese producto exige el mercado electoral.

Es curioso que esta elección, ninguno de los candidatos (por lo menos de mis adversarios), asumieron una posición clara sobre la coyuntura y perspectiva política, porque siguieron un libreto de marketing muy bien elaborado, a tal grado de esquivar/evitar los escasos escenarios de debates/exposición que se han presentado.

La campaña electoral ha sido muy pobre en materia de propuestas/ofertas electorales, y las que existieron no fueron sometidas a análisis riguroso a través de procesos de deliberación, reflexión pública. Se ha reducido sólo a los discursos de consigna, la guerra sucia y la presencia mediática de los candidatos a través de poses mecánicas creadas.

Los candidatos adversarios no han dicho una palabras sobre lo que pretenden hacer si es que fueran elegidos. Personalmente me he ocupado de decirle al pueblo mi plan, incluso algunas propuestas concretas sobre ciertos temas, pero me parece que me equivoque pues el pueblo buscaba escuchar promesas generales que todos sabemos en nuestra conciencia que nunca se cumplirán.

Da la impresión que en este tiempo de nada sirve prepararse profesional/intelectualmente para un cargo específico, pues se valora mucho la iconografía de una persona por encima de los méritos. Cardozo en días de la campaña ha confesado libre de cuerpo que es renitente/reacio a los libros y no ha dudado en sobrevalorar la solo las cualidades políticas primitivas intrínsecas de Evo Morales al hacer la comparación y justificación que el mismo no tuvo ningún tipo de entrenamiento académico.

Nos hemos acostumbrado a ingresar a una especie de gimnasia electoral, en el que no importa la calidad del voto, sino el cumplimiento de un deber/derecho, sin asumir la responsabilidad que corresponde. Como el pueblo es amorfo, entonces el mismo no se hace responsable de la decisión cuando elige a un mal candidato, más allá de las consecuencias de una deficiente gestión.

La tarea que tenemos los chaqueños y tarijeños de aquí en adelante es muy grande, pues debemos definir un macro proyecto de país, departamento, región, una arquitectura institucional solida, que no requiera de parches como sucede con la autonomía regional y ello demanda ahora y más que nunca una cultura política altamente inteligente, capaz y concertadora. Poco ayudarán en este proceso los comedidos incendiarios que han convertido el debate político en una decadente pelea vulgar en la que el que grita e insulta es el que gana. La tarea será muy difícil, porque es el demagogo, el politiquero, el que usa la mentira para ganar adeptos fácilmente es el que ahora nos representa. Ese demagogo no tiene pensamiento propio pues responde a una estructura política que ha hecho del escarnio y la carroña política, una forma de hacer vida pública y escalar a usando cualquier discurso con tal que sea embotador.

Por otro lado, necesitamos de una sociedad civil muy informada, formada políticamente que al escuchar a nuestros representantes sea critica e interpele, que al leer una noticia la contraste, investigue, se preocupe por formar un criterio propio. Necesitamos una ciudadanía muy culta políticamente, exigente, con la capacidad de controlar la calidad de un producto político. La fe ciega es un error político terrible en cualquier sociedad. Dejarse llevar por los slogan, los iconos muy bien armados que alucinan e ilusionan fácilmente, tampoco es positivo para un pueblo que quiere/busca progreso sostenible.

La democracia no acaba en el acto de votar. Aceptar estos resultados, gane quien gane, es el segundo paso. Ponderar lo bueno, criticar con fundamentos valederos lo malo, aportar, sugerir, construir, desterrar la ceguera obsecuente y servil que ha acabado enterrando a muchos partidos con cúpulas soberbias, con ceguera colectiva por la 'pega' y la paga, con el poder que infla a los hombres desinflados de valores, es un paso fundamental.

La razón es la facultad que posee toda persona de discurrir el entendimiento sobre lo que nos rodea. Es una facultad que nos permite tomar decisiones correctas. Coincidiendo con Gregorio Marañon, que afirma que "la multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás", considero que un pueblo muchas veces no toma las decisiones correctas porque se deja deslumbrar por discursos vacuos y vacios que como el flautistas de Amelin, llevan al precipicio porque nos e dan cuenta que los flautistas, solo buscan acumular poder.