viernes, 30 de abril de 2010

socialismo comunitario

Bernardo Corro Barrientos
bcorro@gmail.com

Algunos funcionarios públicos de alto nivel, como el vicepresidente Alvaro García Linera y el viceministro de Planificación Estratégica del gobierno, Raúl Prada Alcoreza, informan desde hace algunos meses que pretenden llevar al país al "socialismo comunitario". La ciudadanía, al escuchar por primera vez este concepto, se pregunta qué significa esta propuesta, de donde viene y a donde va.

Desde el inicio del gobierno del presidente Evo Morales en 2006, la gente pensaba que el país entraba a un curioso modelo económico denominado "capitalismo "andino amazónico", como fue planteado por el vicepresidente Alvaro García Linera. El vicepresidente explicaba entonces que no era posible establecer el socialismo en Bolivia por que existía "… un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente. No se construye socialismo sin proletariado." (Andrés Solíz Rada, La Prensa 28/02/2010). Ahora, sin embargo, desde enero de 2010, el vicepresidente avizora el socialismo en el país como un "horizonte", como un objetivo realizable, por lo que actualmente, gracias a la nueva Constitución Política del Estado y a la instauración de un "Estado integral", nos encontraríamos en una especie de "tránsito al socialismo" (Bolivia es un Estado integral que transita al socialismo y que inicia una década de oro, en La Prensa, Especial, 18/01/2010 y Del Estado aparente al Estado integral, en Nueva Crónica, 26/03/2010).

¿Por qué ese viraje en tan poco tiempo? La ciudadanía se pregunta obviamente sobre las razones de esta voltereta repentina. ¿Este cambio es el resultado del fracaso del "capitalismo andino-amazónico" luego de cuatro años de experimentación"? ¿Acaso los resultados negativos logrados en estos cuatro años en el tema de la pobreza, del desempleo, del subempleo, de la producción y de la mayor concentración asimétrica del ingreso conducen a este cambio de objetivo (resultados que no refleja el producto interno bruto y que el INE no tiene la capacidad de registrar)? ¿Se trata solo de una cortina de humo para ocultar el fracaso mencionado? ¿Se trataría más bien de algún proyecto confuso de dominación por parte de una burguesía burocrática de Estado emergente con pretensiones de poder hegemónico despótico de largo plazo? En fin, se levantaron muchos interrogantes sobre este proyecto particularmente confuso.

Un socialismo comunitario "sui géneris"

En las últimas semanas se han formulado, finalmente, los detalles que tratan de dar algún contenido y fundamento a este tipo de socialismo que sería "sui géneris", es decir, no existente anteriormente. Raúl Prada Alcoreza, actual viceministro de "Planificación Estratégica" del Ministerio de Planificación explica estos detalles con el subtítulo ¿Cómo puede entenderse entonces este socialismo comunitario? Según él "… no se trata del socialismo realmente existente (es decir, como el que existió en el bloque soviético y en Cuba), tampoco del socialismo del siglo XXI (como el insinuado recientemente por Hugo Chávez en Venezuela), sino de otro socialismo inventado por los bolivianos, en el contexto de las luchas sociales y de la guerra anticolonial" (Artículo ¿Qué es el socialismo comunitario?, periódico Cambio, 1°/03/2010. Los paréntesis y las negritas son del autor de éste artículo).

Se trataría, por consiguiente, "de un socialismo que recoge las banderas socialistas por la igualdad y la justicia, en un proceso de radicalización de la democracia, combinándolas con el proyecto de reconstitución de las comunidades y de las naciones y pueblos indígenas originarios." En cuanto a la forma económica y laboral del nuevo sistema, el intelectual incluye a "la matriz comunitaria articulada a la forma cooperativa de trabajo, …, articulada a la recuperación de tecnologías ancestrales." (id.; las negritas son del autor del artículo).

Para acceder al nuevo sistema socialista el estudioso mencionado añade "Parece ser que la salida de la esfera del capitalismo no encuentra su ruta crítica repitiendo la historia de la revolución industrial, volviendo a incursionar por el desarrollo nacional, entendido como el cumplimiento de una meta…". El país no debe pretender, por consiguiente, el desarrollo económico de los sectores productivos, sino, diferentemente, debería simplemente "… retomar la herencia y la experiencia comunitaria de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, …". (id.)

Y, en que consistiría esta "herencia y experiencia"? Estas, es decir, el "sistema" de las comunidades , estaría dada por la "forma de organización integral de lo que ahora llamamos economía, política, cultura, a partir de códigos e instituciones culturales que valoran el circuito del don, la reciprocidad, la redistribución, el prestigio y la rotación."

En síntesis, más allá de las formulaciones lingüísticas descritas, el socialismo comunitario estaría constituido simplemente por dos componentes articulados que serían, por una parte, el sistema comunitario indígena originario (con sus mecanismos económicos y sociales colectivos como el don, la reciprocidad y la redistribución), y por otra parte, el "proyecto anticapitalista de los trabajadores", es decir, una considerada lucha de los trabajadores y obreros contra los capitalistas, es decir, contra los empresarios. (id)

Finalmente, el académico mencionado, advierte que este socialismo "no se consigue de la noche a la mañana" y que "se tiene que romper primero con el carácter unipolar del mundo actual, esto significa quebrar la dominación de la hiperpotencia económica, militar y tecnológica de los Estados Unidos de América." (id.)

La antropología norteamericana y el "invento boliviano"

Ahora podemos analizar con precisión los fundamentos conceptuales de este "invento boliviano" propuestos por los políticos mencionados. Primeramente debemos preguntarnos si esa "comunidad indígena originaria" ancestral existió efectivamente y dónde, constituida y armada con esos mecanismos descritos del "don, la reciprocidad, la redistribución y la rotación". ¿Dónde y cuando existió ese tipo de comunidad? Para el estudioso mencionado, así como para algunos simpatizantes de esta corriente antropológica "culturalista", ese tipo de comunidad habría existido en la región andina del Tawantinsuyo antes y después de la llegada de los conquistadores españoles.

En realidad, de acuerdo con estudios recientes, ese tipo de comunidad ya no existía cuando llegaron los españoles y probablemente no existió anteriormente ni posteriormente en la región mencionada. Esta comunidad "ideal" fue en realidad un producto exitoso de la acción de la "antropología culturalista estadounidense" en Bolivia, que trataba de demostrar en los años 60 a 80 del siglo pasado que antes de los españoles no existía en la región un "imperio Inca", formado por clases dominantes y dominadas, sino "una comunidad o un conjunto de comunidades", basadas en los mecanismos económicos y sociales de la "reciprocidad, la redistribución, la complementariedad" y otros mecanismos.

Antropólogos estadounidenses como Karl Polanyi, John V. Murra o el francés Nathan Wachtel, representantes de la escuela culturalista mencionada, profundamente antimarxista, lograron difundir en las décadas mencionadas que las relaciones económicas y sociales de las comunidades andinas precoloniales estaban basadas en relaciones simétricas y de igualdad como los mecanismos mencionados. Según esas interpretaciones no habrían existido en la sociedad Inca y en otras sociedades como la tiwanacota, relaciones de dominación social y de explotación económica entre clases superiores nobles y clases trabajadoras subordinadas.

En otros países como en México, Guatemala o Perú estas teorías no tuvieron éxito como en Bolivia, ya que en esos países existen desde hace muchas décadas grandes programas académicos de investigación con capacidad para conocer y determinar las características y el funcionamiento de las sociedades e imperios precoloniales. En estos países se reconoce con orgullo que las sociedades Azteca, Maya o Inca estaban constituidas por poderosos imperios conformados por clases sociales fuertemente estratificadas basadas en estructuras productivas complejas de gran diferenciación económica y social. En Bolivia, sin embargo, las teorías culturalistas tuvieron cierta aceptación en algunos círculos académicos y políticos.

En qué tipo de comunidad indígena originaria podría entonces basarse la teoría del "socialismo comunitario"? ¿Tal vez en comunidades más segmentarias y aisladas semejantes a las denominadas "tribus" conformadas por pequeños grupos de personas que habitaban algunos lugares de la selva amazónica? Existen, sin embargo, muchos estudios que describen con detalle las características diferenciales de la vida económica y social de esas comunidades. Sus relaciones económicas y sociales se basaban en realidad en mecanismos interpersonales fuertemente asimétricos de dominio y subordinación entre superiores e inferiores, entre hombres y mujeres, entre familias extensas fuertes y familias restringidas débiles, las familias extensas con acceso a muchas mujeres y a la fuerza de trabajo de sus hijos "ilegítimos" y las familias débiles de carácter monogámicas, o respecto al acceso diferencial de las familias a los "cautivos o esclavos", producto de las guerras y conflictos permanentes entre comunidades.

Las comunidades indígenas originarias en Bolivia

Tal vez la teoría mencionada podría haberse inspirado también en las "comunidades indígenas originarias" resultantes de la disolución de la hacienda latifundista después de la reforma agraria del año 1953. Con la disolución, las formas de trabajo comunal como la mink'a y el Ayni antes orientadas a beneficiar a los hacendados, se orientaron en adelante a beneficiar a los ex colonos ahora comunarios. Antes de los españoles, esos "trabajos colectivos" beneficiaban sucesivamente a los señores locales y Kurakas y luego a las familias nobles del Imperio Inca y de los otros imperios andinos. Con la llegada de los españoles el trabajo comunal benefició a los encomenderos y hacendados españoles y luego a los hacendados bolivianos. Después de la revolución del año 1952, los trabajos colectivos beneficiaron en adelante a los mismos comunarios.

A estos mecanismos económicos y sociales de "ayuda mutua" de las comunidades rurales los antropólogos estadounidenses los denominaron "relaciones de reciprocidad, de redistribución y de complementariedad, los interpretaron como "perpetuos", trascendiendo las épocas y las diferentes formaciones económicas y sociales, y no tuvieron en cuenta sus fundamentos, sus relaciones y orientaciones, sus contextos ni la orientación de sus excedentes económicos.

Las relaciones del "don y del contradon" a que Prada hace referencia fueron detectadas en realidad por el etnólogo francés Marcel Mauss en sus estudios de las tribus aisladas de las islas francesas del Pacífico Central en las primeras décadas del siglo pasado. Los intercambios de bienes entre los "reyes o señores" y los súbditos fueron interpretados por este etnólogo como la entrega de "regalos" al "señor" y la "devolución" posterior de otros "regalos" por éste a los súbditos. El intercambio circular de bienes entre reyes y súbditos fue interpretado como un mecanismo económico de "don y contradon", y por la antropología culturalista estadounidense como una relación de "reciprocidad y redistribución". Estas interpretaciones no logran descubrir o revelar otras relaciones existentes más profundas, como la apropiación "encubierta" o "disfrazada" de los excedentes económicos, el control y dominios de las personas y de las mujeres y otros aspectos.

El antropólogo culturalista estadounidense Karl Polanyi se inspiró de investigaciones como las de Mauss en las comunidades aisladas del Pacífico Central, e insinuó en los años cincuenta que las relaciones económicas de la "sociedad Inca" estarían caracterizadas por relaciones de "reciprocidad, redistribución y otras". John Murra, a partir de esta sugerencia, desarrolló luego toda una teoría culturalista de la "sociedad Inca" que iba luego a influenciar en Bolivia tanto a las corrientes intelectuales más conservadoras y anticomunistas como a las tendencias más extremistas e incluso y foquistas. Lamentablemente, estas corrientes teóricas, ni tampoco los centros académicos existentes, no han promovido durante estos años la realización de estudios e investigaciones más profundas y serias sobre las sociedades precoloniales ni sobre las comunidades actuales.

De acuerdo con la teoría de Murra, la sociedad Inca estaría constituida por un Estado organizador, generoso, filantrópico, redistribuidor del excedente económico, así como por comunidades campesinas subordinadas, caracterizadas por la organización del trabajo colectivo en base a la reciprocidad y la redistribución. Estas estructuras, tanto el Estado absolutista y las comunidades recíprocas, se complementaban asimismo entre ellas mediante la reciprocidad y la redistribución de bienes y de esfuerzos.

Las luchas anticapitalistas

El segundo componente de la teoría del socialismo comunitario estaría constituida por las "luchas anticapitalistas de los obreros y trabajadores". ¿Cómo se presentaría, en el caso de Bolivia, esta lucha de los trabajadores que "recoge las banderas socialistas por la igualdad y la justicia en un proceso de radicalización de la democracia…"? Para responder esta pregunta, es necesario primeramente interrogarse sobre el tipo de luchas de los trabajadores del país en las últimas décadas y años, sobre sus condiciones de vida y sobre sus aspiraciones. ¿Luchan los trabajadores por el socialismo, es decir, por la desaparición en el país de la propiedad privada? Lo que se observa más bien es que los trabajadores luchan por el mejoramiento de sus condiciones laborales, de ingresos y de sus condiciones de vida, pero no de que quieran expropiar a los empresarios o propietarios de los medios de producción.

Varios especialistas registran, asimismo, que existe en el país desde hace muchos años un desempleo y subempleo crecientes, no registrados ni reconocidos por las estadísticas oficiales, pese al incremento del producto interno bruto basado en los sectores extractivos. La aspiración o la lucha de estos desempleados y subempleados no se expresaría en realidad en dirección de la expropiación de las empresas sino más bien hacia la expansión de las mismas, lo que, si así fuera, redundaría en la creación de empleos, de ingresos y en el mejoramiento de las condiciones de vida de sus familias. La inversión en los sectores productivos tanto por la empresa privada nacional como por la extranjera, se muestra particularmente escasa y limitada por que no existen condiciones favorables para su expansión. Uno de los resultados del desempleo y del subempleo crecientes es la migración diaria de miles de trabajadores bolivianos hacia países extranjeros que ofrecen mejores condiciones empresariales de vida y de trabajo. Se observa también que la pobreza es creciente tanto en el campo y en las ciudades, fenómeno tampoco registrado por las estadísticas oficiales ni por el crecimiento del producto interno bruto basado en los sectores extractivos (el mayor de América Latina en 2009). Los trabajos colectivos en las comunidades campesinas, lo que indica la baja productividad y el rendimiento escaso, así como la falta de empresas de mayor productividad en las ciudades y en el campo, no contribuyen tampoco a la reducción de la pobreza ni urbana ni rural.

La situación actual de pobreza y miseria crecientes de la gran mayoría de la población indica en realidad que los trabajadores bolivianos y sus familias aspiran y esperan, para no sufrir más, el cumplimiento del desarrollo económico y social nacional, apoyado en el desarrollo industrial y productivo. Visiblemente, los trabajadores bolivianos y sus familias esperan y aspiran a todo lo contrario de un "socialismo comunitario" con pies de barro.