jueves, 15 de abril de 2010

Tiquipaya 2010

Julio Aliaga Lairana
http://aliaga.lamatriz.org

Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.

Suena muy bien y se hará en Bolivia, en la Llajta, para no ir más lejos.


Evo, el convocante, fue uno de los que impidió el acuerdo básico contra el cambio climático en Copenhague; está visto por quienes intentaban acercarse a un acuerdo posible como uno de los problemas para una política global de reducción de la contaminación en el planeta. Lo esperarán en Cancún, México, con el julepe de la declaración de Tiquipaya, maximalista y radical, como se pretende, en manos de quienes pocas responsabilidades tienen y conocen aún menos de estos asuntos, que más que un problema ambiental para el planeta, son parte de un dogma animista, mágico-religioso. Para ello el líder espiritual de los pueblos indígenas del mundo convoca en Tiquipaya a un encuentro mundial, al que asistirán grupos y asociaciones que no tienen incidencia en el tema.

Será un encuentro más atractivo para la antropología que para la ecología. Hay que recalcar el hecho que Evo Morales puede echarle a perder la vida a la mitad del planeta (eso es un mérito para cualquiera y más para un boliviano y habría que estar orgulloso de ello, como cuando los argentinos estaban felices, porque medio mundo hablaba y conocía a Maradona), haciendo fracasar Cancún, junto a sus amigos, Chavez, Correa, Lugo, Ortega y el del Irán (sálvese quien pueda), el de los velos y la discriminación a las mujeres, Mahmud Ahmadineyad, creo que se llama.

Ninguno de los asistentes en Tiquipaya (del 19 al 22 de abril de 2010) tendrá posibilidades reales de cerrar alguna válvula de la gran contaminación en el planeta tierra (por lo menos yo lo veo como un planeta y no como una madre). Será una importante reunión declarativa, donde las intervenciones serán más bien testimoniales que propositivas y menos aún decisorias. Podrán llegar hasta un par de premios nobel, en medicina o literatura, que dirán su verdad (que también es la nuestra) sobre lo que está sucediendo y quiénes son los responsables.

Eso no le quita méritos a la reunión, se escucharán propuestas importantes y algunas de ellas podrán servir de banderas de lucha para el futuro; algo es algo –dijo un calvo– al encontrar un cabello en el peine. También hay que destacar la capacidad de convocatoria de Evo Morales y felicitarlo por ello, porque nadie tuvo antes la posibilidad de hacerlo y poner a Bolivia en medio de un debate mundial, así sea encabezando la protesta de los desarrapados, que también tenemos el derecho a protestar. Pero hay que saber diferenciar entre el derecho al pataleo (Tiquipaya), de las políticas globales entre estados (Copenhague).

Las grandes agrupaciones corporativas y sociales no tienen interés en una opción radical sobre el cambio climático, porque afecta sus intereses, el de las potencias, las transnacionales, los grandes capitales, y fundamentalmente el empleo y bienestar de millones de trabajadores en el mundo. Por lo tanto, ni los estados, ni los organismos internacionales, ni las transnacionales, ni las corporaciones, ni los sindicatos, ni las internacionales políticas estarán presentes, salvo algunos observadores a los que les viene bien el turismo y el roce solidario con el tercer y cuarto mundos; darán un testimonio de sus preocupaciones y volverán a trabajar y producir en las fábricas y las oficinas que los cobijan.

¿Qué se quiere entonces en nombre de miles de campesinos y gente de buena voluntad que asistirán al encuentro? Notoriedad: un aborigen sudamericano que proclama los derechos de la Madre Tierra vende muy bien, atrae el descontento y la preocupación de muchas personas y de ONGs, que cobran caro por apoyar estas causas y que concentran fortunas; de eso se trata, del ícono, del símbolo, del mito, del carismático fetiche que se puede convertir en un buen negocio. Pero de reducción de la polución y del cambio climático, nada de nada.

Ahora bien, sería bueno predicar con el ejemplo. En términos relativos (debe ser nada en términos globales, pero para nosotros es una vergüenza) desde luego que lo más importante de la contaminación en Bolivia, junto al petróleo y la minería, es el narcotráfico, que está desertizando las tierras de cultivo, contaminando los ríos, esparciendo químicos a diestra y siniestra, a más de destruyendo la vida y las familias de millones de personas, en Bolivia y fuera. Tendría que mencionarse el tema y al presidente de las confederaciones de productores de semejante desastre agrario, ecológico y de tráfico ilegal de drogas, ya que no vale hablar mal del miserable capitalismo , sin fijarse en lo que estamos haciendo con la Pachamama en nuestra propia casa. Se vería bien el gesto, sino habrá de quedar como otra impostura más.


¿Alguien protestó por los pobres pajarracos o pajaritos cuyos plumajes adornan el
vestir de esta fiesta de ancestrales orígenes?