domingo, 25 de julio de 2010

futbol y politica

Ivan Arias Duran
ivanariasduran@hotmail.com

El ambiente futbolero nacional anda agitado por las elecciones en la Liga y en la Federación Boliviana de Futbol. Los detractores y salvadores aparecen por doquier. Unos que hablan de fracaso, que todo está mal, que no achuntamos una y que andamos de mal en peor. Los otros que aparecen con formulas dizque ganadoras y de cambio que nos llevaran a un sitial en el mundial del 2104 en Brasil. Al respecto, se me hace que nos están vendiendo ilusiones antes que realidades. Una de esas ilusiones es creer que los éxitos vendrán trayendo a un bigotón que no tuvo ningún otro éxito después de esa feliz coincidencia de factores del año 93.

Así es, he buscado en el internet algo interesante de tan mentado personaje y, en su hoja de vida después del 93, no hay mucho de qué pueda vanagloriarse en cuanto a éxitos deportivos se refiera. Solo los bolivianos que despreciamos el pasado pero que también lo amamos, debido a nuestra mentalidad colonizada, nos estamos aferrando a una idea que fue, pero que ya no volverá a ser. Lo que ocurrió los años 90 fue la coincidencia de varios factores que no se volverán a repetir a no ser que los vayamos construyendo no en cinco sino en quince años. La clasificación al mundial fue posible gracias a la camada de buenos jugadores que produjo la academia Tahuichi, la academia Enrique Happ y otras que invirtieron desde muchos años antes en formar jóvenes futbolistas. También coincidió la presencia de una directiva que no andaba con sus veleidades políticas y que en silencio decidió apostar a dar una oportunidad a esos jóvenes que ya descollaban en sus equipos. Por supuesto, una de las apuestas fue traer, más que un entrenador, un buen psicólogo. Una persona que saque de los jóvenes no solo su jactancia pelotera, sino el saberse bolivianos y el orgullo de serlo.

Esos factores fueron los que nos abrieron la esperanza y nos la jugamos. Hoy, qué de esos factores existen? Casi ninguno. Quizá por ello nos aferramos al pasado, porque nos mueven los deseos antes que las realidades. El estado descolonizador nos sugiere salidas colonizadoras. Dejemos de hablar que estaremos en Brasil 2014, pensemos en el 2018 o quizá en el 2022. Eso es realismo, eso es sentarse y dejar de soñar en ancianos sueños de ayer, que estoy seguro debemos valorarlos y sacarle lecciones, pero nada más. Avancemos con algo serio sin politizaciones baratas y oportunistas que buscan, también desde el futbol, mamar y subirse al carro dizque del "proceso de cambio". Zapateros a tus zapatos y futbolistas a tus pelotas.

Empecemos por apoyar a las academias, a los clubes. Acá esta la base del futbol y no en las cabezas ambiciosas que nos andan pintando mentiras y jugando con nuestras ansias de tener algún éxito que nos eleve el orgullo. Los sunchu luminarias que han aparecido estos días, son eso, simples luces de fogueo que no tiene luz propia y que nos quieren encandilar con una imagen mentirosa que oculta la realidad. El futbol boliviano está mal no solo porque tiene malos dirigentes sino que el sistema tiene una enfermedad cancerígena que si no la combatimos con sabiduría hará metástasis. No soluciona nada poner uno u otro dirigente. Las soluciones, porque no hay una sola, las conocen los expertos y es urgente que vayamos aplicando las medidas correctivas entre todos, sin desconocer a nadie y sin menospreciar a nadie.

Sabemos que es muy difícil evitar las mezcolanzas entre política y futbol, pero si realmente queremos que el futbol boliviano mejore, que los políticos saquen sus manos de las pelotas, que los clubes se conviertan en verdaderas empresas y que dejen de ser espacios de traficantes de gladiadores del Siglo XXI.