domingo, 4 de julio de 2010

Reflexiones desde Bolivia

Alberto Céspedes
albertcesp@yahoo.com

El mundo como esta construido parece ajeno a quien no quiere reducirse a ser un simple individuo. La verdad es acribillada por el relativismo de nuestro tiempo. La Solidaridad y la justicia, como artefactos arcaicos por naturaleza, sólo inspiran a los falsos profestas del cambio que agitando banderas de odio arremeten con violencia contra los que dicen defender. El idealismo que antes animaba y abrigaba la posibilidad de tiempos mejores ha sido desterrada por el "realismo salvaje".

Hombres bestializados deambulan por las calles como aves de carroña dispuestas a sacrificar a cualquier presa. Los monumentos ya no recuerdan a los martires del Bien Común sino a los megalomanos de revoluciones trasnochadas.

Indígenas que una vez más son utilizados para satisfacer la intención de lucro de algunos cuantos que estan en función de poder generando una "descolonización ilustrada" que disfraza la esencia liberal de una planeta corrompido.

Ambiciones particulares y mediadas por intereses fácticos transversales entre los ajedrecistas del poder están contaminando una cultura espontánea de toma de conciencia de la situación del planeta tierra. Y cómo siempre, por ejemplo, se busca mantener el control a partir de discusos artificiales como el de "los derechos de la madre tierra".

La solución no esta en sólo acabar con el capitalismo e impulsar el vivir bien sino en reencontrar al hombre consigo mismo y promover el bien vivir desde luego bajo una perspectiva civilizatoria nueva y de raíces humanistas.

Las comunidades de personas han sido tergiversadas por los colectivos de individuos. Lo que importa es acumular tener y tener más a un ritmo que ya no es frenético sin esquizofrénico. La cultura de la muerte se muestra más fuerte que el Ser. A pesar de ello, en el sustrato y al interior de los hombres libres se esta encendiendo la llama de la revolución humanista para volver a la esencia de las cosas. Los ropajes son diversos y multicolores emulando un arco iris que anuncia un nuevo amanecer.

Mientras tanto quienes hemos sido víctimas de la arrogancia, la soberbia al extremo incluso de intentar vapulearnos con la calumnia y la mentira todavía cantamos con la misma fuerza y convicción de los espíritus refinados.

Sin duda no todo esta perdido, mientras haya ganas de soñar los verdaderos quijotes dejaran de estar colgados como cuadros inertes y volverán a la esencia de quienes piensan integralmente y se mueven por la paz en su corazón. Podrán quitarnos la ropa, mantenernos con hambre pero jamás nos van a cercenar la posibilidad de pensar soñando.