domingo, 1 de agosto de 2010

Discriminación made in USA

Alberto Bonadona
abonadona2001@yahoo.es

Los mercados son una creación humana y como tales tienen imperfecciones. Impedir la libre circulación de mercancías y capital son claras formas de interferencia en esos mercados que a lo largo de la historia asumieron diversos países para defender, efectiva o supuestamente, los intereses de los nacionales. Las intervenciones en el mercado de trabajo tomaron formas diferentes en distintas épocas, se obligó, por ejemplo, a grandes grupos de seres humanos a viajar largas distancias y trabajar a la fuerza en regímenes esclavistas. O, en otras épocas se abrieron las puertas de continentes enteros, como América u Oceanía, para que enormes grupos migrantes ingresen en ellos para ofrecer su trabajo con mínimas restricciones. Estados Unidos se destacó por combinar en su proceso proto-industrial e industrial el esclavismo y la libre contratación de mano de obra migrante.

En el mundo industrializado, Estados Unidos se destaca por ser un país de inmigrantes y si bien no siempre defendió la libertad de mercados, muchas de sus políticas, acuerdos internacionales y declaraciones lo muestran hoy como un país a favor de esa libertad. En el mercado laboral, la aplicación de esas políticas necesariamente exige la eliminación de todo tipo de discriminación que se pueda imponer en contra de cualquier grupo humano. Sin embargo, precisamente en este mercado, la sociedad estadounidense tiene un doble discurso y la libertad es cosa del pasado.

Además de continuar con la construcción de un ofensivo muro en la frontera con México para frenar el paso de latinoamericanos en busca de trabajo en los Estados Unidos, ahora en el Estado de Arizona se aprueba una ley que otorga "libertad para discriminar". No sólo que en los hechos trata como delincuentes a los inmigrantes indocumentados, muchos de ellos con decenas de años habitando en ese Estado, sino que la policía puede detener a quien considere sospechoso de esa condición sin mayores restricciones. ¡Qué derechos humanos ni qué ocho cuartos! A alguien con cara de latinoamericano o que hable como tal, la amable policía de Arizona lo puede detener.

El muro sigue en construcción, pues no es tarea fácil amurallar 3.200 kilómetros que separan ambos países. Se inició en 1994 y se ha superado algo más que el 50% de la distancia total. Una barrera natural que no se amuralló es el desierto de Arizona que sólo hizo que miles de migrantes se aventuren a cruzarlo y miles también encuentren la muerte. Este muro es una política oficial de los Estados Unidos y cuenta con apoyo tecnológico de toda índole para detectar movimiento, luces de alta potencia, tropas y helicópteros para atrapar a pobres e indefensos migrantes de los países del Sur.

Se elevan voces en contra de la ley de discriminación, la SB1070, fuera y dentro de los Estados Unidos, pero nada frena la discriminación de latinos en la supuesta tierra de los libres. En contraste, la ausencia de restricciones al libre movimiento de la fuerza de trabajo existente en la Unión Europea es ciertamente ejemplar aunque, por cierto, no ha eliminado la discriminación y oficialmente todavía no intenta volverla en ley.

El camino emprendido con el desventurado muro parece sin retorno y el oprobio que significa se ahonda con la ley de Arizona. México se apresta a recibir a los miles de compatriotas que ya empezaron a regresar. Otros estados latinoamericanos no se preparan al masivo retorno y, si bien los mexicanos son la mayoría de éstos, no hay más que declaraciones en contra de la desgraciada ley, pero sin previsiones para los infelices que deben volver al desempleo que los espera en sus propios países y que es la desesperante realidad que, de inicio, los hizo emigrar a la "tierra de los libres".