lunes, 9 de agosto de 2010

Espacios urbanos, lugares paradisiacos.

Jorge R. Costas Arze
jorge_costasa@yahoo.com

En los últimos años estudiosos de las diferentes especialidades se olvidaron de mirar a los barrios periurbanos de las ciudades de nuestro continente; miradas de estos que confundieron a los lectores transmitidos en los textos, libros, etc. por los enfoques de pobreza; miseria y calamidades que se reflejan es estos.

Lo paradisiaco de los lugares sin sentido de ser habitables; compartiendo los espacios con animales inconcebibles; que caminan hasta en las ollas de los desdichados habitantes de los suburbios de nuestra América. ¿Conocemos en realidad estos barrios? o sólo escribimos los rebotes de nuestra conciencia. Los espacios habitacionales en la historia; aquellos que nos llamaron la atención, son los lugares de los hombres y mujeres, que ahora es necesario abrir la discusión sobre un tema básico y siempre presente en la historia. Los espacios y los lugares no son solo consecuencia de relaciones político-económica sino también son sensibilidades que impregnan la vida, las relaciones sociales de los hombres y mujeres que viven en sociedad.

Durante años, las categorías utilizadas en la lectura del desarrollo territorial se han apoyado en una idea central que atraviesa las nociones de ciudad/campo, centro/periferia. Hoy nuevos pensamientos abordan la problemática estudiando la sensibilidad de los espacios urbanos y de los lugares domésticos, viendo a la ciudad y los lugares de vida, como sistema de relaciones de inclusión-exclusión, de poder, de generación de fronteras reales e imaginarias, surgiendo la ciudad y la vivienda como un componente presente en cada una de estas aproximaciones históricas.

Ello lleva a los estudiosos, con una nueva y más amplia visión, a penetrar los fenómenos colectivos y la representación en el espacio desde categorías sociales reificadas, deslizando las investigaciones hacia los estudios de redes sociales, las vivencias de los hombres, las estrategias individuales, es decir, acercándose a los fenómenos sociales "a partir de la experiencia, los comportamientos y las representaciones de los actores", centrando la mirada en las formas en que el hombre se apropió y al mismo tiempo construyó su mundo social.

De lo expuesto surge claramente que, si bien ha sido tratado el espacio donde se mueven y articulan las relaciones sociales, quedan aún por abordarse múltiples facetas en los análisis históricos, surgiendo además infinitas preguntas. Lejos de haberse agotado el estudio de la vivienda, la ciudad y el hinterland, estos temas son una invitación a continuar abordando la historia local para interpretar el hábitat, el desarrollo territorial de la ciudad y de la región, como también el establecimiento de las múltiples relaciones que se forjaron en esa geografía, reificando las categorías analíticas para comprender el micro y el macro-espacio.