domingo, 8 de agosto de 2010

Hubris: virus antidemocratico

Iván Arias Durán
ivanariasduran@hotmail.com

El comportamiento de los poderosos ha sido objeto de profundos estudios psicológicos. Los griegos llamaron "Hubris" al mal padecido por los que mandan, ya sea como caciques, reyes, presidentes, jefes de estado, dirigentes o militares."Los síntomas de la enfermedad del poder comienzan con un clima de sospecha hacia todo lo que rodea al poderoso, siguen con una sensibilidad crispada en cada asunto en donde interviene, se agrega después una creciente incapacidad para soportar las críticas y, más adelante, se acompaña de la sensación de ser indispensable y de que, hasta su llegada al poder, nada se había hecho bien" (E. Hemingway).

En general, la patologia del enfermo del poder muestra una persona muy pretenciosa y explotadora, es decir saca provecho de los demás. No puede identificarse con los sentimientos o necesidades de los otros, envidia o cree que la envidian y tiene actitudes constantemente arrogantes. Los síntomas de los enfermos de poder son elocuentes y comunes a todos los pacientes: exagerada confianza en sí mismos; desprecio por los consejos, alejamiento de la realidad; burlas públicas de otras personas; complejos de persecución e invento de historias y complots para asesinarlos; enemistarse con algunos periodistas y hacerse uña y carne con otros; confrontarse con los poderes fácticos. Se esfuerzan en hacer creer a los incrédulos que su plan de país o comunidad mira más allá de sus narices.

"El camino que siguen para contraer la enfermedad es el mismo. Por cualquier circunstancia fortuita llegan al poder con humildad y medios ahuevados porque no conocen de la misa la media, pero muchos achichincles y genuflexos se encargan de alegrarles el oído con cantos de sirenas, diciéndoles que son inteligentes; cultos; instruidos; ingeniosos; ocurrentes; campechanos; alegres; bellos y predestinados a mandar. Lo peor del caso es que luego se creen los cuentos de los aduladores de oficio". (Roberto Ordonez ,2009)

David Owen (In Sickmess and in Power,2008) explica que el dominio del poder ocasiona cambios en el estado mental y conduce a una conducta arrogante por lo que las enfermedades mentales necesitan una redefinición para incluir el Síndrome de la Arrogancia y darles un número en el Código Internacional de Enfermedades (CIE). A algunos políticos el perfume del poder los hace arrogantes y soberbios, tanto así que ponen en riesgo la gobernabilidad de un país, "pues si bien el Litio ayuda controlar algunos desordenes maníaco depresivos, aún no contamos con un fármaco que ayude a controlar los estados de arrogancia y altanería." El virus del poder entra en el sistema linfático del político con tal virulencia que hasta los que parecían cuerdos empiezan a mostrar comportamientos extraños. Este síndrome corroe las entrañas de la democracia debido a la arrogancia.

El diccionario define la palabra arrogancia como "Actitud de la persona orgullosa y soberbia que se cree superior a los demás". Dante lo define como el amor propio perverso que lleva al odio de los demás. Cuando una persona es arrogante se siente superior a los demás. Piensa que siempre tiene la razón y los demás están equivocados. Cualquier cosa que otra persona dice, para el arrogante, si no está de acuerdo, no sirve. Los arrogantes se sienten superiores a causa de su baja autoestima y buscan un mecanismo compensatorio para sobrevivir. Son inseguros y esta se manifiesta denigrando a los demás para poder sentirse bien ellos mismos. "El dinero no cambia al hombre, simplemente lo desenmascara. Si un hombre es naturalmente egoísta, avaro y arrogante, esto se manifiesta con el dinero" (H. Ford)