miércoles, 25 de agosto de 2010

TRANSCULTURACIÓN Y COLONIALISMO (2)

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

Dentro de lo que denominamos el contacto transculturizador planteado por el antropólogo Alemán Eduard Spranger, otras formas de contacto son: La Recepción a distancia: Este tipo de contacto, a diferencia del anterior, no se origina en la ocupación de un territorio sino que se ejerce a distancia, a través, de un intercambio político u económico, en que el grupo autóctono adopta algunas formas de vida, conceptos o valores de la cultura más avanzada.

Entendiendo como cultura más avanzada, por ejemplo, los derechos de las mujeres a la libertad de elegir el número de hijos que desea tener, al trabajo en igualdad de condiciones, las formas democráticas de convivencia y el respeto a las minorías, se produce un intercambio político y económico que permite al grupo autóctono integrarse a una cultura más universal.

El Renacimiento: Es el contacto con formas culturales ya desaparecidas del mismo pueblo o de otro más antiguo cuya cultura es tomada como modelo, recurriendo al estudio y adopción de obras culturales con el fin de integrar a la sociedad los valores de estas civilizaciones pasadas.

Esos valores que son la piedra angular de cualquier civilización se mantienen latentes y salen a manifestarse mediante símbolos o signos propios de las culturas, ¿Son las culturas autóctonas, civilizaciones pasadas?, aquí está el meollo del asunto para resolver la disputa acerca de la dominación de una cultura sobre otra. Antes de la llegada de los españoles se podría decir que no hubo transculturación en grupos étnicos que no tuvieron contacto con otras culturas.

Si las culturas autóctonas no son civilizaciones pasadas, por el hecho de ser culturas vivas y en permanente evolución, no debería molestarnos el uso de la Wiphala por ejemplo. Centrar el debate en que el estandarte para unos o bandera para otros, representa la dominación del gobierno de turno, no tiene sentido. Lo que se tiene que ver es el significado de inclusión que merece darle a los pueblos indígenas de Oriente y Occidente. Quienes pretenden rechazar símbolos de pueblos en lucha por su inclusión, deben ver que es posible en base a esos símbolos lograr acuerdos y pactos más allá de lo político y económico.

La revisión o revisionismo cultural del que hace carne un grupo de élite que inventa la historia para fines de dominación, no tiene sentido y cae por su propio peso, volviendo al ejemplo de la Whipala, pretender hacer creer que proviene, es decir, que ya se la conocía o que existen rastros de más de 500 años, es un despropósito, es un insulto a la inteligencia, no necesita de semejante edad la bandera para ser un símbolo de los pueblos indígenas.

Con el proceso de globalización de la economía también se está produciendo una globalización de la cultura, por ejemplo es común en nuestro departamento las comidas orientales de China, el majao o pataska de nuestro Oriente y comidas como el fricasé de nuestro Occidente, además de las transnacionales hamburguesas y Hot Dogs.

Es aquí donde entran en juego los procesos de socialización y los agentes socializadores, por eso los procesos de transculturación son más rápidos que antes y una misma generación vive elementos culturales diferentes, es decir, sufre transformaciones culturales que por ser producto del contacto a través de los medios de comunicación no se siente que es una imposición como la vivida por nuestros antepasados con la llegada de los españoles.

Como tampoco debe ser una imposición, el uso de símbolos para sentar soberanía o dominio político dentro de un territorio, que si bien se debate en la resolución del empate catastrófico, no es necesaria la dominación militar y el uso y abuso de la fuerza represiva, como en Caranavi, para imponer un sistema de control totalitario a nombre de una cultura superior.

En el anterior artículo no se aclaró la oposición de la cultura autóctona a la conquistadora, el fenómeno acontece en varias secuencias. En primer lugar, la cultura autóctona se opone a la conquistadora. Después, con la prolongación del contacto, se empiezan a aceptar algunos elementos y se rechazan otros, pero se siembra el germen de una cultura sincrética. Es entendiendo ese sincretismo y respetando los valores de todas las culturas, que podremos hablar de una verdadera inclusión.