miércoles, 25 de agosto de 2010

La primera expedición

Guillermo Capobianco Ribera
memocapobianco@gmail.com

El paso de los años sólo acrecienta el estupor y la admiración por una empresa de características épicas llevada adelante durante la segunda mitad del siglo XVI.

La condujo un joven español extremeño, nacido en Santa Cruz de la Sierra, Ñuflo de Chávez, colonizador, conquistador, conspirador o "invasor" como podría llamársele hoy en día.

Fue también un líder de pueblos y un gran seductor.

No se explica de otra manera que hubiese "enamorado" al 90% de la población de Asunción del Paraguay para emprender un viaje sin retorno en busca del "el dorado", reino del oro y metales preciosos de sus sueños.

Los convenció a todos y los condujo en una aventura sin parangón para la época; remontar las aguas del Rio Paraguay y penetrar luego 700 Km en la maraña de la selva con todas sus acechanzas, peligros y misterios.

Pero los convenció y los condujo a la aventura.

Se embarcaron todos: hombres, mujeres, niños y ancianos incluido el Señor Obispo de la emergente Asunción ciudad madre de la Segunda Buenos Aires.

Como en la historia de la colonización inglesa, los futuros cruceños se fueron con todo: familia, hijos y aperos de labranza, a diferencia de los otros conquistadores que ingresaron por el Perú munidos sólo de su ambición y su angurria de poder y de riqueza.

Los "colonos cruceños", esa caravana de mil o mil quienientas almas que tuvieron el coraje de ingresar a la masa continental por el este y fundar ciudades desde la Gran Chiquitania hasta las orillas del Pirai, llegaron a la selva para quedarse.

No encontraron el "reino de sus sueños" pero conquistaron el derecho de establecerse en la llanura, fundar familias, cultivar la tierra y estructurar un régimen patriarcal de naturaleza semifeudal estratificado pero cultor ya desde entonces de los valores y virtudes de la lealtad, la rebeldía y el amor infinito a la independencia, la libertad y la autonomía.

Los otros "colonos" ibéricos en cambio, explotaron sin medida la plata del cerro portentoso de Potosí, alimentaron imperios coloniales en España y Europa y consolidaron un sistema vandálico de opresión y miseria en base a sangre de mitayos y originarios inermes, pese a que fue un indígena quien descubrió el portento.

500 años después, un pueblo rebelde, Potosí, se levanta en busca de justicia y tal vez, como dijo el poeta un día, "en busca del tiempo perdido"

Hasta eso le han negado ahora sus hermanos empoderados y ebrios de mando y de impunidad.

Fueron sin duda dos corrientes colonizadoras diferentes con protagonistas cualitativamente diferentes; la una explotó y fundó imperios, la otra se estableció en la espesura de la selva rebelándose siempre contra el centralismo y el olvido.

La del Perú llegó para saquear un cerro y oprimir a un pueblo, la otra para "desencantar los ríos" establecer un régimen patriarcal con sus virtudes y miserias conocidas por la historia.

La "comunidad cruceña" sobrevivió 300 años hasta que la Revolución Nacional le abrió una oportunidad, los años cincuenta, que ellos supieron aprovechar en base al proceso acumulativo que comenzó con el liderazgo de Ñuflo de Chávez y la organización y puesta en marcha de la increíble "primera expedición".