martes, 28 de septiembre de 2010

Control de precios

Alberto Bonadona Cossío
abonadona2001@yahoo.es

Los enormes ingresos que Bolivia obtiene por sus exportaciones inevitablemente se traducen en un aumento del consumo privado, entre otros aumentos. No puede ser de otra manera porque así es cómo funciona una economía; son flujos de producción e ingresos que se dirigen y emergen de mercados de productos y de factores. No todo acaba en el TGN o el Banco Central y, si pasa por ahí, hay fracciones que caen en manos privadas. Estas de algo viven y deben consumir.

Entre los productos que consumen los privados está la carne de pollo y con toda certeza la demanda de esta carne, de otras y de un sinnúmero de alimentos, ha incrementado en los últimos años y lo seguirá haciendo en el futuro inmediato. En teoría económica elemental si la demanda de un producto sube (el pollo) y no tiene la respuesta inmediata con un aumento de lo producido, el precio de ese producto subirá.

El asunto se complica si para producir más pollo se necesita de maíz cuya producción cayó y su precio, naturalmente, subió. Y subió debido al control o prohibición de exportar maíz hace dos gestiones. Por hacerlo mejor se quiso controlar los precios del maíz evitando que este salga fuera del país; se evito que salga y se logró que en el presente año agrícola se plante menos maíz porque el precio bajó.

Este es un ejemplo de cómo no intervenir en la economía, especialmente, en la que tiene que ver con alimentos. Peor aún en estos tiempos en que el maíz se convierte en combustible. Añádase que hoy por hoy los bolivianos, en promedio, están comiendo más pollo.

Esto que ocurre con los pollos se repite con el cemento. Por la razón que sea, en Bolivia se están construyendo más casas y más edificios. La demanda de cemento creció y todo indica que seguirá creciendo. Lo mismo que se está importando más maíz se debe importar más cemento. Si el Estado quiere hacerlo por su evidente vocación de tendero que lo haga pero que no se le ocurra imponer, además que por ley, control de precios.

Parece que esta mi advertencia llega tarde porque ya Fernando Fuentes, Viceministro de Defensa de los Derechos del Consumidor, se encuentra en los afanes de alistar una ley para controlar precios con las debidas sanciones a la especulación. En este campo existe ya una ley que es la del mercado y lo más aconsejable para cualquier gobierno es intentar respetarla y acatarla por todos los medios posibles. El mercado no genera equidad ni busca justicia pero al momento de asignar recursos de manera masiva es un mecanismo eficiente.

Cuando se controlan los precios de artículos tan sensibles a variaciones en la cantidad producida, por lo general, el remedio es peor que la enfermedad. Que el gobierno esté preocupado del abastecimiento de maíz, de pollos y de cemento es parte de su trabajo cotidiano. Otra cosa es que se meta a controlar precios y así generará, a la larga o a la corta, mayor desabastecimiento y mercados negros. Si el viceministro que debe defender los intereses del consumidor quiere efectivamente cumplir con su cargo que no controle precios. Mejor lo hará si controla la calidad de lo que el consumidor compra. En este campo casi nada está hecho en el país.