martes, 28 de septiembre de 2010

Re: El racismo y la ley que busca combatirlo

Tito Pedro Reynaga V.
wreynagavx@yahoo.es

El racismo en nuestro país viene de mucho tiempo atrás, desde la invasión española del Tawantinsuyu. Y viene hecho cultura, como parte del sistema colonial interno. La estructura social que desde la expulsión del poder español rige los destinos del país, por encima de las apariencias republicanas, capitalistas o socialistas.

En Bolivia tenemos el racismo metido hasta en los huesos. Racismo no es sólo desprecio al otro por su supuesta inferioridad, es también, desde el bando despreciado, el reconocimiento de la supuesta superioridad del otro, explícita o implícitamente. Como el sobreaprecio de las formas y color de la raza blanca como más estéticas que las nuestras. Etc. Con seguridad que en Bolivia el racismo no es nada trivial. La mayoría de nuestra gente sufre el racismo día a día, frontal o veladamente. Pertenecemos a un pueblo al que los colonialistas de la feudal España le chantaron el estigma de la inferioridad racial. Y así nos tratan, hasta en los países hermanos de la vecindad.

¿Podrá la ley contra el racismo combatir esta lacra? Creo que no. No en el marco de una realidad estructural donde el valor de la gente se define todavía por la raza o la ideología antes que por su capacidad productiva. Peor aún, al haber encontrado el gobierno en el racismo una veta que explotar para su beneficio y utilizarlo como arma contra sus opositores. El poner de bandera las diferencias raciales no puede sino ahondar el problema.

Sólo el cambio de las condiciones materiales de vida, como diría un amigo trotzkista, puede incidir en el problema.

Pero, ¡qué cambio! Si la experiencia de la humanidad vale, y vale la nuestra, encontraremos que los países que organizaron su economía bajo el mando del estado, los socialistas marxistas, nazifascistas o falangistas, antes que eliminar las diferencias étnicas y el racismo, los ahondaron hasta niveles brutales, como antesala incluso del genocidio. Ahí está el holocausto --reconocido por el mismo Fidel Castro contradiciendo a su amigo Ahmadineyad--. Como los terribles conflictos interétnicos en Bosnia, Kosovo, Servia... (del ex país socialista yugoeslavo), o Chechenia, Osetia, Abjasia (de la ex URSS).

Mientras que en el ámbito de los países que organizan su economía sobre la base del mercado los problemas racistas y de segregación étnica han ido disminuyendo visiblemente. Al punto de que hoy en los EE UU, un país de larga tradición racista, tenemos a dos desdendientes de una raza esclavizada en calidad de: primer ciudadano y primera dama. Si esto no es avance contra la segregación racial y étnica, qué es. Mientras que en la muy justa y muy socialista Cuba, los de esta raza, la africana, no logran destacar de igual modo ante el monopolio del poder en manos del partido comunista y sus líderes blancos.

¿Cómo explicar esto? En realidad, sucede que para las relaciones de mercado no cuentan las diferencias raciales ni étnicas, sino el beneficio económico. Es en el ambiente de las estructuras del poder, del dominio político, donde juegan las ideologías racistas y las diferencias étnicas, como los temas religiosos. Por lo que la práctica persistente de las operaciones de compraventa puede terminar marginando los criterios racistas y discriminadores a favor de la capacidad productiva de las personas.

Ocurre, en la práctica de la compraventa, que quien vende un producto al precio que le parece conveniente suele terminar la operación con un gracias y que le vaya bien, dirigido al comprador. Gracias que este le devuelve, por haber comprado algo que quería a un precio que le parece apropiado. Un hecho repetido millones de millones de veces diariamente. Y es que para quien está puesto para vender sus mercancías no cuenta el color de piel de su comprador, ni su clase ni religión, o sus costumbres, si es bueno o malo, si golpea a su mujer o no... Y lo mismo pasa con el comprador. Aquí lo que cuenta es vender y comprar con ventaja económica, eso es lo fundamental. Por estas razones es que el mercado genera respeto, aprecio por el otro, aprecio por sus cualidades productoras... por encima de las diferencias étnicas, de clase, etc. Por eso mismo es que el mercado ha generado grandes espacios de integración por encima de las diferencias étnicas, como la Comunidad Europea o los EE UU, mientras que los estados e imperios fundados en el protagonismo del estado en la economía van desintegrándose.

Entonces, si cambio queremos, si de combatir el racismo se trata, la mejor manera de cambiar las condiciones materiales de vida requeridas será el asumir a plenitud un sistema económico basado en el mercado.

Hasta nuestra experiencia apunta en ese sentido. De la década de los ochenta al 2005, el racismo militante prácticado en Santa Cruz fue cediendo visiblemente ante el empuje productivo de los migrantes kollas, que encuentran en el mercado el espacio y las condiciones para hacer valer sus capacidades productivas y aumentar su patrimonio, por encima de la segregación. Proceso que fue interrumpido por el afán del gobierno actual por levantar las banderas raciales y sus afanes por estatizar la economía al estilo cubano o venezolano. Peor aún, cuando aprovecha de la indiscutible necesidad de combatir el racismo, para meter en la ley medidas para, a título de racismo, limitar la libertad de expresión e información sancionadas por la CPE y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Algo absolutamente inaceptable, aunque no sorprendente, dado el conocido estilo de dominio del socialismo marxista, incapaz de sobrevivir en un ambiente de libertad de comunicación y respeto a los derechos ciudadanos. Un sistema social por el cual, los masistas, parecen dispuestos a armar un infierno en el país. Patético empeño, que se da a sabiendas del fracaso del mismo, en todo el mundo. Un sistema del que no lograremos nada. Nada que valga la pena, como no lo ha encontrado el pueblo cubano o los norcoreanos, los pueblos de la URSS, China, Alemania Oriental... Países obligados por la realidad a dar marcha atrás, para salir del atraso y la pobreza y construir una sociedad más justa. Mientras que a nosotros, nos van arrastrando hacia el sistema. ¿Podrían explicar esto los intelectuales, teóricos y líderes masistas?

¡Que vamos ha triunfar ahí donde han fracasado rusos, alemanes, coreanos, cubanos... ! ¡Cómo! ¿Qué factores, cualidades, mañas... tenemos en el país que nos permita encontrar éxito ahí donde han fracasado los líderes de grandes y poderosos países, en más de 70 años de práctica? Algo muy retorcido esta pasando en Bolivia.