jueves, 9 de septiembre de 2010

Politeia

Guillermo Bedregal Gutierrez
guibedre@yahoo.es

Con las Autonomías, la participación popular, (PP) tiene vigencia política cuya praxis se orienta a la integración de la sociedad y no sólo a la preservación de los grupos étnicos, en escaparates de museos o curiosidades antropológicas como son las "reservaciones indias" en los Estados Unidos y Canadá.

Esta radical transformación es dialécticamente prospectiva a la de 1953 (reforma agraria). La alternativa en la PP corresponde a 1982, a esa coyuntura democrática y al grado de avance político de las organizaciones que las sustentan donde también se inscribe el proceso de cambio vigente en sus matrices esenciales.

Partimos en la Cuestión Nacional (CN) prácticamente desde 1492 fecha de la "invasión europea" a la América India, pasamos por la República señorial y avanzamos por el sistema democrático restringido (el del voto calificado y censitario) y continuamos con la Revolución social de 1952 y abrimos el horizonte estatal, hacia la desoligarquización del poder, y proseguimos, pese a sus falencias con las autonomías y otras políticas innovadoras.

La válida tesis de la alianza de clases conjuntamente con lo pluricultural y multiétnico fecunda el gran cambio revolucionario por la participación activa, quebrantadora de la estructuras vigentes para lo cual las decisiones se van presentando como unidades políticas diferenciadas, pero integradas dentro del objetivo nacional y democrático, es decir la meta Nacional – Revolucionaria.(N-R). Para la CN se trata de un reto que enfrentamos con la realidad sencilla y cruda de que nuestro país es diverso. No queremos seguir siendo lo que fuimos en esas categorías reduccionistas del eurocentrismo, sino también queremos ser aymaras, quechuas, tupi guaraníes y esencialmente mestizos, cholos. Todo ello, más allá de las "alienaciones" unidimensionales de un poder exógeno sin entrañas. Esas diferencias hacen de lo político N- R actual una profunda y maciza heterodoxia. Se sigue la ruta histórica de la Revolución Boliviana con un nuevo y actual pensamiento político cuyas tesis centrales revisionistas son la simiente critica para hacer válida la solución teórica y material de la CN. El tema de los pueblos prehispánicos, el mestizaje, se proyecta hacia el nuevo milenio en forma concreta, no interesa quien aliente y conduzca la transformación, lo que vale es que persistimos en la búsqueda de nuestra identidad y cultura propias: el ejercicio del derecho a la diferencia. Avanzamos en el cambio de la estructura de dominación: la abolición de la desigualdad. "Igualdad y diferencia" escribió alguna vez Sergio Almaraz, donde se conjugan varios discursos políticos, en la organización en las estrategias de acción, pero radicalmente en la conciencia ciudadana.

Al solucionarse en 1952 el asunto campesino y el modo de producción esclavista y feudal, abrimos el cauce de un revisionismo histórico profundo, cuyos precedentes más notables se expresan en Carlos Montenegro y Carlos Medinaceli. Se trataba de buscar la "restauración del glorioso pasado" que parte de considerar científicamente que la sociedad pre- colonial fue algo superior al resultado de la derrota que implicó la conquista española. No nos afirmamos dogmáticamente en el supuesto que el desarrollo del Incario u otros precedentes agrícola-sedentarios fueron perfectos y que los europeos interrumpieron brutalmente su desarrollo normal, distorsionando la civilización indoamericana.

En 1952 Bolivia se aparta de ese proceso puramente indigenista que cree que la liberación sólo será posible mediante la restauración de la sociedad precolonial y el rechazo total de la interferencia eurocentrista. Este proyecto habría implicado el maximalismo romántico de expulsar a la civilización occidental, para hacer de Bolivia y de América Latina, la Patria India que postulaban Fausto Reinaga y otros menores intelectuales de esa utopía.

La posición N-R estribó en los cambios de estructura entre la relación indio/no indio y lo esencial indio/Estado. A través de la transformación radical del sistema imperante, cuya herramienta clave fue la R.A de tipo estructural, la PP y el nuevo sistema de las autonomías.