viernes, 10 de septiembre de 2010

SEAMOS ECOLOGISTAS CONSCIENTES

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

No había sentido un ambiente tan lleno de humo y de penetrante olor que denotaba una combustión de algo, hasta aquella reciente noche del mes de agosto, cuando salí un momento de mi residencia. Era la consecuencia de los incendios forestales generalizados en el campo y en tierras aptas para la agropecuaria. Nada que ver con las pobres tierras del altiplano permanentemente desoladas durante todo el tiempo porque su actividad agrícola es mínima. Este panorama es muy diferente en el oriente tropical del país donde esta actividad es significativa.

Hace ya varios años que las autoridades edilicias de la ciudad de La Paz se preocupan por erradicar ese viejo hábito de los bolivianos de efectuar fogatas en la noche de San Juan, bajo el pretexto de la noche más fría del invierno, y con bastante éxito; éxito, que desaparece cuando se viene la época de la quema indiscriminada de pastizales y bosques en el país, los "chaqueos", incendios premeditados, una forma primitiva de preparar la tierra para la actividad agrícola. Las fogatas familiares de San Juan, comparadas con estos chaqueos son cosas de niños.

Se tiene la impresión, este año, que los incendios forestales que sufre el país son más graves que los del año pasado, porque, según los entendidos, estamos todavía en la mitad de la temporada de quemas, y el total de hectáreas afectadas ha superado ya aquella que se tuvo para todo el año 2009. Estamos hablando de más de un millón y medio de hectáreas. La gravedad del problema, este año, es que poblaciones cercanas a los lugares de los incendios, agravados y expandidos, llegaron a constituirse en una amenaza para las viviendas de sus moradores.

Vivimos una época donde los ecologistas nos vienen atormentando con sus predicciones catastrofistas sobre el calentamiento global, donde es difícil, para el común mortal, distinguir entre la fantasía de sus predicadores y la realidad, entre verdad y la ideología. Lo que es evidente es que hace tres siglos atrás la población mundial se ubicaba en el orden de los 600 millones de habitantes y, hoy, está por los 6,700 millones, denotando con ello una enorme expansión, que viene acompañada también con el inusitado aumento de la actividad ganadera necesaria para alimentar una población tan grande. El vertiginoso crecimiento demográfico es pues la causa inmediata para el incremento del dióxido de carbono en el medio ambiente, que no puede ser contrarestada por las áreas verdes, ya que las mismas han sido devoradas por el hombre en su proceso de esparcimiento.

Este año, como en el pasado, se observa que las instancias gubernamentales no tienen preparación alguna para enfrentar el problema, tanto a nivel de prevención como para su inmediato sofocamiento, un vez detectado algún incendio. Estas quemas de inmensas extensiones del territorio nacional son una afrenta al medio ambiente, una destrucción de fauna y flora, causa de enfermedades, infecciones, asma y conjuntivitis en la población. Vivimos el tiempo donde se considera vital la permanencia de los espacios verdes por su capacidad de contrarrestar el anhídrido carbónico que espiramos los hombres y los animales, y no se hace nada.

No es posible que un gobierno que ya tiene cinco años de gestión, que se ha hecho conocer en el mundo como un radical defensor del medio ambiente, de la "madre tierra", la pachamama, no pase del discurso ideológico. En la realidad, tolera estos enormes desastres generados en el mundo rural.