domingo, 12 de septiembre de 2010

UNA LEY HISTORICA DEBILITADA POR ASUNTOS COYUNTURALES

Luis Bredow Sierra
luisbredow@gmail.com

EL VIGOR Y LA CORRECTA UTILIZACION DE UNA LEY DEPENDE EN ULTIMA INSTANCIA DE LOS CIUDADANOS

He leído la Ley contra el racismo y toda clase de discriminación y he observado la controversia que ha desatado. Creo que conviene tener una actitud sencilla, clara y coherente ante esta Ley y para ello hay que separar lo principal de lo accesorio.

LO PRINCIPAL ES:

1. El racismo existe en Bolivia y es una estupidez, un delirio colectivo que paraliza a la sociedad y le impide aprovechar todas las potencialidades de sus integrantes. La discriminación por motivos raciales mantiene a la sociedad boliviana en un estúpido letargo, que conviene a muy pocos y hiere a muchos.

2. El racismo es una rémora que impide el total ejercicio de la ciudadanía y por ello debilita al Estado.

3. Por ello, el Estado debe desarrollar una política pública para mitigar los efectos paralizante del racismo en la sociedad y para promover ciudadanía. Para esta política pública es necesaria un Ley.

4. La Ley que será promulgada tipifica bien qué es el racismo y lo define correctamente. Es una definición amplia, general, que no promueve particularizaciones inconvenientes. Ha sido redactada con ecuanimidad y calidad.


LO ACCESORIO, QUE DEBILITA LA LEGITIMIDAD DE LA LEY, ES:

A. La tendencia que han tenido y todavía tienen los actores políticos, tanto del gobierno como de la oposición, de utilizar el racismo como una palanca para acumular impulso social y obtener hegemonías. Ambos han politizado el racismo.

B. La poca credibilidad que gozan los actores del gobierno pues cunde la desconfianza de buena parte de la sociedad civil ante la creciente utilización por parte del Ejecutivo del sistema judicial para aumentar su poder político/partidario.

C. Le tendencia de algunos sectores de la oposición de utilizar los miedos a lo que llaman el "racismo a la inversa", para amasar respaldo contra el gobierno.

CONCLUSION

La Ley contra el racismo es necesaria, correcta y adecuada. No es posible rechazarla pues los argumentos principales tienen más peso que los accesorios ya que los primeros tienen un vigor histórico, mientras que los segundos son sólo de coyuntura política.

Por eso, los argumentos de la oposición contra la Ley son endebles, pues al concentrarse en sólo hacer referencia a la coyuntura política y a los peligros que entraña, parecen desdeñar o no aceptar la necesidad histórica de una Ley contra el Racismo que Bolivia necesitaba desde siempre.

El argumento de que la Ley daña la libertad de expresión es espurio pues esa libertad no autoriza la difusión de fantasías y arengas racistas que irían contra el principio de igualdad de todos los ciudadanos que, justamente, sostiene el derecho a la libertad de expresión. Estados tan democráticos y liberales como Alemania, penalizan la difusión de expresiones racistas. Ningún medio de prensa puede reclamar la libertad de difundir argumentos racistas.

En este momento, la actitud de los sectores de la oposición que hacen campaña contra esta Ley participa la tendencia de utilizar el racismo inserto en la sociedad para amasar apoyo. Promover el miedo al "racismo a la inversa" es nomás una manera alambicada de promover temores racistas...

La utilización del racismo como palanca política es reprensible y odiosa pues termina por fortalecer el racismo. Y ahoga el debate político racional pues alienta a la sociedad a que deje emerger una fétida lavaza de miedos a la perdida de privilegios injustos, de deseos de revancha o de angurrias de poder.

En esta coyuntura precisa, son los sectores de la oposición están utilizando esos miedos para dar valor a argumentos accesorios contra una Ley, que en lo principal, es buena. En otras coyunturas, ha sido el gobierno que ha utilizado el racismo para aglomerar bases o para provocar a sus opositores a tener reacciones reprensibles.

Como tanto el gobierno como la oposición han utilizado y utilizan el racismo como palanca política, ahora es necesario que esta Ley cumpla su cometido correctamente.

Es decir que si los actores políticos, tanto de la oposición como del gobierno, continúan utilizando el racismo como palanca política, los ciudadanos debemos tener la voluntad y la lucidez de reclamar que esta Ley los obligue a utilizar estrategias que apelen a la razón y no al odio y al miedo.

Como toda Ley, su correcta aplicación depende en última instancia de los ciudadanos.