martes, 23 de noviembre de 2010

Callar es lo mismo que mentir:

Juan Carlos Nuñez
juancanu@gmail.com

En su misión de pastor y afligido por lo que sucede con su pueblo, el Arzobispo de Cochabamba, Mons. Tito Solari, ha hecho una visita a regiones cocaleras en el Chapare para constatar que el microtráfico de drogas, a través de jóvenes, es una lamentable realidad.

¿Está haciendo algo el Estado boliviano y los dirigentes cocaleros para combatir este flagelo que nos puede destruir como país? No existe la respuesta a esta interpelación moral, pero la respuesta rápida que hubo fue una reacción desproporcionada contra quien devela una realidad.

Las amenazas vertidas y las distorsiones de la información proporcionada por Mons. Solari (porque ahora dicen que se refirió a niños) se quedan diminutas ante la denuncia ética. La preocupación central son las generaciones que se están convirtiendo en instrumentos y víctimas del narcotráfico; interpelación directa a dirigentes cocaleros y gobierno para responder no con la calumnia y la difamación, sino con acciones concretas y con explicaciones al país de lo que acontece en sus organizaciones y en sus regiones, expuestas al impacto que el narcotráfico está teniendo en sus familias. Hubiera sido deseable que la respuesta sea desde la dimensión humana y no desde el pasajero interés político. Es lamentable constatar que no hay renovación ni siquiera para hacer política. La vieja práctica de la difamación y las amenazas encubren hechos y realidades que en algún tiempo deberán ser explicadas: La misma historia les exigirá rendir cuentas.

Hay más de 10 millones de personas en el país frente a la responsabilidad de un pequeño grupo que hoy detenta el poder y de quienes dependen que no nos lleven a un callejón sin salida, como el que plantea el narcotráfico.

El narcotráfico no sólo destruye a quienes están directamente involucrados, dejan desastrosas secuelas en una sociedad y distorsiona los valores y principios de convivencia en una sociedad. Cualquiera que trabaja honradamente, que busca con el mayor de sus esfuerzos que sus hijos tengan una mejor vida, más digna y más humana, ve con asombro el enriquecimiento ilícito de personas que han pasado los límites de la convivencia y que de la noche a la mañana aparecen con camiones de alto tonelaje, o con lujosos y flamantes vehículos en estas regiones, que muestran que un trabajador que vive de su jornal o salario jamás podría alcanzar semejante bonanza.

¿Y dónde está la supuesta vanguardia del movimiento campesino, originario, indígena frente a esa nueva élite que dice acompañar los procesos de cambio?

La palabra de un Obispo pone el dedo en la llaga y resulta curioso que cause tanto dolor. En vez de la palabra fácil e irresponsable, al menos debería promoverse una investigación. No corresponde a un pastor de la Iglesia Católica hacer de fiscal investigador.

Mons. Solari tuvo la valentía de no callar, como lo han hecho muchos profetas en defensa de la vida y la justicia en el Continente. No es de valientes amedrentarlo, censurarlo o intentar acallarlo a través de la infamia y la mentira; o el propósito es sentar precedente para que nadie se atreva siquiera a denunciar lo que pasa en nuestro país.

Aquí el tema no es pedir explicaciones y aclaraciones al Obispo Católico, sino es emplazar al Gobierno a que aclare estos hechos y cumpla el mandato fundamental que la Constitución Política del Estado le exige: preservar la vida e integridad de sus ciudadanos y ciudadanas, y mas aún de sus jóvenes. No está en entredicho la valentía de quienes denuncian, sino la cobardía de quienes socapan estos hechos.

Como guía espiritual de su pueblo, Mons. Solari seguirá defendiendo los derechos de las personas. Solo recordar que este Obispo ha sido un ferviente defensor de los derechos de los que hoy lo injurian: los dirigentes cocaleros, y de varios personeros de Gobierno que lo conocen muy bien y por el acomodo hoy están difamándolo.

Será interesante reeler esta columna en algunos años, para verificar cuál era la verdad, pero ojalá que no sea demasiado tarde y que para entonces se haya hecho frente al narcotráfico que destruye conciencias, vidas y sociedades.