jueves, 9 de diciembre de 2010

Secretos a voces

Walter "Puka" Reyesvilla Méndez
aguadoble@yahoo.es

Fascinación. Tal es el estado de ánimo que me provoca la inforrea –término que me lo acabo de inventar para significar una incontenible evacuación de datos- padecida por el sitio Wikileaks, a mi juicio la mejor prueba de aquella expresión lúdica frecuentemente usada por mis mayores: el diablo no sabe para quién trabaja.

El Siglo XXI acaba de parir su primer auténtico antihéroe, el hacker Julian Assange, cuya cruzada publicatoria –que no publicitaria- probablemente se torne en contraproducente al propósito que supuestamente apuntaba, esto es la hipertransparencia, pues acabaría en el consenso glogal de la hiperseguridad.

Estuvo simpático, en términos de procurar adhesión, aquello de divulgar los abusos cometidos en Irak, los cuestionamientos de un grupo de científicos al catastrofismo generado por los activistas del calentamiento y otros tópicos de interés público.

(Hago un paréntesis para asistir al concierto de Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale)

Ya estoy de vuelta –¡Gran interpretación de "Cambalache"!; mañana lo leeré en la prensa-.

Y de pronto… Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada: Que Zapatero por aquí, que Putin por allá y que Berlusconi por más acá, para no mencionar, por el momento, la parte que nos toca en el baile. Montones de cables con apreciaciones propias o de terceros –esto es lo verdaderamente embarazoso del asunto- transmitidas por diplomáticos estadounidenses al Departamento de Estado, en la convicción de estarlo haciendo dentro de la confidencialidad del caso. Cómo sortear el entuerto no es problema nuestro, lo es, sí, de Hillary y compañía que aun no se recuperan de la vergüenza.

Para mí, el encanto de la cosa radica en el mismo mecanismo psicológico que opera cuando, por ejemplo, vamos al estadio a ver un partido: Lop hemos presenciado de principio a fin, nos quedan en la retina los pasajes memorables, escuchamos los comentarios de nuestros vecinos de butaca, llevamos, incluso, una radio para que nos cuente lo que estamos viendo y, terminado el encuentro, una vez en casa, estamos pendientes de que la televisión pase las imágenes, como si ello fuese necesario para corrobaorar lo que ya sabemos; es más, al día siguiente compramos el periódico para enterarnos de que la pelota es redonda. El valor agregado está en informarse de los detalles, las frases que soltaron los técnicos verbigratia. Hay en ello algo de morbo, a no dudarlo.

En lo que nos concierne, ¿acaso no se sabía lo del tumor nasal, lo de las tropas a Santa Cruz, lo de la tutela que Chávez ejerce sobre Bolivia o lo de la mano gubernamental en los hechos de Porvenir? Estamos en la cancha pero tenemos que ver y leer que lo estamos, y mejor si viene aderezado con sabrosuras como las de Estados Unidos rogando a Lula y Cristina interceder ante su par boliviano para atemperar su animosidad antiimperialista.

Haciendo abstracción de las alusiones personales, ¿no es ésta la verdadera revelación? O sea, ¿quéste la conspiración imperialista?. ¿quéste el plan de magnicidio?, ¿quéste la desestabilización? ¡pero qué imperio más chistoso!.

No vaya a ocurrir entonces que el Sr. Assange pase de ser considerado ídolo de la muchachada a ser tomado como "agente de la CIA", "cachorro del Imperio" o "racista confeso".

Si uno vive en la impostura y otro afana en su ambición, da lo mismo que sea cura, rey de bastos, caradura o polizón.