miércoles, 8 de diciembre de 2010

TIEMPO DE DEFINICIONES Y CONCERTACIÓN

Luis Fernando Ortiz Daza
lufo69@yahoo.com

Diciembre es el mes de las definiciones para el Gobierno Nacional en cuanto a leyes, que en el futuro servirán de marco para la aplicación del sistema socialista comunitario, entre las principales y que corren a marchas forzadas, están, la ley Avelino Siñani (Reforma Educativa), la ley de pensiones, la ley del trabajo y la ley de la madre tierra, ya sancionada por la asamblea legislativa plurinacional, además de la ley de pensiones.

Todas estas leyes que van a la construcción del Estado Plurinacional, lamentablemente, no contaron con la participación de la oposición y la participación social efectiva de las clases medias. La oposición, fragmentada y obligada a asumir un rol de espectador por la minoría con la que cuenta y por la falta de una adecuada interacción y voluntad para salir del esquema tradicional partidario, ha visto su accionar reducido a la mediatización y a la respuesta de acuerdo a la agenda de los medios de comunicación.

Así hemos visto en la prensa que declaraciones provocadoras y distractivas del oficialismo, siempre han tenido un eco desmesurado de los líderes, llámense asambleístas, que no han agarrado al toro por las astas, ora por incapacidad y fundamentalmente por la falta de un proyecto político que sea una alternativa real a la política de un gobierno soberbio que hace uso de la aplanadora y no permite siquiera el debate entre sus copartidarios.

Conceptos claros y otros contradictorios no han sido debatidos. La Constitución Política del Estado, esa Constitución pactada en un anterior parlamento es permanentemente violada. Los principios de la revolución democrática y cultural, están siendo avasallados por algunos intereses corporativos de algunos movimientos sociales y el paradigma de vivir bien, se está convirtiendo en la ley del buen vivir al estilo consumista y acumulador.

Quiérase o no el gobierno hace lo que quiere porque es mayoría, pero no respeta el principio democrático de los derechos de minorías que de buena fe hacen críticas y propuestas al gobierno y que no son escuchados por el simple estigma de haber sido parte de los gobiernos neoliberales, como si no hubieran en sus filas connotados neoliberales que hasta fungen de ministros. Como si no fuera cierto de que en sus filas hay "arrepentidos" y debidamente exculpados porque pasaron a filas del oficialismo. Es decir, que para ser parte de la construcción del nuevo modelo tienes que jurar militancia y sumisión.

Sería bueno que el oficialismo se nutra de las observaciones que se les hace y que no se condene como en el caso de Monseñor Tito Solari, que si se ve de buena fe hizo una observación a un fenómeno que preocupa como es el narcotráfico, que se quiera o no, y no sólo en El Chapare utiliza a los niños con fines delictivos, eso no es estigmatizar a los niños, ya que son obligados, contra su voluntad a hacer lo que algunos mayores les dicen.

Desde la oposición, también se debe ser equitativo y sería bueno que alguien se pronuncie contra los exabruptos del presidente de Aerosur, que al estilo del colonialismo arrastra el prejuicio de acusar latentemente a sectores tradicionalmente marginados de ser alcohólicos y faltos de capacidad cognitiva, es decir ignorantes y borrachos. Esto me recuerda las películas del viejo Oeste americano, donde los colonizadores justificaban su matanza matando a los sioux por los mismos motivos, enmascarando una realidad, que hoy y en el nuevo estado debería dejar de ser hasta un prejuicio.

Pero, ser inclusivo, también significa escuchar al otro, compartir criterios, concertar ideas para la construcción de un nuevo paradigma que nos permita realmente vivir bien, haciendo leyes objetivas y no abstractas que solo sirven para contentar a los sedientos de revancha, a aquellos que quieren ver presos a todos quienes disienten con su forma de pensar.

Y aquí viene lo de la justicia, que debe ser justa, no pensada en el beneficio político, una justicia democrática que debe partir de la elección directa de notables, no con la venia de los asambleístas nacionales y departamentales, debe haber una justicia que como poder independiente del estado, proponga la transformación de un Estado que si de verdad quiere ser inclusivo, excluya a quienes la ejercen como favor político y a órdenes del poder constituyente en manos del gobierno de turno.