sábado, 1 de enero de 2011

ABORTO TRATAMIENTO DE SHOCK

Armando Méndez Morales
amendezmo@yahoo.es

Ninguno de los anteriores diabólicos gobiernos neoliberales se hubiese animado a incrementar, en tal magnitud, los precios de la gasolina en 73% y del diesel en 83%, anunciada mediante Decreto 748, por el enorme rechazo social que esta determinación conlleva, por su inmediato efecto en la aceleración de la inflación y por su impacto negativamente gravitante en la agroindustria cruceña. El gobierno del Presidente Morales se animó, pero la noche de Año Nuevo dio marcha atrás confirmando que el descontento social se había descontrolado.

Desde el punto de vista económico no es recomendable seguir manteniendo precios congelados de los hidrocarburos para el consumo interno, en base a una subvención estatal creciente ya por cinco años, cuando en el mundo éstos han sufrido incrementos significativos. Aun más, el congelamiento del precio de un producto tan fundamental, como es el de la gasolina, no es compatible con un generalizado incremento de los demás precios de la economía. En el último quinquenio, los precios de los productos de la canasta familiar subieron en promedio en un 30 % y el costo de la construcción en un 80 %.

El congelamiento del precio de la gasolina y del diesel está falseando la verdadera tasa de inflación en la economía y toda la estructura de precios relativos. Se puede decir que, en estos cincos años, vivimos una inflación reprimida, que se estuvo liberando con la medida inicial tomada por el gobierno. Adicionalmente, los demás precios de la economía boliviana eran -y son- artificiales bajos debido a que están determinados sobre la base de precios también falsos de los hidrocarburos. La medida por tanto apuntalaba al "sinceramiento de los precios". Y sincerar precios es algo fundamental para una buena asignación de recursos que realizan los mercados y, de esta manera, aumentar la producción en el futuro mediato. Un precio valora tanto el grado de escasez de un bien como así también su grado de utilidad.

Las consecuencias económicas inmediatas de la medida tomada inicialmente por el gobierno, que fue de "shock", iban afectar dos áreas: inflación y producción. Se ingresó en un periodo turbulento donde los precios subirían de manera desordenada los que paulatinamente se podían estabilizar, dando lugar a una nueva estructura de precios relativos, siempre y cuando el gobierno lograse controlar la inflación, que se iba a convertir en el principal reto de política económica para el año 2011. En el área de producción, el "shock" de costos iba a ser enorme para toda actividad productiva donde los hidrocarburos sean importantes, como es el caso de la agroindustria cruceña. Este sector, de sopetón, iba a enfrentar una fuerte alza de costos que no podía trasladar a precios ya que los mismos están determinados por los mercados internacionales. En general, habría una contracción productiva el año 2011, que sería el costo económico del control de la inflación y de la "nivelación" de los precios de la gasolina y del diesel. La producción cae cuando los costos suben.

Una continua y creciente subvención que, según el mismo gobierno, alcanzó el año 2010 a 380 millones de dólares es mucho dinero. Para comprender mejor su magnitud habría que decir que con este monto se podría financiar el 60 por ciento de la obligación que tiene el Estado con los jubilados, y que hoy lo hace con deuda.